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Declara en Bahía "la segunda peritrucha" del Caso Facundo

La médica debe responder por su accionar. Está investigada en varias causas sospechada de integrar una red que impulsa falsas denuncias.

La médica Virginia Creimer, conocida como "la segunda peritrucha", deberá prestar hoy a las 10 en la sede de Fiscalía Federal (Alsina 317) su declaración indagatoria, en el marco del Caso Facundo, luego de que el juez federal Walter López Da Silva aceptara el pedido del Ministerio Público.

El fiscal Walter González Da Silva fue quien giró lo acontecido en el juicio oral de Marcos Herrero para que se investigue a Creimer. Consideró que no podía tomarle declaración como testigo por todo lo que estaba viendo. La creía cómplice. A esto se le suman sus delirios mediáticos, como afirmar -sin haber visto los restos- que el joven había sido sumergido en cal, también tuvo un accionar directo y, probablemente, doloso.

Su colega Santiago Ulpiano Martínez Martínez, se centró en un hecho particular: el hallazgo (casi un año después del fallecimiento del joven) de una minúscula piedra en el calabozo de la seccional de Origone, sitio en el que ya habían “encontrado” sangre, olores y la vaquita trucha. En ese lugar y en ese momento, Creimer se consagró como la colaboradora estelar de Herrero.

El episodio fue fellinesco. Como el modus operandi sindicaba, Herrero dijo que sus perros “marcaban” para que luego “apareciera” algo super incriminante.

Esta vez pasó algo curioso. Tras el señalamiento, el famoso adiestrador dio un paso al costado. Y le dejó el cierre del show a Creimer. ¿Habrá sido por sed de protagonismo de la médica o Herrero se aseguró de que alguno más se ensuciara?

Creimer metió -literalmente- los dedos en un colchón podrido y contaminado. Fue tras la insistencia de la querella, de realizar un tercer procedimiento en el mismo lugar, pese a la negativa de Gendarmería que ya había revisado el lugar en reiteradas oportunidades.

Así las cosas, “apareció” una nueva turmalina. Era un pequeño trozo de piedra, que la madre de Facundo “identificó” como la “turmalina de su hijo”. Lo mismo había sostenido Cristina Castro con el resto de los amuletos. (NdR: cabe recordar que un patrullero de Bahía la querella “encontró” una turmalina, que no formaba parte de la turmalina de Origone. De esta manera, según la delirante teoría, el chico llevaba tres amuletos diferentes que habían sido esparcidos en distintos sitios).

La segunda turmalina era encontrada en el mismo calabozo donde 8 meses antes, el propio Herrero había detectado la Vaquita. Por supuesto, huelga decir que era imposible que ese objeto estuviera allí ni que pudiera ser detectada. Nunca hubo material genético del joven en esos objetos. Es más, si hubiesen sido elementos de prueba de interés, los propios peritos de la querella lo hubiesen arruinado por su forma tosca de manipularlos. La última turmalina fue lavada debajo de una canilla por la propia Creimer.

Habrá que estar atentos a las explicaciones de la médica, que viajó a Bahía para declarar en los tribunales federales. La indagatoria por el Caso Facundo podría ser la primera de varias, ya que se acumulan causas en su contra en otros juzgados.

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