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"No se creó vida": qué hay detrás de la célula artificial capaz de reproducirse

La bióloga Natalia Bulnes explicó que el desarrollo emula funciones vitales y podría convertirse en una herramienta para la medicina y la biotecnología.

La creación de una estructura artificial capaz de crecer y reproducirse durante varias generaciones fue presentada por medios internacionales como un avance hacia la “vida artificial”. Sin embargo, la doctora en Biología Natalia Bulnes aclaró que no se trata de un organismo vivo, sino de un sistema diseñado para imitar algunas funciones básicas de una célula.

Se trata de SpudCell, creada por científicos de la Universidad de Minnesota y es un avance que fue ampliamente difundido por la prensa internacional por lo impactante del anuncio.

Bulnes, egresada y docente de la Universidad Nacional del Sur (UNS) e investigadora del CONICET, explicó en el programa Nunca es Tarde, de La Brújula 24, que el desarrollo se inscribe en el campo de la bioingeniería y tiene como objetivo construir sistemas bioquímicos que puedan utilizarse en futuras aplicaciones tecnológicas y médicas.

Aunque no es la primera célula sintética que se ha creado, SpudCell es la primera que ha logrado tener un ciclo de vida completo (desde su nacimiento hasta la división en células de la siguiente generación) tras haber sido creada “desde cero” usando sustancias químicas de laboratorio. Es una versión simplificada de la estructura de una célula viva, que revela los componentes genéticos y estructurales básicos necesarios para las funciones vitales.

“No estamos diciendo que estamos creando vida. Lo que están proporcionando, mediante una metáfora que utilizan los propios investigadores, es un chasis para el futuro, para poder usarlo en biotecnología. Las funciones que cumple se parecen a las que tenemos nosotros, pero la estructura con la que se producen no es la misma que tienen nuestras células”, dijo la científica.

La estructura cuenta con una membrana que contiene material genético y puede reproducirse, alimentarse bajo condiciones específicas y transmitir determinadas características a las siguientes generaciones. Los investigadores lograron mantenerla durante nueve generaciones.

A diferencia de las células animales, no posee núcleo ni las organelas que cumplen funciones específicas, como las mitocondrias. Su interior presenta una organización más simple y su reproducción depende de mecanismos tecnológicos y de una fuente de alimentación preparada especialmente.

“Con pedazos que conocemos, muchos de ellos inorgánicos, ensamblaron algo que logra parecer que está vivo”, resumió Bulnes. El desarrollo forma parte de una línea de investigación conocida como “célula mínima funcional sintética” y constituye uno de los modelos más complejos obtenidos hasta el momento.

La especialista señaló que estas investigaciones podrían utilizarse como plataforma para desarrollar vacunas, tratamientos y herramientas destinadas a mejorar la salud y extender la expectativa de vida. Como ejemplo, mencionó la rapidez con la que pudieron producirse vacunas contra el coronavirus a partir de tecnologías que ya se encontraban en estudio.

“Toda la fuerza y los recursos que se destinan a este tipo de investigaciones no van tanto por el lado de entender o crear la vida, sino de sostener una mejor calidad de vida para quienes estamos acá. En el momento de necesitar una respuesta rápida, hay herramientas biotecnológicas que pueden ayudarnos a mantener nuestra salud y nuestra longevidad”, dijo.

En relación con el desarrollo científico nacional, Bulnes afirmó que la Argentina cuenta con profesionales y grupos capaces de realizar investigaciones de alto nivel en áreas como biología, salud, energías alternativas y nanotecnología. Destacó el papel de las universidades públicas y del CONICET, aunque alertó sobre el impacto de la falta de recursos.

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