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Racing venció a Tigre y gritó campeón

Mar del Plata fue un océano de fiesta es esas tribunas que deliraban. Racing hizo historia. Una historia escrita por los mismos jugadores que se coronaron en la Superliga anterior. Racing, aquel equipo que durante muchos años miraba como utopía ganar un título, se abrazó al segundo en un mismo año. Dos estrellas en este 2019 que se convirtió en inolvidable. Para olvidar, sí, los últimos partidos malos de la Superliga actual. No fue mucho más en el juego el equipo que en esos compromisos, pero lo más importante para la Academia era ganar el Trofeo de Campeones. Y también hizo historia Eduardo Coudet, por supuesto, el primer entrenador de la Academia en conquistar dos trofeos después de 52 años. Una despedida a lo grande del club al que le dejó una huella indeleble.

Como para no perder la costumbre de los últimos partidos, Chacho tuvo momentos de tensión. Se le ponía la bufanda (su cábala) de punta cada vez que el equipo caía en imprecisiones y le cedía la pelota a Tigre. Pero cuando no funcionaba lo colectivo, cuando faltaban fluidez e inventiva, aparecieron las individualidades. Las mismas de la gran fórmula de la noche. Cristaldo, Montoya y Rojas, el tridente imparable que se encontró por duplicado en jugadas coronadas por el paraguayo. Justamente, uno de los que más cuestionado venía siendo, junto a Montoya. Todo redondo.

Hubo tiempo de zozobras que superó Racing. Como ese cabezazo a quemarropa que Arias le tapó a Luna o el remate que rozó de Prediger previo a que diera en el travesaño, ambas situaciones en el segundo tiempo. Tigre amenazó cada vez que encontraba espacios en el medio y aceleraba desde los pies de Montillo o Morales. Arrimaba peligro de pelota parada, aunque no mucho. Y Coudet saltaba parado sobre la línea. Saltaba de fastidio ante un pase errado o un mal retroceso. La Academia no fue una máquina de generar opciones. De hecho, volvió a faltarle fútbol. Pero supo hacer pesar su mayor jerarquía y resultó contundente en los instantes justos. Así, liquidó la final en el primer tiempo.

Ya con el 0-2, Tigre fue con más determinación. En la Academia, a diferencia del duelo ante Lanús, hubo otro espíritu más combativo. Eso sí, debió defenderse más con el balón. Sólo de a ratos aguantó la ventaja con la bocha en campo rival. Y así se fue consumiendo un partido que Racing resolvió por efectividad, actitud, las manos de Arias y la suerte del palo. Contó con algunas ocasiones de ataques veloces con espacios, sin la finura necesaria. En la noche mágica, donde hubo aplausos que hacía rato no se oían, una de las ovaciones se la llevó Licha López apenas entró. Y se cerró un ciclo al que Chacho le puso un broche de oro. “Y ya lo ve, y ya lo ve, es el equipo de Coudet”, le regalaron los hinchas. Fue por última vez. Con gloria. A las finales se las gana jugando bien, regular o mal.

Fuente: Olé


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