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Cuando Disney no parece un cuento de hadas

El lado oscuro del Rey León

El posible fraude más desprolijo de la historia animada.

Por Fernando Quiroga, especial para LA BRÚJULA 24

El nombre de Osamu Tezuka pasa desapercibido para Occidente; sin embargo, cuando hablamos de Astroboy o Meteoro, automáticamente recordamos los mangas que nuestra generación, la de los que fuimos niños en los 80 (algunos en los 70), vio por tele a la hora de tomar la leche.

No obstante, también hubo un dibujito (del mismo realizador) que parece perderse en la noche de los tiempos y que, debido a un estreno mundial de Disney por estos días, retoma su fama nuevamente. Estamos hablando de Kimba, el León blanco… ya con su sola denominación¿Notan alguna similitud con algún producto de la multinacional de Mickey Mouse?; marcadamente, si con algún Rey de la Selva puede sentirse identificado, es sin dudas con Simba (ya el nombre es idéntico, cambia solo una letra) protagonista del mega exitoso suceso conocido con El Rey León.

Este producto original de 1994, estrenó su remake hace pocas semanas; el primero se realizó en el formato clásico de dibujos animados, el segundo (por el que se convoca la polémica) en la revolucionaria técnica de computer-animated musical film, acercándonos más a los documentales de National Geographic que a la recordada ternura de los estudios infantiles.

Como fuere, comenzamos hablando de un japonés talentoso… pero ¿cómo se amalgama el oriental a éste informe? claramente, a través del producto Kimba…si, tal se lo imaginan, con respecto a Disney, podemos empezar a hablar de plagio, palabra oscura que remite al intangible y ominoso robo de la propiedad intelectual. Aunque parezca mentira, una empresa de la envergadura de Walt Disney Studios, no escapa al deleznable fantasma…

Te contamos en exclusiva para La Brújula 24, que, con la cara como una bigornia, los ejecutivos de la compañía aseguran desconocer la existencia previa del animé ponja.

Son tantas las concomitancias con el dibujo original, que las autoridades norteamericanas salieron al ruedo a tratar de para la pelota. Roger Aller, el director de la versión de 1994, dijo no estar familiarizado en lo absoluto con la producción japonesa de 1966. Literalmente, cuando los colegas de Hufftington Post le manifestaron que las similitudes son mucho más que obvias (la roca gigante a 45 grados donde el León expresa su reinado, el babuino sabio y anciano, las hienas confabuladas con el león enemigo, la aparición del padre del protagonista en los cielos, el crecimiento con amigos y la posterior toma y restitución del reino), Aller se limitó a subir los hombros con aparente desconcierto: Coincidencias…expresó.

Indignados, 488 dibujantes de Tokio participantes de la saga de Kimba, manifestaron internacionalmente el repudio; ¿no era más fácil pagar el correspondiente derecho de autor?

Algunos de los ilustradores (ya septuagenarios) o familiares de estos, manifestaron que Aller, el mencionado director, había trabajado en el país nipón en la década del ochenta, naturalmente en animación, siempre queriéndose acercar infructuosamente a Tezuca, al que llamaban por esos años “el Walt Disney Japonés”!

Si bien algunas similitudes de personajes pueden pasar por “naturales” (el escenario africano propende a un determinado tipo de fauna) algunas situaciones marcadas por el mismo storyboard, hablan de una copia descarada. Los cultores del presunto producto original, no dejan de admirar la realización de Disney, sin embargo, se ha instalado la molestia por la ausencia del honor, al no reconocer la verdad.

Tom Sito, director de La Bella y la Bestia y Aladdin, asegura que el estudio no tuvo ni siquiera un ápice de inspiración en Kimba, y que seguramente “es una infructuosa coincidencia”. Todos los realizadores norteamericanos son contemporáneos a la tira lejana, por lo cual no les es ajena la comparación; de hecho, hasta al propio Matthew Broderick, quien puso su voz en el cachorro de león de los 90, le pareció “entrañablemente similar”.

Como fuere, y con la duda ya instalada, pasillos al rojo vivo de chismes y consideraciones muy poco felices en la prensa internacional, la empresa de Roy Disney se enfrenta no sólo a un desprestigio masivo, sino quizás a un juicio que le podría acarrear una penalización de miles de millones de dólares, montón excesivos, incluso para la empresa líder en animación mundial.

¿Les importará realmente?, pase lo que pase, siguen facturando.


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