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De Ayer a Hoy

La actriz bahiense que brilla en México y personifica a "la madre de Tini"

Daniela Vargas hace un culto de la perseverancia y el profesionalismo. Aquella profesora de inglés es hoy uno de los rostros publicitarios más buscados. “Fue una coronación”, dijo, tras participar en la serie Quebranto.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/X: @leandrogrecco

Valentía, arrojo, valor, intrepidez, coraje, agallas y audacia, sinónimos que bien describen a la protagonista de esta sección de “De Ayer A Hoy”. Si a todos estos valores se le adosan la certera búsqueda de la vocación, una formación acorde a los sueños por cumplir y el gran talento para triunfar, nada puede fallar, pese a que el camino pueda estar repleto de rosas y espinas, las cuales pueden por momentos nublar la vista.

Muñida siempre de una valija pequeña desde el punto de vista de lo material, pero colmada de sueños por convertir en realidad, se abrió un camino sin necesidad de escándalos, ni de vínculos sentimentales con celebridades ya consagradas. Eludió el atajo que ahora implica la participación en un reality y no necesitó de padrinazgos, ella tenía muy en claro cuál era su propósito en el mundo del arte.

Hablamos de Daniela Vargas, una mujer que supo conjugar su encanto natural con enorme versatilidad para trascender y alcanzar una inobjetable vigencia. En LA BRÚJULA 24, dejó sus impresiones, repasando los momentos críticos en los que daba la sensación de que era ella contra el universo. La ciudad tiene otra embajadora, un nuevo orgullo producto de un semillero interminable de brillantez.

“Mi ciudad natal es Mendoza capital, pero junto a toda mi familia nos radicamos en Bahía Blanca antes de mi comienzo en el jardín de infantes. Luego, regresamos al lugar del que soy oriunda durante mi infancia, solo para visitar familiares todos los años”, destacó Vargas desde el DF de México, en el comienzo de la conversación a través de una videollamada

Y recordó que “salvo un breve lapso en el que estuvimos viviendo en el Barrio Villa Belgrano, cerca de la Ruta Nacional N° 33, el resto de mi estadía en la ciudad fue en el centro. Hice la primaria en la Escuela N° 6, en el Goyena cursé la secundaria y la carrera de profesorado de Inglés en el Instituto Juan XXIII”.

“Apenas recibí el título, me fui a Buenos Aires, sin prácticamente nada, muy jugada, dejando de lado las horas que ya había conseguido para dar clases de idioma en casi todos los colegios de Bahía que se pueda imaginar”, recalcó la entrevistada, sobre la primera decisión que marcó el rumbo de lo que iba a venir en lo sucesivo.

El factor mental jugó un rol preponderante: “Transité este proceso mientras me encontraba en el segmento final del Terciario, pero cuando aún adeudaba la tesis y alguna materia, logré ser nombrada titular en el ex Colegio Nacional. Eso generó una crisis vocacional interna porque no visualizaba vivir de la docencia el resto de mi vida”.

“Una vez que me gradúo, empiezo a estudiar teatro casi a escondidas. Iba al Candilejas a tomar clases y luego me sumé a unos programas que tenía la Municipalidad y que permitía que lleguen profesores de todo el mundo. Salía de ahí y me daba cuenta de que la actuación era lo mío, por lo que en 2003 decidí armar las valijas y radicarme en Capital Federal”, aseveró quien nació un 11 de agosto.

Asimismo, acotó que “para mantenerme, desde el punto de vista del sustento económico, me aferré a lo que más seguridad me suministraba. Empecé a dar clases de inglés en Extensión de Idiomas en la UBA, mientras recorría agencias con la única idea de hacer castings, especialmente para publicidades”. 

“En ese momento estaba en pareja con un capitalino que viajaba mucho y estaba más en Bahía que en Buenos Aires. Debo admitir que su familia me abrió las puertas y me ayudó a no sentir tanto el desarraigo de aquellos primeros meses, fueron un sostén fundamental para mí”, argumentó, en una charla que se dio minutos después de una sesión de gimnasio.

Lentamente, empezaba un proceso que no iba a tener pausa: “El primer comercial que hice fue doble y personificando a una madre: uno para una famosa marca de lustramuebles y el otro unos conocidos pañales. Era capaz de hacer malabares en las esquinas para quedarme en Buenos Aires, pero fue una época dura, seguía dando clases, hasta que empecé a facturar como actriz publicitaria y me animé a dejar la docencia”.

“En 2005 me reporté en Telefé, coincidentemente con el momento de inicio de 'Casados Con Hijos' y me llamaron dos veces para hacer dos personajes en diferentes participaciones, sin importarles que asocien mi rostro con mi primera aparición. En aquel entonces pagaba un departamento muy chiquitito, un estudio como si fuera una oficina, donde recibía a una profesora que viajaba dos veces al año al país, llamada Joy Morris, para aprender actuación de los mejores”, refirió Daniela, con absoluta determinación.

Los sacrificios estaban a la orden del día, pero valían la pena: “No me importaba si tenía que comer fideos con aceite para solventar esa inversión, por lo que el sacrificio fue grande, no se me pasaba por la cabeza terminar frustrada por no alcanzar mi sueño. Hice una publicidad de un lavavajillas con Susana Giménez, pero debo haber hecho más de mil avisos entre Argentina y estos diez años en México, uno entra en un círculo donde conoce los códigos, qué se requiere como actor”.

“No me importaba tampoco erogar sumas de dinero que me dejaban al límite de mi capacidad de ahorro, lo que yo quería era tener lo mejor para mi profesión para jugar en las grandes ligas. Dentro del ambiente de las ficciones en mi país, nunca llegué a ser conocida, hacía participaciones de dos o tres capítulos”, apuntó con total franqueza.

Y enumeró: “Estuve en Montecristo donde hice de una periodista, en Alma Pirata de Cris Morena personificando a la recepcionista de un hospital. Mi entorno cercano detectó mi presencia, pero no eran roles protagónicos, aunque en infinidad de ocasiones me frenaban en la calle para decirme ‘a vos te conozco’, lo que llamo el síndrome del casi famoso”.

“Eso se daba porque había momentos en que cinco publicidades salían en simultáneo en los canales abiertos, la más popular fue la de un jabón para lavar la ropa donde un auto pasaba por arriba de un charco y me salpicaba. Paralelamente, tuve la gran oportunidad de hacer una co-conducción en TV, más precisamente en El Canal de la Música con Nara Yoli, algo que iba a hacer una colaboración y se extendió por tres años”, relató Vargas.

Se iban abriendo otras puertas: “Empezaron a llamarme como invitada al programa que se emitía por C5N durante las madrugadas y que era conducido por Hernán Lirio, con el que hice una bella amistad. Me llamaron la primera vez por la muerte de (Gustavo) Cerati, a quien había conocido desde lo personal más que por sus álbumes, debido a que habíamos salido muchas veces en grupo con amigos que teníamos en común”.

“Siempre fui arriesgada, porque a México me fui solo habiendo tenido una conversación previa no tan formal con la gente de Televisa para entrar a su escuela. Ellos te pagan, neutralizan tu acento y te forman como el actor que necesitan para sus novelas, sin embargo nunca terminé ingresando a esa suerte de academia. Vendí mi auto, dejé el departamento y junto a mis dos gatos nos radicamos en tierras aztecas”, aseguró, respecto de una nueva patriada.

Si bien se aferró a su zona de confort para hacer pie, luego fue en busca de su meta: “Al principio inicié el camino por lo más conocido, que eran los comerciales, me fue bien porque era la cara nueva y, paralelamente, abrí mi propia escuela de actuación, que era algo que estaba dando vueltas en mi cabeza. Llevaba cuatro meses en México y ya estaba dentro del círculo, adaptándome a las diferencias porque acá para hacer publicidades se elige más a los modelos por sobre los actores, a diferencia de lo que ocurre en Argentina”.

“Los pocos que no éramos modelos e íbamos a los castings podíamos resolver mejor cada escena porque teníamos más herramientas actorales frente a cámara. La escuela funcionó unos cinco años, interrumpida debido a la pandemia, hasta que pasó a la modalidad online, y fue mutando a lo que luego derivó en dedicarme a ser coach particular de actores”, sintetizó promediando el ida y vuelta con este cronista..

Cuando se le preguntó sobre los inconvenientes que aparecen en la vida de quien abraza su oficio, describió: “El actor siempre tiene que remar permanentemente, pero no solo porque necesite el dinero, sino para ocupar el tiempo que por momentos sobra. Nuestro trabajo no es como el del común de la gente, con los horarios y rutinas fijas, en mi caso un día no tenés nada, al siguiente más de un casting y al tiempo estás 20 días seguidos grabando de sol a sol, para luego pasar tres meses sin hacer nada”.

“El dilema del actor pasa por saber cómo sobrellevar el hecho de ir a diez castings seguidos y no quedar en ninguno, algo para lo que hay que estar preparados porque hasta los que han ganado un Oscar vivieron esa experiencia de no ser elegidos y que puede ser frustrante o pasible de causar desilusión”, teorizó sin dramatizar más de la cuenta.

Inmediatamente, contó su más reciente logro: “Tini Stoessel es una figura mundial, me tocó interpretar a su madre en la serie Quebranto que se acaba de estrenar por Disney y recibí mensajes de distintos países de Europa donde ella tiene sus clubes de fans. No dimensionaba lo que ella significa, es muy poderosa, había que cerrar calles para poder grabar este contenido audiovisual tan bonito donde mi esposo en la ficción es Rafael Ferro, otro grande de la actuación”.

“Hice el casting y no sabía para qué iba, necesitaban una mujer argentina que personifique a una mamá y me presenté despojada de todo tipo de expectativa. Me crucé ahí mismo con Mónica Ayos que también se postulaba para el papel, lo que me daba la pauta de que era algo importante. No me dejo amedrentar cuando hay alguien famoso, he perfeccionado un ejercicio mental que me coloca una coraza en tal sentido”, admitió Daniela.

Lo mejor estaba por suceder: “Superé ese primer filtro junto con Mónica y unas poquitas actrices más, apareció el director, dí todo lo mejor delante de él haciendo lo que me pedía y me retiré. A tal punto que me olvidé de ese casting porque pasaban las semanas y no tenía noticias, hasta que una persona me advirtió que había participado de la selección de la actriz que iba a encarnar a la mamá de Tini en Disney”.

“Menos mal que no lo supe de antemano, porque los nervios tal vez hubiesen sido aún mayores y a los dos meses de aquella prueba me avisaron que era la elegida. Ya lo había dado por descartado, con la bronca de haber estado cerquita, pero cuando recibí la comunicación, sentí que para mi carrera era una coronación”, expresó con un dejo de emoción. 

No fue un paso más en su carrera: “Toma más trascendencia porque se trata de una plataforma gigante y una protagonista de altísima popularidad que después de grabar esta serie se fue a cantar con Coldplay. Estamos hablando de una celebrity internacional que, por si eso fuera poco, es un tesoro de persona, una joven divina”.

“Voy todos los años a Bahía Blanca, están mis padres, uno de mis hermanos, el otro vive en el exterior, mi sobrino, mi tía y primos, soy muy familiera. También están mis mejores amigos de toda la vida a los que añoro siempre reencontrar y hay un momento en el año en el que necesito al menos ir a Argentina, a veces me quedo en Buenos Aires”, reconoció Vargas.

Y al cierre fue aún más allá: “Me imagino en un futuro no tan lejano y cuando mi carrera ya no demande tanto, radicarme en Sierra de la Ventana o Monte Hermoso, dos lugares maravillosos, cerca de mi gente, esas personas con las que me gusta compartir cada cosa linda que me ocurre”.

Sus palabras derrochan un perfil bajo propio de quienes tienen en claro cuál es su norte. La firmeza en cada apreciación demuestra que está bien plantada, madurez que alcanzó frente a los avatares y vaivenes propios de la ocupación que desarrolla con honradez y notoriedad en un mundo donde lo efímero prevalece. Una vez más, Bahía Blanca está más que bien representada

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