De Ayer a Hoy
Andrea Guerras, la trama detrás de la voz que impulsó a las FM en Bahía
Locutora y dueña de un estilo único, explicó cómo manejó su elevada popularidad. “Soy una mujer con convicciones, que sentó precedentes en un ambiente en el que predominaban los varones”, exclamó.
Por Leandro Grecco
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Andrea Guerras reconstruyó en La Brújula 24 su historia personal y profesional, marcada por la radio y la televisión, sumado a la formación permanente y una muy fuerte presencia en la opinión pública de Bahía Blanca.
En su testimonio para la sección “De Ayer A Hoy”, la protagonista del artículo recordó su infancia, su formación académica, el inicio de su meteórica carrera en los medios y los cambios que atravesó la comunicación en las últimas décadas, a los cuales se adaptó.

“Nací en Bahía Blanca, más precisamente en el Hospital Español, pero viví mis primeros 12 años en Puerto Belgrano porque mi papá (Segundo) era militar. Mi mamá (Amelia) era ama de casa y tengo un hermano Sebastián, tres años menor”, relató al repasar sus primeros años. La vida familiar estuvo atravesada por la carrera militar de su padre, lo que llevó a la familia a radicarse durante la infancia en la Base Naval.
Su infancia comenzó en distintos establecimientos de la ciudad. “Fui al Jardín de Infantes del Colegio Estrada, cursé la primaria en la Escuela N° 17 y la secundaria la hice en el Goyena, cuando ya nos instalamos definitivamente en esta ciudad”, recordó. La decisión familiar de mudarse de manera permanente a Bahía Blanca estuvo vinculada a la posibilidad de continuar su formación.
“Nos trasladamos porque mi padre quería que tuviéramos la posibilidad de realizar estudios universitarios y coincidió con el momento en el que le llegó el retiro de su profesión. Había adquirido una vivienda en Bahía y la mudanza casi coincidió con el momento de la Guerra de Malvinas, él era reservista y estuvo a punto de que lo enviaran a las Islas”, contó.

Lejos de vivir ese cambio como ruptura, Guerras recuerda la adaptación con naturalidad. “No me costó el desarraigo, eran tiempos de la sociedad en los que una podía moverse sola. Lo primero que hizo mi madre fue inscribirnos a mi hermano y a mí en La Cultura Inglesa para continuar con el proceso que traíamos de los años en la Base”.
Durante ese tiempo comenzó a consolidarse un vínculo fuerte con el estudio y con el mundo cultural de la ciudad. “Particularmente iba a la Biblioteca Rivadavia para hacer los deberes o repasar los libros de consulta porque no se estilaba comprar toda la bibliografía, además de estudiar danzas y teatro”, recordó.
La formación y el contacto con los espacios culturales también marcaron su adolescencia. “Fui parte de la Comedia del Sur, también aprendí a dibujar, el arte ya se había apoderado de mí en la adolescencia porque mi mamá me acompañaba a las distintas muestras que se hacían en los museos”.

Uno de los momentos que marcaron su vocación estuvo vinculado al cine y a la voz de un bahiense. “Comencé a definir mi futuro con la aparición de la película La República Perdida, con la locución de Juan Carlos Beltrán, que se estrenó a finales de 1983, la cual fui a ver con mi papá y debo reconocer que aquel episodio me marcó a fuego”.
Ese impacto despertó un interés más amplio. “No solo empezó a gustarme todo aquello que estaba vinculado con la política, lo humano y lo social, a eso se le sumó el legado que iban dejando en mí los grandes profesores que fui teniendo”.
Entre ellos recordó especialmente a un puñado de docentes que influyeron en su formación. “Una de ellas fue Cristina Pieroni, de Historia, que me hacía imaginar el mundo griego, a punto tal que cuando la vida me dio la oportunidad de poder visitarlo, sentía que ya había estado ahí”.

Otra experiencia decisiva ocurrió en el ámbito escolar, cuando comenzó a hablar en público. “En segundo año de la secundaria, Carlos Baeza, otro gran profesor que se cruzó en mi camino, me preguntó si me animaba a leer en voz alta en un acto escolar que él tenía que organizar. Era algo que estaba deseando con todo mi ser y, a partir de entonces, tuve a cargo todo acontecimiento patrio que se llevaba a cabo en el colegio”.
Ese paso fue el inicio de un camino que luego se consolidaría con la formación profesional. “Estudié la carrera de Locución en el ISER y, casi en paralelo, comencé a trabajar. Eran años en los que la labor periodística y la del locutor comercial estaban bien diferenciadas, muy delimitadas, conviviendo sin invadir el ámbito de la otra”.
Para completar la totalidad de la carrera debía viajar regularmente a la Capital Federal. “Iba a Buenos Aires para rendir los exámenes porque en aquel entonces todavía no estaba la posibilidad de cursar en el Juan XXIII, como sucedió meses después”.

A lo largo de su trayectoria continuó sumando estudios vinculados a la comunicación. “No me quedé quieta, seguí estudiando, hice cursos, capacitaciones, desde una tecnicatura superior en Ceremonial y Protocolo hasta lo más reciente, la diplomatura en Neurociencias”.
No obstante, sus primeros pasos en los medios coincidieron con un momento de cambio en la radio local. “Mi voz llamaba mucho la atención, estaba en todos los medios de comunicación, era convocada por distintos estudios”.
La transformación tecnológica de las radios también marcó ese período. “Es que las FM compraban en Buenos Aires todo lo que se llama enlatado, algo ya elaborado, pero en el momento que se da mi irrupción coincide con la etapa en la que lentamente se quebró esa tendencia”.

Los primeros trabajos incluyeron a distintas empresas destacadas dentro del rubro en la ciudad. “Empecé grabando para TV Cable y LU3, hasta que surgió la posibilidad de LU2, en el preciso momento en el que lanza la señal de FM 2”.
Ese momento marcó un punto de inflexión en su carrera. “Fue una experiencia impactante que cambió mi vida de un día para el otro y me fueron preparando semanas antes para lo que fue un lanzamiento a todas luces, cuando solo había cinco radios en la ciudad, allá por 1993”.
La apertura de esa emisora quedó ligada a un episodio personal importante. “El 10 de enero me convertí en mamá por primera vez y el 6 de septiembre de ese mismo año me tocó ser la primera que abrió la transmisión porque tenía el turno de la mañana”.

La radio en vivo en frecuencia modulada era entonces una novedad para muchos oyentes. “Fue muy fuerte porque el oyente no estaba acostumbrado en frecuencia modulada a una persona que les hablara en vivo. No existía prácticamente la interacción, llegamos para romper el molde”.
Ese nuevo vínculo con la audiencia se construía día a día. “Se generaba una especie de complicidad con el que estaba del otro lado, informábamos la temperatura, la hora y hasta empezábamos a complacer los pedidos de los temas musicales”.
También fue una etapa muy marcada por los cambios tecnológicos dentro de las emisoras. “Además, viví el final del cassette que solo se usaba cuando un oyente nos grababa un saludo por el CD, tuve que aprender operación técnica, hubo que adaptarse a todos los cambios y no fue nada fácil”.

Entre sus primeras entrevistas recordó puntualmente una con un artista reconocido. “Fue en la radio, con Alejandro Lerner que estaba atravesando un altísimo índice de popularidad. Se trató de una nota que se grabó y emitió prácticamente íntegra posteriormente en Canal 9”.
El crecimiento profesional llegó acompañado de una mayor exposición pública. “Todo esto se dio cuando tenía apenas 23 años, las emociones eran demasiado fuertes para una chica de mi edad, empezar a ser una persona sumamente conocida en la ciudad”.
El contacto con la audiencia era constante. “Te regalaban flores, peluches, te dejaban cartas para que las leyeras en el aire”. Esta inesperada condición también le abrió nuevas oportunidades laborales. “Me permitió también empezar a ser contratada para conducción de eventos”.

Durante varios años combinó distintos trabajos en medios y eventos. “Estaba de lunes a sábado a la mañana en la FM, ese día a la tarde en LU2, sumado al cable y los domingos siempre me surgía alguna contratación particular para llevar mi voz a algún determinado lugar”.
Para Guerras, el trabajo en los medios siempre estuvo ligado a una vocación personal. “Nunca lo tomé como un trabajo, fue la posibilidad de hacer lo que me gustaba, con público si era en un auditorio o con la magia de una emisora donde imaginás al que está del otro lado”.
También recuerda algunas particularidades de la radio de aquella época. “Soy del tiempo en el que muchos de los que me adoraban, también por dentro me ‘insultaban’, porque hablaba arriba de las canciones que querían grabar en sus cassettes vírgenes (risas), pero era una orden que nos bajaban los directores por pedido de las discográficas”.

La maternidad también implicó desafíos en su rutina laboral. “Criar a mi primera hija fue todo un desafío, mi mamá fue mi gran aliada”. En ese período logró acordar una dinámica particular con la emisora. “Logré que me autoricen a salir de mi turno matutino para darle la leche materna, algo que luego sentó un precedente”.
La organización diaria era precisa. “Entre las 8:30 y las 8:45 grababa lo que iba a salir al aire de 9 a 10 y en ese lapso me iba a mi casa a darle el pecho”. Dicho esquema se sostuvo durante un largo tiempo. “Fueron casi dos años haciendo la misma rutina, vivía a cinco cuadras, valía la pena hacerlo y esto le abrió la puerta a otras locutoras que tuvieron que pasar por lo mismo”.
Su vida personal también se vinculó con la radio. “Con mi esposo, el periodista Rubén (Baltián) y padre de nuestras hijas Florencia y Victoria, nos conocimos trabajando”. Ambos compartieron proyectos profesionales. “Hacíamos la conducción de un programa que se llamaba Caminos de Radio, con el cual viajamos mucho a la región”.

Sobre esa relación expresó: “Me enamoré de él perdidamente, lo admiro, es un hombre hermoso, sumamente inteligente, sabe de todo y lo considero otro de mis maestros en la profesión”. El acompañamiento fue clave en su desarrollo. “Me ayudó a transitar mi paso por los medios con su manera tan contenedora, en un ambiente en el que predominaban los varones”.
El contexto implicó situaciones complejas. “Soy una mujer firme en mis convicciones, con carácter, lo que me puso ante situaciones difíciles”. En algunos casos decidió alejarse de ciertos ámbitos laborales. “Cuando algo no me gustaba, seguía mi camino por otro lado sin pensarlo dos veces”.
También reflexionó sobre las diferencias entre los medios del interior y los de la capital. “En ocasiones nos miramos en el espejo con lo que sucede en Capital Federal y notamos que todavía se está lejos”. La estructura suele ser diferente. “Allá hay mucha gente trabajando en producción, otros que colaboran detrás de escena para que todo salga bien”.

En las radios del interior, explicó, muchas tareas se concentran en una sola persona. “Acá tenés que encargarte virtualmente de todo, desde buscar el contenido, hasta producir, salir a vender y cobrarle al cliente que auspicia, son muchos trabajos en uno”.
En la pandemia retomó con intensidad su formación académica. “Aproveché para cumplir con mi sueño de obtener un título universitario”. Ese proceso incluyó nuevos desafíos. “Apareció la Licenciatura en Política y Gestión Pública, adquirí una gimnasia más moderna vinculada con las nuevas formas de estudio”.
El regreso a la vida académica también implicó adaptarse a las evaluaciones. “Debí volver a habituarme a rendir parciales o finales”. Sin embargo, reconoció que algunos formatos le resultaban más familiares. “Lo que más disfrutaba, por razones obvias, eran los exámenes orales donde me desenvolví muy bien”.

Actualmente también desarrolla otras tareas vinculadas a la formación. “Estoy dando clases de oratoria, donde se le presta atención especial al uso de muletillas, la forma en que uno se mueve, tanto al lenguaje verbal como al no verbal para que lo que se dice sea lo más natural posible”.
Para Guerras, los cambios tecnológicos modificaron las herramientas pero no el núcleo del trabajo comunicacional. “Si bien muchas cosas han cambiado, en el fondo no son tan distintas”. Las nuevas plataformas, considera, se integran al conocimiento almacenado. “Es algo que se puede ver, donde con la base que uno trae del aprendizaje previo, todo se convierte en algo mucho más sencillo”.
El oficio le permitió combinar distintas pasiones, una de ellas la de viajar, lo que le valió no solamente múltiples nominaciones al Premio Martín Fierro en radio y TV y el Broadcasting, sino también haber ganado el Caduceo, en una de las dos oportunidades, allá por 1994 como la Mejor Voz de la provincia de Buenos Aires. También se dio el gusto de tener una audiencia con el Papa Francisco en el Vaticano en 2015. Mientras tanto, quienes han disfrutado de su palabra justa con una voz privilegiada, esperan volver a escucharla pronto.
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