De Ayer a Hoy
Lugones, el hombre que convirtió la difícil niñez en vocación de servicio
Raúl no conoció a su padre y con su mamá se vinculó siendo adulto. El llamativo motivo por el que repitió dos veces primer grado. Fue bombero y se destacó en Defensa Civil. “Todavía sigo perfeccionándome”, acotó.
Por Leandro Grecco
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En la cuenta regresiva a la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino, un artículo bien whitense. Su protagonista es Raúl Lugones cuya historia se construye a partir de una serie de decisiones, circunstancias y aprendizajes. Con padres ausentes, combina una infancia atravesada por el esfuerzo, un ingreso temprano al mundo laboral y una formación que lo llevó a servir a la población.
Conocer a su madre tras casi tres décadas lo marcó. Su paso firme por la función pública se consolidó como parte del derrotero en Defensa Civil. Hoy, mantiene su vínculo activo con la comunidad a través de distintas iniciativas locales. En “De Ayer A Hoy” por La Brújula 24, “El Negri” diseñó una radiografía de su existencia.

“Nací, por lo que me cuentan, en un hotel, en el centro de Bahía Blanca”, relató al reconstruir sus orígenes. “Era el lugar en el que estaba viviendo mi mamá en ese tiempo, madre soltera, y yo tenía unos 40 o 50 días cuando me dejó con mis abuelos maternos y se fue a Puerto Madryn”.
Sobre la ausencia de la otra referencia de su familia, una figura no presente tanto para él como para sus dos hermanos mayores, Lugones agregó sin dramatizar la situación: “A mi papá jamás lo conocí”.

Durante gran parte de su vida no tuvo contacto con su madre. El reencuentro se produjo años más tarde, en el marco de su actividad laboral. “Cuando se dio ese reembolso que le dieron a los puertos del sur, me tocó trabajar en un momento en Madryn y gracias al domicilio que figuraba en el remitente de alguna carta que habíamos recibido de ella, empecé a buscarla y la ubiqué”, explicó.
“Fueron 27 años de mi vida los que me llevaron a lograr detectarla”. A partir de ese momento, el vínculo se recompuso: “La invité a vivir conmigo y a partir de ahí tuvimos una relación buena hasta que falleció”.

La infancia de Raúl transcurrió bajo el cuidado de sus abuelos, a quienes reconoció como pilares en su desarrollo. “Soy un agradecido porque tuve una niñez excelente, ellos me dieron todo lo que tenían a su alcance, por ejemplo la posibilidad de estudiar”, señaló.
“Un dato no menor es que mis abuelos tenían 12 hijos y nos trataron a nosotros tres sin hacer ningún tipo de diferencia, muy por el contrario, fueron extremadamente generosos”, recalcó, a modo de agradecimiento.

Residió primero en una vivienda de calle 19 de Mayo al 400 y luego se trasladó a Ingeniero White al iniciar su escolaridad. Allí atravesó una situación que condicionó sus primeros años educativos. “Repetí dos veces primer grado y el motivo lo supe cuando encontré a mi mamá”, indicó.
Con una sonrisa en su rostro, sumó: “Me mostró un papel donde se veía que estaba anotado con dos años más de la edad que tengo, o sea que me mandaban a clases con cuatro años y no aprendía. Me daba cuenta porque todos mis compañeros eran más altos que yo”.

Más adelante logró completar su formación. “Pude terminar la primaria en la Escuela 13 y la secundaria la empecé en la Técnica vieja, después abandoné y ya de grande, de noche en el Mosconi, pude finalizar ese nivel”, explicó “El Negri”.
En paralelo, debió incorporarse al mundo laboral desde la adolescencia. “Por la situación en la que me encontraba, tuve que salir a trabajar. Hice de todo, comencé como peón de albañil y llegué a medio oficial en la construcción”.

Posteriormente se incorporó a la industria alimenticia, donde adquirió un oficio que luego le permitió independizarse. “Entré a trabajar en La Marplatense, la fábrica de medialunas de Hugo Martellini, sobre calle Rondeau”.
“Ahí aprendí la profesión, tal es así que después me animé y probé poner un negocio dentro del mismo rubro, en el cual estuve cuatro años trabajando por cuenta propia”, recordó respecto de su emprendimiento comercial.

Ya en 1993, el protagonista de este artículo dio un paso clave en su futuro al ingresar a los Bomberos Voluntarios de Ingeniero White, actividad que desarrolló en simultáneo con su trabajo en el Municipio.
“Me incorporé al cuerpo, un lugar que luego se convirtió en entrañable para mí, mientras paralelamente trabajaba también en la Municipalidad, en el área de tránsito, en lo que por entonces se conocía como ‘zorro gris’”, precisó.

El año 2000 marcó un punto de inflexión con la llegada de Lugones a Defensa Civil, en el contexto del escape de cloro en Indupa. “Para ese entonces ya era suboficial superior en el cuerpo y me llamó el delegado de aquel momento”.
“Tucho Ursino había sido contactado porque querían que yo pase a Defensa Civil en White”, contó. Tras acordar su incorporación, comenzó a funcionar inicialmente en la Casa del Niño y luego en el edificio del CTE.

Durante el transcurso de ese proceso, recibió formación específica vinculada a emergencias químicas. “Comencé a estudiar en la Escuela Superior de Prefectura, lugar en el que realicé el curso de técnico en Control de Derrame y Sustancias Peligrosas”, detalló.
Su tesón y el deseo de progresar lo llevó a cumplir con el objetivo que se había propuesto al momento de embarcarse en la aventura: “Rendí los exámenes y me recibí, de hecho tengo matrícula nacional para trabajar en los puertos de Argentina”.

Su ingreso formal a Defensa Civil de Bahía Blanca se concretó ese mismo año, tras el llamado del entonces director. “Llegué por el ingeniero Hugo Fioravanti, que me preguntó si iba a estar bajo la órbita de su oficina o en Apell. Opté por la primera opción y me dijo que tenía que venir a tomar servicio acá”, recordó Raúl. “Empecé en el 2000 y permanecí 25 años en la oficina”.
Durante ese período intervino en numerosos operativos, aunque identificó dos situaciones que lo marcaron especialmente. Una de ellas fue un siniestro vial en la Ruta Nacional 3, con un saldo triste y negativo.

“Habían hecho unos serruchos para que la gente circule con precaución y un camión de unos 18 metros fue embestido por una camioneta que venía muy rápido”, explicó. “Fue de noche y murieron tres personas. Fui el primero que llegué al lugar, antes que la Policía y los bomberos”.
El segundo episodio fue la asistencia a una persona electrocutada. “Cuando llegamos prácticamente estaba fallecido. Lo sacamos de una zanja y empezamos a hacer las maniobras”, relató.

“Eran años en los que aún no teníamos el desfibrilador, pero los médicos nos dijeron que siguiéramos con el RCP. Le hicieron shock eléctrico tres o cuatro veces y el hombre empezó a respirar por sus propios medios”.
Quien a mediados de la década pasada tuvo un paso al frente de la delegación municipal whitense –al cual definió como negativo al no contar con las herramientas para desarrollar la tarea–, decidió retirarse de la función pública. “Tenía la edad para jubilarme, pero me faltaban años de aportes. Primero Héctor Gay y después Federico Susbielles me dieron la posibilidad de completar ese ciclo”, explicó Lugones.

Sin embargo, la inundación de marzo de 2025 fue determinante. “Hubo una diferencia de pensamientos y decidí acogerme a los beneficios de la jubilación. Quizás hubiese querido que las cosas no se dieran así, pero ya está, no empaña nada de lo vivido”.
En el plano personal, formó una familia que acompañó su actividad durante décadas. “Me casé en 1990, soy padre y abuelo”, expresó. “En mis tiempos de bombero me iba a un incendio en Sierra de la Ventana y volvía a mi casa después de tres o cuatro días”.

Actualmente continúa vinculado a su comunidad. “Estoy en la Sociedad de Fomento de mi localidad, donde ya llevo más de ocho años con una muy linda comisión”, indicó Raúl, quien también participa activamente en iniciativas locales.
“Me sumé a Amigos de White, un grupo que se encarga de embellecer el pueblo”. Además, mantiene su formación activa: “Estoy estudiando en la Brigada Forestal de Bahía Blanca. Cada oportunidad que encuentro para poder perfeccionarme, la asumo con mucho gusto”.

Puede resultar ciertamente antipático a primera lectura, pero la vitalidad de Raúl Lugones invita a repensar la legislación previsional vigente. Resulta difícil de explicar la razón por la cual un ciudadano como él pase a retiro, si se toma en cuenta la energía que irradia.
Sin embargo, al analizarlo con mayor detenimiento, aún hoy sigue dejando una huella en cada actividad a la que se vincula. Pensándolo aún más en profundidad, merece tener su tiempo de sosiego por sus décadas sirviendo al bien común de la sociedad.
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