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Silvana Bassi y el arte de transformar juguetes en sonrisas
En esta época previa al Día del Niño, esta bahiense solidaria tiene trabajo extra y ad honorem: recibir, acondicionar y reparar los muchos juguetes que llegan a su casa para distribuir en los barrios más vulnerables. Su historia.
Cecilia Corradetti / La Brújula 24 / [email protected]
Silvana Elizabeth Bassi tiene 41 años, trabaja en atención al público y tiene un hobby que demuestra su enorme corazón solidario: arregla, limpia y acondiciona juguetes y libros infantiles que caen en sus manos y que luego transforma en sonrisas. Tal vez por eso hoy, a pocas horas de celebrarse el Día del Niño, está más ocupada y más feliz que nunca.
Para Silvana, el juguete es sinónimo de alegría, felicidad y compañía. Por eso no duda en poner el hombro y el amor cada vez que alguna fecha especial se acerca y es hora de trabajar.
“Me inicié desde chiquita con mi mamá Elena y mi abuela Eva. Recuerdo que lavábamos peluches, cosíamos muñecas y arreglábamos libritos”, señala Silvana en diálogo con La Brújula 24.
“Vengo de un hogar solidario y además fui al colegio San Vicente de Paul, donde hemos hecho colectas y campañas durante años. Mi mamá tejió para el voluntariado del Hospital Penna y yo de niña pintaba los cuellitos con pintura para tela. También donábamos las bicicletas cuando nos quedaban chicas”, evoca.
“He tenido la suerte de que en mi hogar de clase media no haya faltado para comer ni para estudiar. Recuerdo que me repetían: ‘Jugá sin romper, porque a otro nene le puede servir’. Y cuánta razón tenían, porque no todos tienen posibilidades”, evoca emocionada. Hoy, ya adulta, esa frase resuena en su cabeza.

A su casa de Tiro Federal llegan juguetes que le dona la gente, a la que siempre, invariablemente, agradece enormemente.
“¡Infinitas gracias! no alcanzan las palabras para agradecerle a la gente, porque sin ella sería una tarea complicada, uno en soledad no puede, se haría difícil llegar a tantos barrios. Amigas de todas las edades me consiguen y muchas veces hasta las bolsitas, moños, cintas y papel de regalo”, señala.
“También tengo que agradecer de todo corazón a Ana, Anita Zanconi, y a sus colaboradoras de ‘Por Amor’, ella es un puente, los consigue y siempre alguno me trae y yo comienzo a trabajar”, dice.
Cuando llegan estos elementos que tanta alegría provoca en los niños lo primero que hace es lavarlos de manera puntillosa. “Desde ositos, muñecas hasta autitos, de todo. Luego los seco para después perfumarlos y envolverlos y ver que no les falte algún detalle como cintas, un ojito, una ruedita o les falte costura”, continúa.
También se dedica a pegar los libros rotos o a borrar los escritos o rayados. “Se pueden dejar perfectos”, advierte.
“Normalmente lo hago yo, sobre todo lo que es pintura, como dibujar o pegar con pegamento y muchas veces mis amigas Yamile y Luisina les hacen los vestidos a las muñecas y bebotes que vienen sin ropa. Pablo, mi compañero de vida, me ayuda con la impresora 3D y en muchos casos fabrica las piezas faltantes”, señala.
Prácticamente una cadena de favores, una historia simple pero solidaria y de gran generosidad. Ni hablar cuando le piden personalizar: los separa por nena, nene o bebé y los envuelve con el nombre del futuro dueño. Y con todo el amor del mundo.
“En esta fecha y en Navidad me preparo esperanzada y feliz, porque sé, en el fondo del corazón, que hice una tarea hermosa, le saqué una sonrisa a un niño, a una personita que con toda la alegría del mundo espera ansiosamente este día”, reflexiona.

Silvana cuenta que se trabaja todo el año. “Me traen juguetes y yo comienzo nuevamente a acondicionarlos y separarlos, así cuando llega el día ya están listos para entregar. Aunque parezca mentira ya estoy trabajando para la Navidad”, anticipa.
“Gracias a Dios se puede entregar en varios barrios una gran cantidad de juguetes, también llegamos a lugares muy desprotegidos como el Patronato de la Infancia, Manitos Unidas, Reflejos del Corazón, entre otros puntos importantes”, relata.
En el barrio Tiro Federal, llegan a “Manos Chiquitas”, un lugar “hermoso, lleno de amor. Hacen todo a pulmón sábado a sábado esperando a los niños y adultos para almorzar, merendar y llevar un poco de alegría a cada uno.
También alcanza a Valeria, a cargo de “Solidaridad en Bahía”. “Ella se encuentra en la otra punta de Bahía, sobre calle Terrada, y con muchísimo esfuerzo hace viandas a mucha gente necesitada y humilde como cartoneros, además de recibir donaciones de ropa, alimentos entre otras cosas”.
Como conclusión, señala esta bahiense de corazón enorme: “Desde mi humilde lugar, el hecho de ser una herramienta para llegar a través de los juguetes a gran cantidad de niños para darles un poquito de felicidad, me llena de satisfacción”.
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