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Ilda Rotellini de Velázquez y sus 100 años de buena vida
Le dicen “Yaya” y nació el 6 de febrero de 1923 en un pueblo ferroviario de La Pampa, aunque ella se considera bahiense de pura cepa. Madre, abuela y bisabuela, cuenta sus secretos para una vida prolongada y saludable.
Su nombre es Ilda Rotellini de Velázquez y le dicen “Yaya” o “La Yaya”. Ilda, así como suena, sin hache. Lúcida y jovial, esta bahiense de pura cepa –aunque, en realidad, nació en una estancia de La Pampa debido al trabajo de su padre que era ferroviario—celebró 100 años de buena vida el pasado 6 de febrero.
Hija de inmigrantes italianos que llegaron a América en busca de nuevos horizontes, esta bisabuela de memoria prodigiosa, nació el 6 de febrero de 1923 y casi toda su vida transcurrió en Bahía Blanca.
Por eso, aunque hoy pasa sus días fuera de la ciudad, se siente una nativa más de esta localidad portuaria del sur bonaerense.

En 2021, uno de sus hijos, radicado en San Clemente del Tuyú, decidió llevarla a muy escasos kilómetros de allí, a la localidad balnearia de San Bernardo, donde comparte su vida junto a otros abuelos en una residencia.
De salud envidiable –no ha tomado jamás medicamentos, salvo raras excepciones—Yaya se dedicó a la casa; a su esposo Arturo Leónidas Velázquez y a sus dos hijos: Carlos Arturo, hoy de 70, y César Arturo, de 69.
Tantos “Arturos” en la familia tienen una explicación y un origen: el rey Arturo, también conocido como Arturo de Bretaña, destacado personaje de la literatura europea, especialmente inglesa y galesa, en la cual se lo representa como el monarca ideal tanto en la guerra como en la paz.

Lo cierto es que Yaya fue una adelantada: se casó a los 27 años con un hombre 30 años mayor que ella. Él, a sus 57 años, ya había sido padre de otros dos hijos varones de un matrimonio anterior.
Arturo, un verdadero “lord inglés” que se dedicaba a administrar propiedades, se enamoró perdidamente apenas vio a esa hermosa jovencita que había ido, junto a su madre, a solicitar un crédito para una vivienda. Y la historia, a la postre, resultó sólida y duradera.
“Claro, ella también se fijó inmediatamente en él, que era un hombre de la alta sociedad y cuyos antepasados se remontan al inicio propiamente dicho de nuestro país. Por otro lado, mi padre fue traído al mundo por el prestigioso Leónidas Lucero, de allí su segundo nombre”, repasa César.
Lo cierto es que Ilda siempre ha tenido una buena calidad de vida y aún hoy recuerda nítidos en su memoria los inolvidables y eternos veranos en Mar del Plata, donde la familia tenía su casa de temporada. Allí disfrutaron la playa durante, nada menos, que 47 años ininterrumpidos.

“Es una mujer de gran personalidad que supo disfrutar de la vida, sumamente participativa desde el punto de vista social, buena madre y buena ama de casa. También fue activa miembro de la Iglesia Católica y excelente cocinera de pastas caseras, como buena italiana”, la define César.
Gabriela, una de sus nietas, agrega: “Admiro su buena onda: jamás la escuché quejarse por ningún motivo, aunque los ha tenido. Su memoria me sorprende y, tanto es así, que hasta hace muy poco me llamaba por teléfono para saludar por los cumpleaños de toda mi familia”.
Antes de la pandemia, recordó Gabriela, Yaya comenzó a refugiarse en su hogar, hecho que se acentuó luego del encierro por el Covid-19. Sin embargo, señala su hijo, hoy está “encantada” con el lugar donde reside.

Yaya tiene un gran secreto para ser saludable y vivir muchos años. Ella misma lo cuenta, con su sonrisa pegada a la cara y el optimismo de siempre: “Un vaso de chocolatada tibia todos los días. Ese es mi consejo”.
Completa: “La marca debe ser Tody, no cualquiera. Me encanta, además, el aceite de oliva, las milanesas, los canelones…”
Poeta aficionada, siempre tuvo una especial inclinación por la literatura y la poseía. También suele cantar tangos y recitar hermosas palabras que brotan de su corazón.
El festejo por su siglo de vida resultó todo un éxito. Fue en San Bernardo y recibió numerosas visitas de gente querida, amigos y familiares que la hicieron sentir plena y feliz.
“También estuvieron los 35 abuelos que viven con ella. Con cada uno pidió tomarse una fotografía y, lo más increíble, es que recuerda el nombre de todos quienes viven en la residencia”, señala su hijo.

Ilda Rotellini de Velázquez --cuyos antepasados habían sentado sus bases en Carmen de Patagones, la localidad más austral de la Provincia de Buenos Aires y con una historia muy rica sobre el margen del Río Negro—tiene cinco nietos: María Gabriela, Javier y Federico, hijos de Carlos Arturo, y Rocío, hija de César Arturo. También es bisabuela de Delfina, Franco, Filippo, Felicitas, Joaquín, Alejo y Álvaro.
Los años transcurrieron y el paso del tiempo se hace sentir físicamente. Sin embargo, su sonrisa, su actitud, su optimismo, nunca han cambiado. Siguen ahí, intactos como siempre, dando un mensaje de alegría y esperanza.
Y se despide con una reflexión: “La vida ha cambiado muchísimo y la tecnología marcó un antes y un después en el mundo. Estoy segura que el futuro será aún mucho más avanzado. Por lo pronto estoy contenta con lo vivido y si algún mensaje tengo para brindar, es que la fruta y la verdura jamás deben abandonarse de una dieta. Comer sano es la clave para vivir muchos años”.
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