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Por Leonardo Valente

La importancia de un tercer bloque

Por Leonardo Valente, economista

Los referentes de la política local viven por estas horas el momento probablemente más pleno de su agenda: el cierre de listas. A lo largo de un par de meses, los dueños de las lapiceras -cinco o seis personas que a pesar de militar en sectores aparentemente antagónicos son ex compañeros de ruta e incluso amigos en la intimidad del poder- decidirán a quiénes premiar con los primeros 5 o 6 cargos que encabezarán las listas locales, y otros tantos en la expectativa de ingresar por la vía de las suplencias. Digo premiar, porque será un empleo sin riesgos ni mayor presión de la sociedad el que podrán ejercer durante los próximos cuatro años, con una remuneración  sensiblemente superior al salario promedio -ni hablar que una jubilación mínima- como recompensa por al ejercicio sostenido de la lealtad, la función de fusible de un cargo superior, viejas amistades  e incluso consanguineidad.

Este reparto casi exacto de cargos entre las dos fuerzas principales no hace más que mantener un grave déficit de la democracia en nuestra ciudad: la perdida de la política. El equilibrio perfecto, o peor aún, las mayorías automáticas no hacen sino bajar sistemáticamente la calidad del legislativo local, dónde cada bloque se limita a acercar las ideas que les autorizan y a oponerse a las que propone su contrario -con alguna que otra excepción- lo que se ve claramente reflejado en la pauperización de su agenda, en una ciudad en la que la mayoría de los vecinos difícilmente pueda recordar más que el nombre de un par de concejales.

Sin embargo, una elección legislativa como la que se aproxima brinda una oportunidad excepcional de modificar esta situación  perversa: sin la necesidad de privilegiar a un candidato del ejecutivo (o evitar que sea intendente quien no me cae bien) por sobre la decisión de quienes ingresarán al concejo, y sabiendo que los primeros lugares serán ocupados merced al “voto fiel” y de cualquier manera por quienes veremos sentados ante micrófonos e inauguraciones durante la campaña, los Bahienses tenemos la oportunidad de mejorar significativamente la calidad institucional del cuerpo que en teoría debe escucharnos y ejercer nuestra representación.

No están tan lejos los tiempos en los que la variedad de fuerzas, que incluía partidos nacionales y fuerzas vecinales permitía el debate, la negociación de proyectos y el contralor, en definitiva los frutos de la política bien entendida y a favor del desarrollo de la ciudad. Y mientras que bajo las listas sábanas se esconde un verdadero caballo de Troya, en la forma de candidatos que sin esfuerzo ni explicaciones podrían llegar a un cargo con la única obligación de votar una moción cuando se le indique, un conjunto de fuerzas emergentes en la ciudad propone ideas frescas, a lo ancho de todo el espectro ideológico, o incluso más allá de él, para poder renovar a un espacio que sufre una grave y extendida parálisis.

A lo largo de esta campaña electoral que está a punto de iniciarse, y sin dejar de coincidir en que son muchos los problemas cotidianos como para andar perdiendo tiempo en las comidillas de la política, les propongo reflexionar en quiénes son realmente los que estarán peleando por ingresar al concejo deliberante, más allá de las cabezas de lista, y usar un voto que en esta ocasión es mucho más valioso para dar lugar a un legislativo más diverso y comprometido con los vecinos antes que con quienes usaron una lapicera para decidir la identidad de los que deben levantar la mano -o dejar de hacerlo- en su nombre. Averigüe, pregunte y conozca las propuestas que las distintas fuerzas emergentes tratarán de presentar, a veces con muchos menos recursos y sin las cajas de la política. Podría llegar a sorprenderse, y nuestra ciudad retomar el sendero de una representación virtuosa.


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