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Paladar Negro

Revuelto gramajo: los trucos para que salga perfecto

Hay platos que no necesitan presentación, y el revuelto gramajo está en ese podio. Clásico, rendidor y reconfortante, es de esos que aparecen cuando querés comer rico sin complicarte demasiado.

Porque sí, parece fácil (y lo es), pero tiene sus mañas. Y ahí es donde entran los tips clave que popularizó Paulina Cocina, que con su estilo relajado y sin vueltas mostró cómo llevar este plato de bodegón a otro plano.

El revuelto gramajo es, básicamente, una mezcla gloriosa de huevos revueltos con papas fritas. A partir de ahí, cada casa le mete su impronta: jamón, panceta, cebolla, morrón… incluso hay versiones con chorizo.

Es versátil, rápido y perfecto tanto para un almuerzo improvisado como para una cena sin ganas de pensar demasiado.


Preparación

En primera instancia, hay que cortar la papa en láminas y luego en trozos alargados, para después secar con un trapito con el objetivo de eliminar el excedente de agua. Mientras tanto, las dejamos oreando para que pierdan humedad.

Posteriormente, las freímos en abundante aceite -para aquellos que cuentan con la air fryer, también surge como una interesante alternativa-; y en simultáneo vamos cortando la cebolla bien flaquita. A fuego bajito, le ponemos una pizca de sal hasta que notemos que esté blandita y cocida, todavía no con ese característico color dorado. Al jamón le damos forma de tiritas, y tenemos tiempo para picar perejil bien chiquito.

Se calcula una papa y dos huevos por persona, porque si no va a quedar flojo: la yema debe mezclarse bastante y, una vez hecho ese proceso, colocamos el jamón sobre la sartén en la que se está sofriendo la cebolla.

Después de integrar todo, vertemos el huevo a fuego bajo para que no esté todo seco y tampoco exageradamente líquido. Con respecto a las papas, recién cuando sentimos la textura cremosa las ponemos, y mezclamos todo con un cucharón de madera para evitar que se rompan en el medio.

Una vez que la hornalla se apagó, agregamos arvejas (opcional): la idea es que también quede calentita, junto al resto de la preparación. La porción alcanza para entre dos y tres personas, que lo pueden disfrutar sin problemas y tampoco sin quedarse con hambre. Cabe destacar que es una comida en sí misma, y no se la considera una guarnición.

Con información de TN Recetas

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