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Mentir no es gratis
Después de un largo tiempo, hay sentencia contra un abogado del Caso Facundo. Imágenes de dos juras. Hospitales en rojo aplican "tasa" a los pacientes. Dolor por la muerte de una locutora. Y más.
Vale la pena
Hace más de cinco años, el equipo periodístico de La Brújula 24 -tanto el de radio como el del diario- viene investigando y denunciando las mentiras e irregularidades en torno al famoso Caso Facundo.
Los primeros años fueron duros. La corriente golpeaba siempre en contra. Y fuerte. Amenazas, fake news y ataques de todo tipo que tuvieron un único objetivo: hacernos callar o, en su defecto, obedecer.
El laburo fue prácticamente en soledad: la gran mayoría de los medios “compró” y repitió un relato fabricado por inescrupulosos, con el que se pretendía instalar una historia distorsionada, alejada de los hechos. Muchos inmorales de la política también se sumaron en esa dirección.
Sacar los pies del plato, desarmar las mentiras que se reproducían por todos lados y publicar información precisa e incómoda no fue fácil. El camino en la búsqueda de la verdad está repleto de sinsabores. Pero al final, hay recompensa. De eso se trata la labor periodística, tan vapuleada en estos tiempos de redes antisociales, donde cualquiera puede decir cualquier cosa sin importar si es verdad o no.
Muchas veces, el sesgo cognitivo de confirmación, provoca que el lector o, incluso nosotros, caigamos en ese pozo. No es tan sencillo sostener el dato duro frente al relato con más rating. Es más cómodo confirmar nuestros prejuicios y pensamientos previos, que intentar asomarse a la realidad sostenida en evidencia.
En el Caso Facundo lo único que tratamos de hacer los periodistas de este medio fue honrar el apasionante trabajo de averiguar, chequear y publicar datos; aunque eso genere -tal como sucedió- enconos y vilipendios.
Las estrategias para frenar a La Brújula 24 en la investigación por la muerte de Facundo Astudillo Castro fueron variadas: amenazas directas (por ejemplo, una bomba plástica en un nicho de gas), ataques sistemáticos en las redes y denuncias judiciales por “filtración de información”, entre otras.
Los ataques y difamaciones en grandes medios de comunicación proferidas a boca de jarro desde la querella de Astudillo fue otra de las tácticas utilizadas. En reiteradas ocasiones, el “minuto de fama” no era utilizado para hablar de la causa principal, sino para desacreditar las informaciones de La Brújula 24. Verdaderamente increíble.
Pero semejante furia tenía una explicación: era imperdonable que “sacáramos los pies del plato”, que nos atreviéramos a no repetir el cuento de la “desaparición forzada”. Poco después, con el primer libro de Germán Sasso (Operación Facundo), donde se revelaba en minucioso detalle (y con documentos) el oscuro entramado de mentiras, testigos truchos y desviaciones que había tenido la investigación, la rabia de la querella iría en aumento.
Sin dudas que desnudar el modus operandi del peritrucho Marcos Herrero, mientras todos festejaban sus “hallazgos” y le hacían la claque, fue el summum. Es que LA prueba que sostenía la hipótesis plantada por la querella eran los amuletos, la “sangre” y los huesos (de vaca).
Y como si fuera poco, en la desesperación por silenciar la molesta tarea periodística, se llegó a espiar a Sasso cuando escribía uno de sus libros. Se accedió a sus conversaciones de WhatsApp con distintas fuentes y entrevistados. Y se usaron a modo de apriete. En ese accionar, claramente hubo complicidad estatal, pero eso será detallado en una futura publicación.
Una de las espadas mediáticas de la querella fue el Dr. Leandro Aparicio, que montaba en cólera ante cada información de este diario. En sus verborrágicas apariciones en la tele o en las radios dedicaba gran parte del tiempo a desplegar sistemáticamente un ataque contra Sasso y La Brújula. Siempre con el mismo objetivo: intimidar.
También, es justo decirlo, fue objeto de sus palabrotas algún otro colega que comenzaba a dudar de la historia oficial que le querían “enchufar”. Dar información del expediente, no la proporcionada por la querella, era merecedor de una catarata de difamaciones.
Que Jaime Stiuso “trabajaba en La Brújula” y que por eso se daba información privilegiada. Que periodistas del medio viajaban en helicóptero con el fiscal. Que habían “comido un asado” en un vivero de Villarino para planear el encubrimiento de asesinos. Que trabajaban para la impunidad, y decenas de guasadas más, fueron algunas de las más repetidas.
Nada de eso hizo que detengamos nuestra tarea. A mayor agresión, mayor compromiso. La respuesta siempre es -y va a seguir siendo- más y mejor información.
Sin embargo, y en paralelo a la prosecución de la labor diaria en la redacción, hay veces que es necesario poner un límite a tanto disparate y agresión. Y para eso está la Justicia. Hay que recurrir a ella cuando se pasan de la raya. No puede ser gratis escupir mentiras, mucho menos cuando se trata de asuntos delicados. Y fue así que el periodista Sasso demandó al letrado Aparicio por la colección de ataques y difamaciones.
No todo es lo mismo. Ni todos somos iguales. Cada uno de nosotros debe hacerse cargo de sus palabras. Ni que hablar aquellos que tienen -o tenemos- un rol público.
Por supuesto que, ante el juez, y no en un panel de TV, Aparicio no pudo explicar ninguna de sus injurias y acusaciones mediáticas. No tuvo escapatoria: fue condenado. En primera instancia lo encontró culpable el magistrado Javier Carlos y ahora confirmó la Cámara de Apelaciones.
Mentir tiene consecuencias. Y hay que hacerse cargo de ello. La difamación es producto de la impotencia y de la ira. No tolero lo que decís y haces. Y por eso el invento y la agresión como respuesta. Ese tipo de palabras, siempre, hablan mucho más de quien las profiere que del destinatario.
Habló la Justicia.
En la sentencia de la Sala II de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial, integrada por los jueces Leopoldo Peralta Mariscal, Fernando Kalemkerian y Jorge Federico Mercado, se pueden leer algunas interesantes consideraciones.
“Aparicio no indicó en ningún momento cuáles eran los elementos en los que se basaba para sostener semejantes imputaciones públicas. El hecho de que Sasso contara con información del expediente previo a que la querella lo hiciera, lejos está de ser un delito. Aparicio no aportó pruebas durante el juicio que permita confirmar -como el letrado sostenía- que La Brújula había desvirtuado información. Aparicio tuvo una grave despreocupación por la verdad”, mencionó uno de los magistrados.
En otro pasaje de la sentencia, se derriba la “estrategia” que utilizó el abogado para intentar zafar de una inevitable condena por sus reiteradas mentiras.
La idea defensista fue echarle la culpa a -nada menos- que a la madre de Facundo Astudillo de todas las barbaridades. “El argumento de que las declaraciones las hizo como apoderado de Cristina Castro es inidóneo para torcer su suerte”, escribió el juez.
Y luego agregó: “Si lo que pretende el demandado es escudarse en las instrucciones dadas por la madre de Astudillo, no logra su cometido. Es él quien declaró -con o sin orden de su clienta-, ello no interesa, pues nadie está obligado a seguir instrucciones ilícitas. Porque aunque hubiera recibido tales directivas, debió indagar mínimamente acerca de la veracidad de las imputaciones que iba a efectuar en medios masivos de alcance nacional”.
En el mismo párrafo, se refirió a los “testigos” que aportó Aparicio para intentar justificar sus falsedades: “Los testigos fueron de objetividad muy dudosa: una es Castro y otro es el otro abogado de la querella Luciano Peretto”.
Por último, uno de los jueces indicó: “Aparicio hizo afirmaciones como verdad revelada a los medios a sabiendas de la falsedad o con notoria despreocupación si eso era o no verdad”.
En tanto, sobre el trabajo de Sasso se lo describió así: “Lo que hizo el periodista fue formular comentarios y apreciaciones basadas en la prueba, adoptando una posición crítica frente a la tesis de la desaparición forzada”.
El fallo cierra con una descripción sobre la actuación general de la actuación de Aparicio frente a periodistas no adictos, que no le compraron el relato y decidieron investigar objetivamente: “El demandado arrojó acusaciones falsas a los cuatro vientos, con una notoria despreocupación por la verdad. Y es por eso que propongo confirmar la condena”.
El tiempo pone las cosas en su lugar. Solo hay que saber esperar y seguir haciendo el trabajo que nos apasiona, con compromiso y la mayor rigurosidad posible porque, aunque por momentos sea cuesta arriba, vale la pena.
Juras
Días atrás se realizaron en la Justicia provincial dos juras para puestos destacados. Una de ellas tuvo como protagonista a la doctora Fabiana Vanini, quien luego de trabajar 11 años como defensora oficial, ahora ascendió al cargo de defensora general.
Vanini (a quien le tomó juramento nada menos que el Procurador General de la Provincia de Buenos Aires, Julio Conte Grand, que se encontraba en la ciudad) reemplaza a Pablo Radivoy, quien se desempeñó como interino por siete años, tras la jubilación de la doctora Graciela Cortázar.

La otra asunción se dió en la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial. En ese caso fue el doctor Patricio Lombardi quien ascendió al puesto de camarista de la Sala N° 1.
Lombardi, tiene 50 años, esposa y cuatro hijos. Se recibió en la UBA de abogado, allá por el año 2000. Trabajó en Buenos Aires en una asesoría de incapaces, entró como escribiente y llegó a oficial mayor. Luego de tres años le ofrecieron venir a Bahía, donde juró como prosecretario de la Sala 1, y estuvo en ese cargo durante 19 años. Luego pasó a ser secretario, puesto en el que estuvo cinco años, hasta la semana pasada.

El flamante camarista tiene una especialización en Derecho de la Empresa, otorgada por la UNS.
Tapitas y almuerzo
La semana pasada hubo presencias institucionales importantes. Una de ellas, sin dudas, fue la del ministro de la Justicia de la Nación, Mariano Cúneo Libarona.
El desembarco en la ciudad tuvo como objetivo poner en marcha el nuevo Código Procesal, por el cual la Justicia Federal local pasa del sistema inquisitivo al acusatorio.
Antes de los actos protocolares, el ministro pasó por los estudios de La Brújula 24 Radio, donde dejó importantes definiciones. Escoltado por custodios de la Policías Federal, que hicieron la obligada requisa en alrededores del edificio, el funcionario estuvo acompañado por gente de su cartera y por el Director Nacional de Prevención del Delito, que había llegado en representación de Patricia Bullrich.
Una vez finalizada la entrevista, los ojos de los indiscretos captaron una situación que no pasó desapercibida para el diputado Juan Manuel López, hombre de Elisa Carrió, que esperaba junto a Andrés De Leo del otro lado de los cristales del estudio. Cúneo, cuidadosamente, recorrió todo el lugar recogiendo las tapitas de las botellitas de agua y se las guardó en su impecable traje. Preguntado sobre la razón de su maniobra, antes de irse contestó: “Las junto para el Garrahan”.
López, reaccionó rápido con un comentario ultra ácido: “De no creer, estos son los que desfinancian al Garrahan y ahora juntan tapitas”.
Más tarde, el ministro de Milei seguiría con las tapitas. Esta vez en un almuerzo privado, al que asistieron jueces y algunas “personalidades” de la ciudad. En esa comida, muy bien servida por la Taberna Baska con boga, ceviche y ostras como platos principales, se habló de todo.
El agravamiento de las penas en el nuevo Código Penal en el caso de los peritos truchos, como Marcos Herrero, y los delitos vinculados a las nuevas tecnologías merecieron algunos de los comentarios del principal invitado.
Pero, según pudo saber esta sección, la comidilla -mientras se degustaba el postre- fueron las anécdotas sobre los fallos y otras andanzas del todavía magistrado provincial Onildo Stemphelet, que ese mismo día se había ganado una página completa del diario Clarín bajo el título: “El juez al que le revocan casi todos sus fallos y el escándalo con Gatúbela”.
Preparados
La inundación aún está en la mente de todos los bahienses. Y también de quienes tienen algún cargo o responsabilidad de liderazgo. Además de planificar en obras de infraestructura, también hay otros detalles no menores a la hora de pensar una ciudad ante una catástrofe similar.
Un ejemplo de ello son las nuevas camionetas de Defensa Civil, adquiridas hace poco por el Municipio, que tienen el agregado de las tomas o “snorkels” para que el motor reciba aire limpio a mayor altura y así lograr circular con una mayor profundidad en el agua.
Hablando de vehículos municipales, en breve habrá novedades en cuanto a la adquisición de nuevas unidades para reponer las pérdidas de aquel 7 de marzo en otras dependencias.
Libro
Raúl Woscoff ha encontrado en la escritura un modo de comunicación y expresión, pero también de entretenerse, y claro está, de lograr entretener a sus lectores. Este miércoles 8, a las 19, y en el café del Colegio de Abogados, en Sarmiento 54, presentará su nuevo libro titulado “El anillo”.
Se trata de una ágil e intensa novela, que combina personajes de ficción e históricos. Ambientada en el siglo XIX, cuenta la historia de una familia que, perseguida, abandona Ucrania. Las generaciones se sucederán ya en Argentina, en el siglo XX.
Esta es la séptima obra del abogado y exdirigente político, ya que tiene publicadas otras cinco novelas y un libro de aforismos.
Hospitales fundidos y pacientes calientes
Muchos bahienses no saben, o no quieren enterarse, que los hospitales “privados” de la ciudad están en un momento económico pésimo que lleva varios años y que se agudizó tras la pandemia. Eso hace rato comenzó a notarse en la atención.
Por estas horas se conoció la decisión de parte algunos de los centros de salud, de crear una especie de “tasa” por el uso de las instalaciones. Ese monto debía ser pagado por los médicos y profesionales “que nos usan la estructura y no nos dejan nada”, según comentó una alta fuente a esta sección.
Pero claro, como casi siempre, ese pago en la mayoría de los casos se trasladó, y no a las obras sociales y prepagas, sino a los pacientes. Eso quiere decir que muchos médicos les dicen: “Ahora tenés que abonarme tal monto por operarte, porque tengo que pagar el quirófano”.
La fuente consultada explica que “los pagos que reciben los hospitales por dar sus servicios, así como los honorarios que reciben los profesionales de la salud, no son lo que desbalancean el sistema. Los medicamentos, sobre todo los oncológicos y las prótesis, son los responsables mayoritarios de los gastos de la salud. Las obras sociales no ‘gastan’ más de un 8% por mes de sus ingresos para pagarles a los profesionales”.
Y agrega que “desde hace unos días los hospitales han incorporado un cobro por la reserva de los turnos de cirugía o quirófano para paliar la situación”.
Midgets
Bahía Blanca se convirtió en las últimas horas en la Capital Provincial del midget, a partir de un proyecto que avanzó en la Legislatura bonaerense, luego de aprobarse en Comisiones y ver luz verde primero en Diputados y luego obtener el visto bueno sobre tablas en Senadores.
El autor de la iniciativa es Fernando Compagnoni (PRO) quien argumentó que la actividad "convoca en promedio a unas 4.000 personas de la ciudad y de todo el sur de nuestra provincia, para un espectáculo motor que genera pasiones como en ningún otro lugar de nuestro país".
Además, recordó que la categoría "llegó a Argentina en la década de 1930 de la mano de un grupo de pilotos norteamericanos que arribaron al país junto a sus máquinas de competición para presentarse en Capital Federal. Luego se hizo fuerte en el año 1955 a través del Bahía Blanca Automóvil Club, que organizó el primer Campeonato Estival en un circuito alquilado al Club Liniers".
"Durante los 25 años siguientes, las carreras se organizaron a través de una Asociación de Pilotos, finalmente en el año 1979 nació el Club Midgistas del Sur continuando el crecimiento y desarrollo ininterrumpido de la categoría durante los siguientes 24 años", resalta.
Dolor
Durante el último fin de semana se conoció la triste noticia del fallecimiento de una de las voces más conocidas de las últimas décadas en la ciudad, quien supo desempeñar una loable labor en distintos medios de comunicación.
Hablamos de Marta Ester Castañeda, una locutora de raza con una dilatada trayectoria en Bahía Blanca que a los 75 años abandonó este plano, dejando como legado la calidez de los avisos publicitarios en los que hizo gala de un estilo fresco y cordial.
Castañeda fue durante varias décadas parte del staff estable de LU2 Radio Bahía Blanca. En las redes sociales, sus más allegados expresaron el dolor de su partida.
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