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Turmalina: la defensa de Creimer apuntó a Herrero

La médica forense dijo que nunca supo que la piedrita -que le atribuyeron a Astudillo- había sido plantada. “El sólo hecho de encontrar la turmalina no la coloca en connivencia con Herrero”, describió su abogado.

La médica forense Virginia Emma Creimer fue indagada por la Justicia Federal bahiense tras ser considerada cómplice del peritrucho Marcos Herrero. La acusación está vinculada a un hecho puntual: el procedimiento llevado adelante en febrero de 2021, en el Puesto de Vigilancia de Teniente Origone. Aquel día la doctora “encontró” una piedra turmalina, luego de que el adiestrador afirmara -falsamente- que sus perros olían a Facundo Astudillo Castro.

Como se sabe, aquella solitaria dependencia policial fue uno de los epicentros del show para instalar la hipótesis de que el joven había sido víctima de los peores delitos: secuestro, torturas, homicidio y posterior desaparición forzada.

Ahora, en un descargo presentado por su abogado Oscar Rodríguez, Creimer admite que lo de la turmalina fue una truchada, le atribuye toda la responsabilidad al ya condenado Herrero y afirma que, en todo caso, aquel elemento encontrado por la imputada no causó ningún perjuicio a ninguno de los acusados por la querella.

Un poco de historia.

Facundo Astudillo Castro, aquel 30 de abril de 2020, lo más cerca que estuvo del Puesto de Vigilancia de Origine fue cuando en la Ruta 3 -cerca del acceso al pueblo- fue identificado por el oficial Alberto González. Antes y después de ese contacto policial, el chico fue visto por testigos circunstanciales.

Hubo dos peones de campo, que son los que dieron aviso al delegado de Origone, que había un joven sobre la ruta. El funcionario municipal lo llama González para que vaya. González lo identifica y se vuelve a la dependencia sólo. Facundo ya había sido recogido la testigo H rumbo a las vías, donde Facundo se bajó, caminó y siguió manteniendo contactos telefónicos. Las antenas del Polo Petroquímico tomaron la señal. Desde querella, con los amuletos truchos, se intentó hacer creer que Astudillo no siguió camino con H, sino que fue secuestrado por González, que lo torturó, lo descuartizó y enterró en cal. A la valiente testigo Testigo H la atacaron de todas las maneras: la trataron de loca, mentirosa y discapacitada. Se llegó a decir que, en el mejor de los casos, había sido engañada y que “la bonaerense le había subido un doble Facundo”. Huelgan los comentarios.

Todo lo antedicho explican porque la querella, los operadores políticos y mediáticos tenían que hacer epicentro en Origone. Allí se desarrollaron gran parte de los disparates del caso.

A saber: en julio de 2020, Marcos Herrero hizo doble combo. Primero dijo que en la camioneta patrullero de González había “olor” y “sangre” de Facundo. Luego coronó con más “olor” y un amuleto con “esencia” dentro del Puesto Vial. Con esas truchadas, desde la querella, se animaron a pedir la detención de González. La jueza federal Gabriela Marrón los “sacó corriendo”: todo lo encontrado -por supuesto- no era más que basura sin rastros ni de sangre ni ADN de Astudillo.

Sin escarmentar, siete meses después, el show volvería a montarse en Origone. Ya la gira artística del peritrucho Herrero había incluido otras locaciones como un campo donde marcó huesos de Facundo (eran de vaca), otros vehículos con sangre (falsa) y un patrullero de la Policía Local de Bahía Blanca con otro amuleto falso de la colección (turmalina I). Exactamente el 18 de febrero de 2021, otra vez en el puesto vial de González, Herrero volvió a hacer lo único que siempre hizo: circo y mentiras. Hay que reconocerle la actitud, porque siguió inmutable pese a que todos sus “hallazgos” anteriores habían sido ya desmentidos en laboratorio.

Pero esta vez, además de tener de “hinchada” a la querella y a representantes del Ministerio Público como (hoy juez) Andrés Heim y Horacio Azzolín, Herrero llegaría con refuerzos. La figura estelar que entraba en acción era la forense Virginia Creimer.

Como si estuvieran repartidos los protagonismos, el comienzo de la puesta en escena estuvo a cargo de Herrero y el cierre fue de Creimer. El peritrucho I había decidido compartir cartel con la peritrucha II. Él cantó positivo y la doña metió los dedos para “encontrar” la segunda turmalina del caso, tercer amuleto en total. Actuaron en tándem.

Herrero fue condenado a siete años de cárcel. Uno de esos siete corresponde al procedimiento compartido con la médica oriunda de La Plata.

Indagatoria.

Ahora Creimer quedó contra las cuerdas. Pues, no solo el juez López Da Silva la indagó a pedido del fiscal Santiago Martínez, sino que el mes pasado Casación confirmó la condena contra Herrero. Y uno de los hechos ratificados como irregulares fue en el que participó la doctora.

Las ciencias jurídicas están lejos de ser exactas, pero en este caso podría aplicarse la matemática. En términos porcentuales, a la flamante imputada se le podría atribuir el 50% del hecho delictual acaecido en Origone. Mitad Herrero, mitad Creimer.

En los últimos días, además de intentar apartar al fiscal, la médica acusada presentó un escrito, al que pudo acceder en exclusiva LA BRÚJULA 24. El principal argumento del abogado Oscar Rodríguez, que conoce los tribunales bahienses desde que defendió al narco Juan Ignacio Suris, es apuntar contra Herrero. Adujo que nunca supo de antemano que el policía rionegrino era un “plantador de pruebas”. Y agregó que no hay constancias de que se hubiesen puesto de acuerdo. Herrero marcó, ella encontró y Cristina Castro reconoció.

Dolo.

En paralelo, Creimer sostiene que aquel hallazgo realizado por ella, al fin y al cabo, no terminó perjudicando a nadie. Es decir que, como se descubrió que era toda una mentira no puede existir la figura de “dolo”. Traducido: como la prueba era trucha no sirvió para imputar formalmente a nadie no es delito. Lo que no dice la médica es que aquel accionar sí tuvo efectos mediáticos y políticos de gran escala y con daños incalculables.

Textuales.

“El delito que se investiga —falso testimonio en su modalidad de connivencia para la plantación de prueba— es, estructuralmente, un delito doloso. Requiere la acreditación del conocimiento previo de la Dra. Creimer respecto de la actuación de Herrero. No existe en el llamado a indagatoria elemento alguno que acredite ese conocimiento”, comienza señalando el escrito de la defensa.

Y agrega “la Dra. Creimer encontró una turmalina de un centímetro de largo en el calabozo de Teniente Origone. Ese hallazgo fue realizado en el marco de un procedimiento formal, con presencia de funcionarios judiciales. No hay prueba de que Creimer supiera que ese elemento hubiera sido introducido al calabozo por Herrero. No hay comunicación previa documentada. No hay acuerdo previo acreditado”.

“A lo expuesto -describe el escrito- se suma una circunstancia que esta defensa pone de resalto expresamente: el resultado del peritaje sobre la turmalina hallada por la Dra. Creimer fue negativo. La piedra ´plantada por Creimer´ no guardó relación alguna con el hecho investigado, ni aportó elemento probatorio en perjuicio de ningún imputado en la causa principal. La supuesta maniobra, aun si hubiera existido, no produjo efecto alguno”.

Sobre el epílogo, la defensa técnica de la imputada se pregunta: “¿Cuál sería el fin concreto por el cual la Dra. Creimer habría participado en una maniobra que no benefició ni perjudicó a ninguna de las partes y cuyo único resultado documentado fue consolidar la imagen negativa del propio Herrero? La respuesta es que no hay respuesta”.

Para cerrar resume: “No surge del análisis de la prueba de cargo de que Creimer tuviera un conocimiento previo de las supuestas maniobras de Herrero, el solo acto de hallar la turmalina no la coloca en la condición de connivencia que se pretende. ¿Cuál es la finalidad que se supone conocía Creimer y con la que coadyuvó a realizar? ¿Creimer ensuciaría su prestigio como perito y su tremenda trayectoria académica, para ayudar a que Herrero sea tenido como una persona respetable y creíble en su arte? Porque conforme surge de la sentencia de Herrero los fines de Herrero fueron hacerse conocido y respetado en el medio”.

Quienes conocen el caso de cerca están convencidos de que, al menos, Herrero y Creimer se repartieron tareas en Origone para montar la farsa de la turmalina. Creimer dice que fue una víctima más de Herrero.

El juez Walter López Da Silva definirá su situación procesal en los próximos días. 

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