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Nacido en Bahía: cómo fue el primer encuentro entre el nieto 140 y su hermana

"Ahora ya sé dónde está", dijo Adriana Metz sobre su hermano que nació en La Escuelita en 1977.

Adriana Metz buscó incansablemente a su hermano y este lunes, entre risas y lágrimas, relató cómo fue su primer encuentro. Se trata del nieto 140 que recupera su identidad y que nació en 1977 en el centro clandestino de detención conocido como "La Escuelita", anunció Abuelas de Plaza de Mayo,

“Mi hermano me contó que había sido criado como hijo único y que no tenía familia. Entonces, cuando me dice eso, yo le respondo: "Ey, acá estoy yo. Y él me contesta: Sí, ya sé, boluda". Eso, me parece, resume bastante bien cómo fue nuestro primer encuentro”, relató Adriana Metz sobre la primera charla.

La emoción también atravesó a su hijo, Luca, que notó un detalle que Adriana no había registrado. “Me dijo que hablaba distinto cuando estaba con él. Claro, cuando yo hablo de mi mamá sin mi hermano, es mi mamá. Pero estando mi hermano presente hablo de mamá y papá. Y eso lo pensé, pero no fue forzado, porque siempre estuve pensando en que tenía un hermano”, contó.

Durante años le preguntaron qué le diría si lo encontrara. “Yo decía: ¿qué le voy a decir? ¿Cómo puedo saber qué decirle, si no sé dónde está? Bueno… ahora ya sé dónde está. Me dio más información, pero sepan entender que mucho no pude retener después de que me dijo ‘ya sé, boluda’. Tengo su teléfono, lo agendé con su nombre y apellido: Metz Romero. Y de acá en más, todo es ganado para la familia Romero, pero también para la sociedad. Porque cada nieto y nieta que recupera su identidad nos ilumina un poco más, como decía el comunicado”.

Sobre cómo se gestó este encuentro, Adriana explicó: “Nos comunicamos con él para decirle que estaba la posibilidad de que fuera hijo de desaparecidos. Ante la información que le fue dando CONADI, se le preguntó si accedía a hacerse la extracción y comparación de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos. Él aceptó. Desde que la muestra entró hasta hoy, tuvo su tiempo para pensarlo. Esto lo llevó a entrar en la página de Abuelas, fijarse los grupos familiares y hubo un dato que lo hizo pensar que podía ser nuestro. Se imaginó que podía dar positivo, pero no dijo nada porque no quería ilusionar… y menos ilusionarse él”.

Adriana cerró con palabras que su abuela Elisa repetía: “La sangre llama, aunque ella no sabía lo que era el ADN. Y también decía que la esperanza es lo último que se pierde. A veces me daba miedo pensar que por ahí no llegó a los 5 años, por ahí no llegó a los 30 años, pero bueno, ya cumplió 48 años”.

Fuente: Página 12

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