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El Gobierno descarta un financiamiento extranjero para la base militar en Tierra del Fuego

El Ejecutivo admite que habrá cooperación internacional, pero sostiene que la construcción del lugar será costeado íntegramente por Argentina.

El Gobierno nacional descartó recurrir a financiamiento extranjero, incluido el de Estados Unidos, para avanzar con la Base Naval Integrada de Tierra del Fuego, uno de los proyectos que Javier Milei volvió a poner en el centro de la agenda tras sus últimos anuncios vinculados con Malvinas. En la Casa Rosada aseguran que los recursos para concretar la obra deberán salir de las arcas nacionales.

La aclaración aparece en medio de las conversaciones que la administración argentina mantiene con el gobierno de Donald Trump en torno al proyecto. En Balcarce 50 admiten que una instalación de estas características requiere cooperación internacional en distintas áreas, pero trazan una línea clara: una cosa es la colaboración logística, tecnológica o estratégica y otra, muy distinta, que otro Estado aporte el dinero para construirla.

La base, en rigor, no nació con la actual gestión. El proyecto comenzó a tomar forma durante el gobierno de Alberto Fernández en 2022, aunque Milei decidió darle un nuevo impulso y prometió avanzar con las obras. El objetivo oficial es fortalecer la presencia argentina en el extremo sur, mejorar la capacidad logística de la Armada y consolidar a Ushuaia como un punto estratégico para las operaciones hacia la Antártida y el Atlántico Sur.

El gran interrogante pasa ahora por el costo. Dentro del Gobierno se manejan estimaciones que parten de alrededor de 300 millones de dólares, aunque existen cálculos que elevan considerablemente esa cifra. El desafío no es menor para una administración que mantiene el equilibrio fiscal como uno de sus principales compromisos políticos. Pese a eso, cerca del Presidente insisten: el financiamiento será “con fondos propios”.

Será el ministro de Defensa, Carlos Presti, quien tendrá la tarea de explicar públicamente cómo se piensa sostener económicamente el proyecto y cuáles serán las etapas previstas para su ejecución. La intención oficial es despejar, entre otras cuestiones, las especulaciones sobre una eventual participación financiera norteamericana, especialmente después del acercamiento entre ambos gobiernos en materia de defensa y seguridad.

Como referencia, el Ejecutivo observa la infraestructura que Chile posee en Punta Arenas, capaz de brindar servicios logísticos vinculados con la actividad antártica. La apuesta argentina es desarrollar en Ushuaia una plataforma de características similares e incluso de mayor alcance, aprovechando la ubicación privilegiada de Tierra del Fuego frente a las rutas marítimas que conectan con el continente blanco.

En la Casa Rosada saben, además, que aceptar dinero de una potencia extranjera para levantar una instalación militar en una zona sensible podría disparar cuestionamientos políticos sobre su control y sus objetivos. Por eso buscan despejar cualquier duda de antemano: habrá cooperación internacional, pero, según la posición que sostiene hoy el Gobierno, la base será argentina y se construirá con recursos argentinos.

Con información de Infobae

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