WhatsApp de Publicidad
Seguinos

INFORME ESPECIAL

Héroes anónimos visitan a quienes tienen al cielo como único techo

Distintas agrupaciones recorren la ciudad para acercar un plato de comida. El vínculo que generan con personas en situación de calle. Una nota sobre la realidad que varios eligen no ver.

Por Leandro Grecco
[email protected] – Instagram: @leandro.grecco – Twitter: @leandrogrecco

Cientos de familias viven en condiciones precarias en Bahía Blanca, datos que aún se aguardan por parte del Indec para establecer fehacientemente el dramático contexto que azota a vecinos que se codean a diario con la indigencia, en gran parte de los casos por un sistema viciado de falta de oportunidades.

Muchos de ellos ni siquiera cuentan con una edificación que los proteja de las frías noches de invierno, una realidad a la que la ciudad no escapa, pero que se generaliza incluso en distintas partes del mundo. No obstante, lo endeble del contexto socio-económico del país, potencia esa precariedad.

Pese a que desde el Estado se articulan dinámicas para mitigar el impacto, existe una mano casi invisible que en silencio tienden vecinos comprometidos con el sufrimiento del otro. Gente que abandona la comodidad de su hogar para entregar tiempo y esmero, cubriendo aquella demanda que las autoridades no satisfacen.

La Brújula 24 conversó con referentes de dos agrupaciones, pero existen algunas más. En nombre de todas ellas, expusieron la labor que desarrollan, para la mayoría de la comunidad desconocidas y hasta en cierto punto ninguneadas. Visibilizarlas es parte del deber de un medio de comunicación.

Lautaro Cardozo fue el primero en prestarse a la entrevista, aclarando que el perfil bajo es parte del lema que los convoca, sin estridencias, lejos de los bombos y platillos, porque cuando de solidaridad se trata, esos son valores inquebrantables: “El grupo Callejeando está conformado principalmente por la Comunidad Educativa del Colegio Claret y miembros de la Parroquia Corazón de María”.

“Nacimos en el año 2016 por iniciativa de padres, profesores, de la Representante Legal y del Párroco Padre Panchi. Surgimos para dar respuesta a las necesidades de quienes viviendo en situación de calle, no tuvieran asistencia, saliendo a su encuentro, con una vianda caliente”, explicó Cardozo, en su conversación con este diario digital.

En el inicio, articularon las salidas para optimizar los recursos disponibles: “Como sabíamos que otros grupos de la ciudad ya lo estaban  haciendo, nos coordinamos con ellos para encargarnos de los días jueves, utilizando los datos censales de las otras parroquias y grupos buscando completar la asistencia semanal de las personas con alta vulnerabilidad social”.

Luego, determinó una cifra que causa escalofríos: “Actualmente visitamos a un total de 166 personas, entre adultos y menores. Son 45 familias de diferentes puntos de la ciudad”.

“Habitualmente cocinamos en la sede de la Parroquia, en calle Zelarrayán al 741, pero desde el año 2020, ante la contingencia que nos planteó el Covid y ante la sostenida necesidad de quienes nos siguen esperando, decidimos en algunas oportunidades elaborar las viandas en diferentes hogares de miembros del grupo, con el fin de mantener estas salidas sabiendo que esa ayuda es aún más necesaria”, agregó.

Cada uno de los que integra “Callejeando” tiene un lema en común: “Todo esto lo hemos asumido con la responsabilidad y las medidas de seguridad que la situación ha requerido. Por esto, en la actualidad continuamos preparando en la Parroquia las bolsas de alimentos y cocinamos, principalmente en nuestras casas particulares las viandas”.

“Salimos alrededor de las 19 a repartir las bandejas, las bolsas de productos y cualquier otro elemento de necesidad que vayamos detectando sabiendo que en realidad son una excusa para generar el vínculo, un medio para transmitir a los hermanos desamparados y desprotegidos, que no están solos”, describió, con la nobleza de quien pone por encima la solidaridad.

Cada semana es un nuevo desafío: “Son muchos nuestros amigos que nos reciben en la puerta de sus casas y esperan semana a semana con una sonrisa, una mirada, un gesto afectuoso. El número de familias a asistir se ha incrementado como así también el número de aquellos que aportan sus donaciones para que esto siga en pie pero no alcanzamos a cubrir lo que necesitamos”.

“El trabajo colaborativo, en red y en grupos de tareas como cocina, donación y distribución es lo que nos está permitiendo seguir adelante, apoyándonos mutuamente”, concluyó Cardozo, agradeciendo a todos los que componen el equipo que integra.

La Parroquia San Luis Gonzaga también cuenta con una agrupación, en su mayoría compuesta por jóvenes, que toma la posta para transformar en una mueca de sonrisa el rostro de tantos que no logran sostenerse por sí solos, una deuda eterna que, acompañada por índices de inflación como el actual, se convierte en un combo explosivo y doloroso.

“El servicio de los miércoles trabaja ininterrumpidamente desde el 2001. Hoy participan unos 40 integrantes que semanalmente preparan las viandas de arroz. Funciona merced a todas las donaciones que hacen personas y grupos desinteresadamente”, resumió Lucía Banchieri, al ser contactada por este cronista.

Sobre los momentos del año más críticos, diferenció: “Las demandas tienen a crecer a partir de los primeros fríos manteniéndose con esa tendencia hasta las fiestas. Luego disminuye y retoma el ciclo”.

“Con el pasar de los años se ha aumentado la cantidad de viandas que se distribuyen pero con límites en las posibilidades de preparación y distribución que conlleva superar ciertas cantidades”, reconoció, con un dejo de resignación.

Durante casi dos años, el desafío fue aún mayor: “En la pandemia apostamos a sostener el servicio respetando todas las medidas y protocolos. Modificamos estrategias en la preparación y en el reparto, asesorándonos con diversos profesionales y trabajando en red a partir de la Mesa organizada por la Arquidiócesis de Bahía Blanca”.

“Seguimos saliendo siempre agrupándonos en burbujas, respetando los horarios de circulación y la cantidad de personas en la cocina. Se implementaron todas las medidas de protección: tapabocas, distancia social, alcohol, entre otras medidas para cuidarnos entre todos”, reveló Banchieri en esa misma dirección.

La tarea obligó a redoblar esfuerzos para que nadie se quede sin su ayuda: “Se reforzó con bolsones de alimentos y productos de limpieza/aseo personal y se coordinó con la policía las salidas para que fueran autorizados”.

“En la cocina, las personas mayores y con factores de riesgo, dejaron de concurrir a la Parroquia, encargándose de la preparación de las verduras en sus casas para disminuir el tiempo compartido en la cocción”, sostuvo, determinando una estrategia para que todos se sientan útiles y optimizando los recursos (escasos) disponibles.

En paralelo, aclaró que “no necesariamente el invierno trae un aumento de pedidos de porciones sino que sigue la tendencia que mencionáramos antes. Por otro lado, el guiso de arroz es una comida típica de invierno. En los últimos años hemos hecho el proceso inverso: buscar una alternativa más fresca en verano”.

“En lo que respecta a ayuda suplementaria en invierno, se prevé anualmente dar una frazada por familia mas allá de la vianda. El pedido de calzado es otra cuestión que también suele incrementarse en esta época”, finalizó, agradecida por el espacio que se les brinda para dar a conocer la loable cruzada.

No hacen campañas, pero si alguien quiere colaborar los reciben con los brazos abiertos. No tienen intenciones de hacer una carrera política, pero siempre están dispuestos a recibir a aquellos que puedan ofrecerles una idea. Todos tienen su vida, pero se hacen su tiempo para encontrarse semanalmente con quienes les devuelven una sonrisa, siempre acompañada del “gracias”. Nada más reconfortante, no hay dinero que pueda comprarlo.

Lo más leído