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Alejandro Falappa: la pasión por la percusión y la creación de BomBahía

BomBahía, grupo de percusión que fusiona ritmos y pasiones, se consolidó como una fuerza cultural en Bahía Blanca. A través de colaboraciones con artistas locales y experiencias en Brasil, sus miembros comparten su amor por la música.

Cecilia Corradetti / [email protected] / La Brújula 24

Desde la cuna, Alejandro Falappa encontró en la percusión su verdadera pasión. Considerado la “oveja negra” de su familia—donde ni sus padres, Cristina y César, ni sus hermanos compartían su inclinación artística— recuerda cómo su madre lo retaba por desparramar ollas y utensilios, usando cada uno como instrumento para crear música. Sin embargo, reconoce que ella, de manera paradójica, fue una gran influencia en su vida musical, mostrándole la capoeira y la música de Daniela Mercury. “Pero ojo”, advierte, “ella fue sumamente importante en mi carrera aunque no puedo dejar de mencionar a otro gran inspirador, Ramiro Musotto, con quien tomé clases cuando no tenía mucha noción de quién era realmente”.

—¿Por qué la percusión?
—Por varios factores. La obra de Ramiro Musotto fue una inspiración. También fue clave mi paso por Batucada Bagunca y no puedo dejar de mencionar a los mestres con los que tuve y tengo la posibilidad de estudiar y seguirme formando.

—Sin embargo, la base había nacido en su hogar…
—Me es difícil identificar un momento exacto en el cual comencé el camino en la “percu”, pero podría poner como hito los momentos en los que sacaba ollas y utensilios de cocina de mi mamá y me armaba una batería muy precaria con cacerolas, baldes, cucharas de madera y latas de chapa, como las que vendían en su interior dulce de batata. Recuerdo un fuentón antiguo de chapa donde me bañaba en verano en el patio de casa y que también utilizaba como instrumento musical. Podía pasar horas escuchando música los sábados a la mañana mientras ayudaba a mi mamá con la limpieza y ella escuchaba a Daniela Mercury, que en ese momento había sacado el disco “O canto da cidade”, que se escuchaba muchísimo en todas las radios. Creo que ese es el recuerdo más vívido que tengo y que me relaciona directamente con esta música bahiana y con la percusión.

—¿Cómo llega a Ramiro Musotto, la figura bahiense más emblemática de la percusión?
—Años más tarde, estando de visita en La Plata, tuve la posibilidad de asistir a un taller de percusión que brindaba Musotto. Era muy chico en ese momento y no tenía noción de quién era, pero en pocas palabras me “voló” la cabeza y me abrió un camino que hasta el día de hoy agradezco profundamente.

—¿Cuándo formó su grupo?
—Ya en mi adolescencia y durante más de 10 años formé parte de una batucada muy conocida en la ciudad llamada Bagunca, con la cual me empapé un poco más en esta cultura. Si bien hacíamos un estilo de batucada más parecido al estilo del samba de Río de Janeiro, Samba en Redo o Samba Carioca, como suelen decirle ahora, fue un gran puntapié para seguir el camino de aprendizaje.

—¿Cómo siguió la historia?
—Comencé a interesarme más por los ritmos de raíz bahiana. Algunos años después, esa batucada se disolvió tras 18 años de trayectoria, pero mi curiosidad seguía intacta. Por cosas de la vida, como estar en el lugar exacto en el momento preciso, me llega la posibilidad de conocer en ese camino de estudio a mestres, es decir, referentes y profesores de batuque afrobahiano. No podría enumerarlos porque son muchísimos. Con ellos compartí clases, charlas, no solo sobre lo musical, sino también sobre la vida, experiencias y formas de llevar el género musical como bandera de vida. Eso me abrió un camino que hasta el día de hoy sigo transitando y agradeciendo profundamente al universo: mantener fuertes vínculos de amistad y aprendizaje con ellos.

—¿Cómo se da el origen de BomBahía?
—Se conforma en Bahía Blanca un bloco (como se les llama a las batucadas de percusión bahiana) llamado Blocoile, que en ese momento dirigíamos con un compañero, Pablo Videla. Pero tres años después se mudó a Neuquén, quedando Bahía Blanca sin un batuque que desarrollara lo afrobahiano.

—¿Entonces?
—Ese mismo año, diciembre de 2019, fundé BomBahía bajo la premisa de que Bahía Blanca, como cuna de Ramiro Musotto, no podía quedarse sin una batucada que compartiera esta disciplina artística, género musical y todo lo referente a la cultura tan rica en innumerables aspectos, tanto en lo artístico, escénico como social. A partir de allí y en base a la necesidad de seguir estudiando, investigando y, principalmente, tocando y compartiendo el conocimiento, comenzó el camino de BomBahía.

—¿Qué es BomBahía?
—No solo es una propuesta artística, ya que nos presentamos en diferentes espectáculos, sino también como escuela de ritmos, principalmente afrobahianos, de la mano de los talleres. Damos clases en barrios periféricos de la ciudad, en Duba Inclusión y en El Pinar Eventos, espacio que nos prestan para desarrollar nuestra actividad.

—¿Qué significa el nombre BomBahía y cuál es la filosofía o propósito detrás del grupo?
—BomBahía significa “Buena Bahía” en portugués. El nombre surge como un juego de palabras entre Bomba y Bahía. Casualmente, donde nace esta cultura es en Salvador Bahía, Brasil, un hito geográfico que compartimos, siendo ambas una bahía y, a pesar de los miles de kilómetros de distancia, en mayor o menor medida compartimos historia. Hemos tenido referentes que nos han unido en lo cultural. El propósito principal detrás del grupo es proporcionar desarrollo profesional en la materia, brindar espectáculos tanto en el ámbito local como provincial y nacional, llevando el batuque bahiano como bandera en el sector privado como en el público. Y también, como uno de los ejes principales, utilizar el tambor como herramienta de transformación social, llevando nuestras clases a los barrios periféricos de nuestra ciudad.

—¿Con qué objetivo?
—Porque normalmente no llega. Así podemos brindarles calidad de enseñanza y de contenido educativo abocado a esta disciplina artística. Dicho sea de paso, nace de la resiliencia de la lucha por la esclavitud, el racismo y la igualdad de derechos en Salvador Bahía, y es lo que nos baja como línea educativa y buscamos transmitir de la mano de contenido pedagógico y académico en materia musical.

—¿Qué tipo de percusión y estilos rítmicos predominan en BomBahía? ¿Cómo los eligieron?
—El género musical afrobahiano está influenciado principalmente por los toques de candomblé, ritmos de ritual religioso de las tribus yorubas, más específicamente las naciones de Ketu, Jeje y Angola, que fueron esclavizadas y traídas a América en el puerto de la Bahía de Todos los Santos (Salvador Bahía, Brasil). Hoy por hoy, en el género afrobahiano existen subgéneros musicales que se pueden definir en Candomblé (toques religiosos yorubas), Bloco Afro (samba afro), Sambareggae (Olodum Muzenza) y Timbalada (ritmos del Candeal). En BomBahía predominan todos los ritmos de estos subgéneros del batuque afrobahiano y también algunos ritmos como la cumbia, chacarera, guaracha, los ritmos de Savar (instrumento africano) y el tango, entre otros. Los ritmos se eligen en base a las claves que comparten y a sus respectivos orígenes que están ligados, de alguna u otra manera, a las raíces afrobahianas, que al pasar de territorio en territorio fueron modificándose para crear otros géneros musicales y otras formas de ejecución, modificando los instrumentos con los materiales que estaban a su alcance.

—¿Podrías contarnos sobre el proceso creativo al armar una pieza de percusión? ¿Cómo es la colaboración entre los miembros del grupo?
—El proceso creativo de armar una pieza desde el comienzo conlleva una idea principal de qué buscamos transmitir con ese toque. Hay ritmos más festivos, otros más melancólicos, otros más de destrezas, etcétera. Luego se investiga sobre los ritmos que pueden llevarnos a ese objetivo y, a partir de ahí, comienza a tomar vida la pieza. Al principio, ese trabajo lo hacía solo y hoy, con el conocimiento que adquieren los integrantes que más años llevan desarrollándose, estudiando e investigando la materia, la construcción es más colectiva.

—¿Quiénes componen BomBahía?
—Está conformado por 10 artistas de la escena local: Soledad Lemos, Manuel Slomnisqui, Juan Pablo Corradetti, Paula Maggi, Cintia Servin, Nicolás Inostroza, Joaquín Vittone, Pablo Marva, Azul Santillán y yo.

—Bombahía se ha vuelto una referencia en la percusión local. ¿Qué impacto crees que tiene el grupo?
—En forma de respuesta muy personal, creo que el impacto es muy positivo. En principio, el traer información pura de lo que sucede año a año en Salvador Bahía en materia rítmica y musical es muy rico a nivel de estudio y aprendizaje para cualquier músico de la ciudad que quiera meterse un poco en esta cultura. El hecho de estar activos y no aflojar, pese a los contextos difíciles, sobre todo para propuestas artísticas numerosas (en BomBahía somos 10 músicos en escena, entre los cuales también hay actores, actrices, malabaristas y músicos del rubro de la danza).

—¿Han tenido la oportunidad de colaborar con otros artistas o grupos?
—Sí, hemos tenido la posibilidad de colaborar en show con varios artistas de la escena local. Desde Verde Tuna (música latinoamericana), Mama Kendra (reggae), Muros (banda tributo a Los Piojos), entre otros. Siempre para nosotros es un placer compartir con compañeros músicos y artistas que están en el camino. Las experiencias que hemos tenido son muy buenas, en ambientes de mucho cuidado y predisposición para ensayar y desarrollar. Artistas locales muy profesionales.

—¿Cuál ha sido el momento más memorable o significativo para vos en la historia de BomBahía?

—Hay muchos, pero si tuviera que destacar, hay tres momentos. Uno, sin dudas, nuestro comienzo de la mano de Ezequiel Szutermann (Cafundo) quien vino a apadrinar nuestro lanzamiento como propuesta artística y tuvimos la posibilidad de tenerlo en Bahía dando talleres y compartiendo toques con nosotros en nuestros espectáculos. Otro de los momentos más hermosos fue en viaje de estudio a Tandil donde participamos de una clase especial dictada por el Mestre Pacote do Pelo (Tambores E Cores - Salvador Bahía Brasil) éramos más de 200 tambores sonando y fue maravilloso compartir con él y todo lo que nos transmitió desde su humildad y bagaje personal y musical formando parte de Olodum durante más de 20 años. Una experiencia muy enriquecedora. Y, por último, el año pasado tuvimos la posibilidad de asistir a clases de la Escola Olodum brindadas por mestre Geraldo Márquez y maestrinha Tainara Miliane, fueron seis días de clases con las de 300 tambores sonando todos los días durante cuatro horas… sentir cómo el piso vibraba al sonar los ritmos que nos enseñaban y la musicalidad de tan grande orquesta de tambores hicieron que sea una experiencia de esas que te quedan para toda la vida.

Consejos para iniciarse en este camino

“¿Qué recomiendo a quien desee iniciarse en este camino? Que lo haga como le salga en principio, venciendo las barreras del miedo y la vergüenza”, dijo Alejandro. “Tirarse a la pileta, como quien dice, y dejarse corregir, poner el ego al servicio de algo que es mucho más grande que el individuo como tal. Esos pilares creo que son fundamentales. Todo lo demás es un camino de aprendizaje hermoso del cual estoy seguro que van a disfrutar”, sostuvo, para agregar: “No hay que aflojar e intentar generar una constancia propia, me parece muy importante”.

Alejandro también comentó sobre las cualidades necesarias para tener éxito en la música: “Cualidades hay muchísimas que pueden convivir tranquilamente en el mundo de la música. El oído se desarrolla; puede ser algo innato, pero si no hay desarrollo y se entrena, se queda ahí. El ritmo lo llevamos todos dentro de nosotros desde el momento en que nacemos; es solamente abrirse a acordarnos cómo era”.

Acotó: “Escuchar mucha música hace que sea más llevadero el camino”.

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