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mientras transcurre el juicio

Crimen de Fernando Báez Sosa: cómo son las celdas de los rugbiers

Se reacondicionaron para alojar temporalmente a los ocho imputados.

Es el encierro dentro del encierro, y no hay prisionero que no tema ser enviado allí. El área donde están las celdas se denomina por una sigla que aunque bien dice de qué trata, no llega a abarcar del todo qué implica. Se lo llama P.S.A.C: Pabellón de Separación del Área de Convivencia. Pero en el argot carcelario, tiene nombre en plural: “los buzones”. En ese sector de aislamiento y castigo están alojados los rugbiers.

Desde que fueron trasladados desde Melchor Romero para afrontar el juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa, muerto a golpes hace tres años en Villa Gesell, Máximo Thomsen (23), Luciano Pertossi (21), Ciro Pertossi (22), Lucas Pertossi (23), Ayrton Viollaz (23), Enzo Comelli (22), Matías Benicelli (23) y Blas Cinalli (21), habitan el sector más duro de la Unidad Penal 6 de Dolores.

Al espacio de calabozos se lo conoce así porque cuando las puertas de los buzones se cierran, la única vista al exterior -en este caso, hacia un pasillo-, es a través de una mirilla a media altura, una pequeña ventana en la puerta metálica por la que reciben alimento o lo que fueran a llevarles.

En esta singular feria judicial en Dolores, con el Tribunal Oral en lo Criminal 1 dedicado a juzgar a la patota de Zárate, en la Unidad Penal 6 el P.S.A.C no cumple con las funciones que prevé la ley, que opere como sector asignado para el cumplimiento de sanciones por parte de la población carcelaria.

Según el artículo 49 de la ley de ejecución penal provincial 12.256, la separación del área de convivencia como castigo constituye un agravamiento de las condiciones de detención. Por eso se contempla como la modalidad de sanción más rigurosa y se prevén límites específicos de tiempo y procedimiento.

Por este enero no funciona como sector de castigo y de hecho para que los rugbiers fueran alojados allí, las celdas se reacondicionaron. Al menos recibieron una limpieza de sus muros, un par de manos de pintura y se dispusieron de colchones sobre las camas, que tienen base de cemento.

Hay dos camas por celda, una adosada a cada pared lateral, y todas tienen letrina. Hay una sola ducha y los rugbiers la usan una vez al día vigilados por un guardiacárcel, que no les pierde pisada.

Cada mañana, antes de ser trasladados a Tribunales, los ocho jóvenes son revisados por la unidad médica del Penal, lo mismo al regreso. Luego, suben al ómnibus de la Unidad de Traslados del Servicio Penitenciario. Es un trayecto corto, de poco menos de un kilómetro. “Suben en silencio, bajan en silencio”. Por cada uno, viaja un agente.

A la sala de audiencias del primer piso de los Tribunales, los rugbiers son traídos esposados por la espalda, y mientras avanzan en fila india desde los calabozos ubicados en la planta baja de los Tribunales (un ida y vuelta que se repitió dos tres o tres veces al día las últimas dos semanas), un agente del Servicio Penitenciario guía a cada uno con una mano sobre las esposas y otra en la nuca, obligándolos a bajar la cabeza.

“Es que son respetuosos, correctos. Por eso la custodia es de un solo hombre, distinto es cuando se traslada a otro tipo de detenido, más agresivo, siempre mal predispuesto”, dijo un agente penitenciario de la ciudad de Dolores, donde no son pocos.

Al menos estarán alojados aquí hasta que los jueces María Claudia Castro, Christian Rabaia y Emiliano Lazzari dicten veredicto y sentencia. El debate se reanuda esta semana, serán tres jornadas en las que continuarán recogiéndose testimoniales.

Fuente: Clarín

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