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El fruto seco que es furor en el mundo y genera oportunidades en Argentina
La fiebre por el pistacho hizo que muchas empresas vieran una oportunidad a largo plazo para invertir, considerando la alta demanda proyectada para los próximos años.
En los últimos meses, el pistacho se convirtió en un protagonista indiscutido dentro del mundo de la gastronomía, que comenzó a utilizarse como ingrediente en varios productos, sobre todo golosinas y postres.
Este “boom” nació de una combinación de factores, entre los que resalta la viralización en redes sociales. En este contexto, la Argentina tiene la posibilidad de posicionarse como un nuevo polo de producción aprovechando sus condiciones climáticas, del suelo y una ventana productiva que permite abastecer al mundo cuando el hemisferio norte no puede hacerlo.
A nivel local, el furor por el pistacho se reflejó en una oleada de lanzamientos de alfajores, helados, bombones, trufas y, sobre todo, versiones locales del famoso chocolate Dubái y el alfajor Dubai, con chocolate amargo y corazón de pistacho.
Un informe realizado por AgroFides destacó que el consumo mundial de pistachos crece de manera sostenida, impulsado por la expansión de nuevos mercados en Asia, Europa y América Latina. Aun así, la producción global continúa concentrada en unos pocos países del hemisferio norte, donde las limitaciones de superficie, agua y clima frenan la posibilidad de ampliar la oferta.
Según proyecciones a 2040 elaboradas por el USDA, el International Nut Council (INC) y la FAO, se espera una brecha estructural superior a las 250.000 toneladas entre la demanda y la producción mundial de pistacho.
Esta diferencia, que se mantendría en el tiempo, abre una oportunidad para el desarrollo de nuevos polos productivos en el hemisferio sur —con la Argentina a la cabeza—, donde la producción contraestacional permite abastecer a los mercados globales en los períodos de menor disponibilidad.
Por ahora, la producción mundial continúa fuertemente concentrada en países tales como Estados Unidos, Irán y Turquía. Pero estas regiones enfrentan hoy limitaciones: disponibilidad de agua, superficie productiva saturada y restricciones climáticas que dificultan ampliar la oferta.
La Argentina, en cambio, cuenta con condiciones agroclimáticas óptimas para el pistacho, especialmente en regiones semiáridas como San Juan, donde la combinación de suelos fértiles, radiación solar y baja humedad reduce riesgos productivos y permite obtener un fruto de alta calidad.
De acuerdo con datos del INTA, en los últimos 5 años, el cultivo del pistachero experimentó un crecimiento exponencial y aumentó más de un 500% las hectáreas cultivadas, sólo en la zona núcleo (Sur de San Juan-Norte de Mendoza).
Según el último Censo Nacional Agropecuario (2018), San Juan se constituye como la principal provincia productora a nivel nacional, con 6.500 hectáreas que representa aproximadamente el 90% de la superficie cultivada en la Argentina. En segundo lugar, se encuentra Mendoza, con alrededor de 770 hectáreas cultivadas. Más atrás están las provincias de La Rioja (100 ha) y La Pampa (55 ha). A la fecha, su expansión ha franqueado límites interprovinciales, registrándose experiencias o intenciones de iniciar nuevos cultivos en distintas zonas de las provincias de Catamarca, La Rioja, La Pampa, San Luis, Neuquén y Río Negro, según la información oficial.
Un nuevo proyecto presentado por AgroFides, denominado La Memita – Fase II, propone escalar esa oportunidad que tiene la Argentina y abrir la puerta a inversores que buscan participar del mercado de pistacho.
El proyecto se desarrolla en San Juan y avanza ahora hacia su segunda etapa, incorporando 100 hectáreas productivas bajo un esquema de desarrollo profesionalizado.
Cada unidad productiva cuenta con:
- Riego por goteo, reservorio y perforaciones
- Derechos de agua de turno y conexión a energía de red y solar
- Infraestructura operativa completa: galpón, vivienda, maquinaria y herramientas
- Plantación a 6x4, con aproximadamente 41.600 plantas en total
- Gestión 100% administrada por AgroFides, desde la plantación hasta la venta de la producción
El modelo está diseñado para maximizar eficiencia, trazabilidad y rendimiento, reduciendo riesgos y optimizando costos.
Esto permite invertir por el equivalente a una hectárea, con un esquema definido:
- Aporte inicial: USD 30.000
- Aportes anuales (7 años): USD 6.000
- Inversión total por hectárea: USD 72.000
- Horizonte: 7 años
- Retorno estimado: entre 14% y 20% anual en dólares
El instrumento utilizado es un fideicomiso, que otorga participación directa y proporcional en los activos productivos: tierra, árboles, infraestructura y la producción futura. Esto permite acceder desde una hectárea hasta las 100 que conforman la fase actual del proyecto.
Fuente: Infobae
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