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La mamá de Manu Ginóbili reveló anécdotas inéditas y cómo vivió la gloria de su hijo

Raquel compartió historias íntimas, miedos y momentos desconocidos de la vida del ídolo del básquet.

Detrás de cada gran figura del deporte suele haber una madre que lo acompañó en silencio, con amor, dudas y un sinfín de anécdotas que moldearon su historia. Así ocurre con Raquel Ginóbili, la mamá de Emanuel David —o simplemente Manu—, el bahiense que llevó el nombre de Argentina a lo más alto del básquet mundial. En una charla íntima, Raquel abrió las puertas de su casa y de sus recuerdos para el proyecto "Madres de", el podcast que busca descubrir a las mujeres detrás de las grandes personalidades argentinas.

El proyecto, ideado por Emilia Frigerio y Violeta Santamarina, nació casi por casualidad. Ambas comunicadoras decidieron explorar el universo maternal de figuras públicas y, poco a poco, lograron que muchas aceptaran hablar: desde las madres de Alexis Mac Allister y Paloma Herrera hasta la de Marcos Galperin. Pero cuando Raquel Ginóbili dijo "sí", todo cambió. "Cuando la mamá de Manu aceptó, se nos abrieron muchas otras puertas", confiesan las creadoras. Lo que empezó como un podcast grabado con celulares, se transformó en una obra que rescata historias llenas de amor, humor y aprendizaje.

Raquel recuerda a su hijo con una mezcla de orgullo y nostalgia. Asegura que casi nunca lo veía jugar: "Me ponía nerviosa, tenía miedo de que se lastimara. Prefería quedarme en casa y enterarme del resultado por las risas o los silencios cuando volvían". Incluso, admite que alguna vez le aconsejó dejar el básquet: "Yo le decía a Manu que estudiara para contador". Sin saberlo, estaba frente a uno de los deportistas más talentosos del planeta, que años más tarde sería cuatro veces campeón de la NBA y medalla de oro olímpica con la Selección Argentina.

La charla también deja ver a la madre práctica y sencilla que nunca se deslumbró por los premios. Raquel recuerda cómo acompañó a su hijo cuando, siendo adolescente, decidió irse a La Rioja para perseguir su sueño profesional: "Le fui hablando todo el viaje para convencerlo de que era un error mudarse. Pero él no respondía; ya tenía su decisión tomada". Desde entonces, el básquet se convirtió en el centro de su vida y, poco a poco, también en la de toda la familia Ginóbili.

Con el paso del tiempo, Manu no solo consolidó su carrera, sino que también cambió oficialmente su nombre: "Un día me llamó y me dijo: ‘Mamá, me cambié el nombre; de ahora en más soy Manu para todo’", cuenta Raquel con ternura. Desde San Antonio, Texas, donde reside, el exjugador hoy disfruta de una vida más tranquila: "Anda en bici, juega al pádel y cuida de sus animales. Está feliz, disfruta de cosas que antes no podía hacer", dice su madre, orgullosa de verlo en paz después de tantos años de competencia.

Y como mamá con experiencia, deja un mensaje contundente para los padres de hoy: "Hay padres que quieren que los hijos logren lo que ellos no pudieron. Los presionan y los lastiman sin darse cuenta. Mi marido jamás les gritó a los chicos en la cancha. Esos fanatismos solo generan frustración". Con su tono calmo y su sabiduría sencilla, deja una enseñanza que trasciende el deporte: acompañar con amor, sin imponer sueños ajenos.

Con información de La Nación

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