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Pesadillas y malos sueños

Más de la mitad de los argentinos duerme mal en la cuarentena

Lo detectó un estudio de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño. Cuáles son las causas y qué se recomienda para descansar mejor.

Más de la mitad de los argentinos duermen mal durante la cuarentena obligatoria que impuso el Estado ante el brote local de coronavirus. Es la conclusión principal del estudio que hizo la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, y que publica hoy el diario Clarín en un informe especial. El análisis detectó que el 53% de los encuestados padecen mala calidad en el descanso.

"Lo que más señalaron fue que el sueño se fragmenta, y cuando fuimos a preguntar por qué, destacaron las pesadillas y los malos sueños: el 23% -casi un cuarto de la población- está padeciendo estas situaciones", describe Stella Maris Valiensi, médica neuróloga y secretaria de la asociación que llevó a cabo la encuesta en abril y acaba de dar a conocer los resultados.

"No sólo nos llamó la atención esa presencia de pesadillas y malos sueños, que se distinguen entre sí por la emoción angustiante que puede generar la primera, mientras que en el segundo caso se recuerda un 'sueño feo', aunque no genere malestar. También observamos que el 22% de la población está padeciendo parasomnias del sueño REM, es decir, actúan el sueño: levantan los brazos, patean, se mueven como si estuvieran corriendo. Son todos escenarios que pueden asociarse con la ansiedad que está sintiendo esa persona que duerme", describe la especialista.

El estudio de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño incluyó a 2.594 personas de entre 18 y 85 años de todo el país. Entre otras conclusiones, encontró que el 47% de los encuestados aseguraron tener problemas para conciliar el sueño durante la primera media hora de estar acostados.

"A la vez, hubo quienes refirieron estar durmiendo más de diez horas o estar durmiendo muy pocas horas, y a través de otras respuestas fueron los perfiles más coincidentes con estar atravesando algún tipo de depresión", sostiene Valiensi. La prevalencia de síntomas asociados a la ansiedad fue mayor entre trabajadores de la salud.

"Entre otras cosas y a través de un estudio estandarizado internacionalmente, preguntamos a qué hora se levanta, a qué hora se duerme, y qué fragmenta su sueño: si ir al baño, tener frío, tener calor, sufrir pesadillas. Cuando termine la cuarentena haremos otro estudio para conocer la diferencia entre cuando hay y no hay cuarentena, porque el registro previo que hay es de toda Latinoamérica y tiene más de veinte años", describe la neuróloga.

Según analiza, "una de las razones del empeoramiento de la calidad del sueño puede ser que mucha gente empezó a acostarse más tarde y a levantarse más tarde, y que estamos más expuestos a estímulos lumínicos que fraccionan el sueño".

"Las pantallas retrasan nuestro ritmo circadiano, lo hacen más tardío, y retrasan la segregación de serotonina, que predispone al sueño. A la vez, si se acumula el mal descanso, se procesa peor la angustia diurna, que en este momento tiene que ver con lidiar con la muerte de mucha gente cada día. Si no elaboramos bien esa información y persisten los motivos que generan la mala calidad del sueño, se puede terminar produciendo una situación de estrés postraumático que se manifiesta con pesadillas, entre otros síntomas", suma Valiensi.

"No es fácil volver a los hábitos previos a la cuarentena, pero la gente debe saber que no es bueno cambiar la rutina de forma tan brusca. Tampoco recurrir sin indicación médica a fármacos para dormir, o al alcohol. Es importante cuidar la higiene del sueño: levantarse y acostarse a horarios similares a los que ocurrirán cuando termine la cuarentena, aunque si el cambio ya fue mucho respecto de antes de su inicio la vuelta tiene que ser gradual", recomienda la neuróloga, y suma: "Dos horas antes de ir a la cama hay que apagar o al menos atenuar luces, y las pantallas deben cortarse al menos una hora antes de dormir en los adultos y dos en los más chicos. La actividad física es mejor durante la mañana o al menos seis horas antes de irse a dormir, y hay que exponerse a la luz solar. Las técnicas de meditación son mejores a la mañana, y las de la respiración, a la tarde".

Diego Golombek es investigador del Conicet y director del Laboratorio de Cronobiología de la Universidad de Quilmes. Según sostiene, "hay muchas referencias anecdóticas de que está cambiando el sueño durante la cuarentena, no sólo en Argentina sino en el mundo; hay encuestas sobre la cantidad y la calidad del sueño en la que el factor común es que la gente manifiesta tener trastornos del sueño que podrían explicarse porque el enemigo número uno del sueño es la ansiedad y el estrés, y estamos viviendo tiempos claramente inciertos".

"Se duerme más que antes de la cuarentena porque se flexibilizaron los cronogramas de mucha gente. Esto no es necesariamente malo porque veníamos durmiendo poco respecto de las siete horas que debería dormir un adulto. Pero todo tiende a ocurrir más tarde que antes y eso tiene dos consecuencias principales: al despertarnos más tarde nos perdemos la luz matutina, que es un sincronizador importante del reloj biológico y que nos modifica el estado de ánimo; y al irnos a dormir más tarde pasamos más horas vespertinas con pantallas, que ya veníamos usando mucho pero ahora avalamos que esa luz que emiten, que insta a seguir de largo y retrasa al reloj biológico, funcione hasta más entrada la noche, y se vuelve un círculo vicioso", describe Golombek.

"Los humanos somos bichos diurnos. La economía de nuestro cuerpo está optimizada para que ciertas cosas ocurran con luz y otras con oscuridad. Si movemos nuestro día, las consecuencias son en el sueño, en el estado de ánimo y en la salud, porque por ejemplo afecta al metabolismo o al sistema inmune", suma el científico.

Tiene sus recomendaciones a mano: "El sueño requiere disciplina. Hay que intentar acostarse y despertarse más o menos a la misma hora y que, en el fin de semana, el cambio no sea muy brusco. Hay que dormir en un lugar oscuro, silencioso, y templado, sin pasar frío pero tampoco calor. Conviene cenar dos horas antes de irse a dormir y liviano, y cualquier actividad relajante es bienvenida: una ducha caliente, ejercicios de relajación o meditación, y un poco de lectura. Desterrar las pantallas de nuestras vidas es imposible pero hay que al menos intentar cumplir con ciertos parámetros para que el sueño sea saludable".

La pandemia y la cuarentena provocaron distintos efectos: la mala calidad del sueño es uno de ellos. No es el primer registro de que una crisis sacudiera el descanso de los argentinos. En 2002, una organización llamada Club del Sueño detectó a través de una encuesta que había aumentado 30% la cantidad de gente cuya calidad del sueño había empeorado respecto de los meses previos al fatídico diciembre de 2001. Cómo se acomodará el descanso después del aislamiento social preventivo y obligatorio será objeto de estudio de distintos científicos. Por ahora se sabe que uno de cada dos argentinos duerme mal.


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