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Caso Facundo: asoma una nueva "actuación estelar"
El informe especial revela tenebrosos detalles del accionar de una médica forense que pelea con Herrero por el podio de "truchadas".
Doctora fábula
Las derivaciones de la Causa Facundo no dejan de sorprender. La nefasta manipulación política y mediática estuvo basada en un castillo de naipes que tuvo diversos arquitectos.
Sin dudas, la piedra angular fue el peritrucho Marcos Herrero, el cual este diario viene denunciando hace años y a quien, finalmente, en abril pasado la Justicia Federal lo condenó por su acción para desviar la investigación judicial por la muerte del joven Astudillo.
Sus mamarrachos eran un modus operandi y por eso, inevitablemente, le llegarán otras condenas por plantar prueba y mentir en delicados casos criminales a lo largo y ancho del país.
Pero Herrero no fue un paracaidista. Sin complicidades, por acción u omisión, no hubiese podido llegar tan lejos con sus fechorías, que tenían como objetivo personal ganar fama y dinero fabricando historias para el mejor postor y culpando inocentes.
En Facundo, hubo más personas que trabajaron para instalar la teoría de una desaparición forzada que nunca sucedió. Una de ellas es la médica forense Virginia Emma Creimer, la misma que por estos días es investigada por el conocido caso del médico Pablo Ghisoni, acusado falsamente por su hijo tras la manipulación de su madre. El “peritaje clave”, que se desarrolla más adelante, para que el armado tuviera éxito fue el de Creimer.
Peritrucha II
La profesional tuvo fulgurantes y estrepitosas apariciones en la causa Facundo. Su debut fue durante el hallazgo de los restos del joven en el cangrejal. De arranque, y antes de cualquier examen, sostuvo que el cuerpo podría haber sido sometido a un tratamiento con ácido o cal. La ciencia demostró -por supuesto- que eso era absolutamente falso.
Luego, durante la realización de la autopsia supervisada por la jueza federal Gabriela Marrón y llevada adelante por numerosos profesionales del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), peritos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación y científicos de distintas universidades; Creimer generó un escándalo al negarse a firmar las conclusiones del resto de los profesionales que afirmaban -por unanimidad- que Facundo no tenía lesiones pre-mortem, que se había ahogado en el mismo lugar donde había sido encontrado (el cuerpo no fue “plantado” como sostenía la querella) y no había habido participación de terceras personas.
La perito pataleó, gritó y dijo que “no correspondía” escribir que no había habido participación de terceras personas. La insólita reflexión le sonó ridícula a todos, pues el principal objetivo de la autopsia era saber si a Facundo lo habían asesinado.
La enviada de la querella redobló la apuesta y, más allá de que se determinó que no había lesiones ni tratamientos con cal, sostuvo que la aparición del fenómeno del “diente rosado” era una característica inequívoca de criminalidad. Nadie acompañó su teoría. Hasta hoy se recuerda la insolencia de intentar objetar, con inconsistentes fundamentos, a los expertos más calificados del país.
En paralelo, los abogados que habían contratado a la perito cumplían la función mediática de desacreditar al EAAF. “El informe es tendencioso. Dentro del equipo de antropología hay personas que son funcionarios del Estado como el Dr. Cohen. Ellos ya tenían todo armado y se enojaban cuando Creimer quería explicar su postura”, declaraba el abogado Leandro Aparicio. Siempre, desde la querella, se implementó la misma metodología de acción: atacar furibundamente a todos aquellos que se animaban a desmantelar la teoría de la “desaparición forzada”.
Durante el juicio contra el peritrucho, Marta Maldonado, la prestigiosa perito odontóloga forense perteneciente al Cuerpo Médico Forense de la Corte Suprema que había sido atacada por Creimer, explicó que “el fenómeno conocido como 'diente rosado' es producto de procesos post mortem, derivados de la degradación cadavérica: los gases de descomposición expulsan sangre hacia los dientes, otorgándoles una tonalidad rosada”.
Preguntada por el fiscal federal Gabriel López Da Silva sobre la escandalosa actuación de Creimer durante la autopsia, Maldonado señaló que le había llamado poderosamente la atención que los cuestionamientos los hiciera alguien que no era odontóloga forense.
Relató que Creimer se ofuscó cuando ella explicó que el diente rosado detectado en Astudillo era consecuencia de un fenómeno post mortem y no de una lesión vital. Y dijo que la situación se tornó tensa, pero que el Dr. Bossio —médico forense y asesor del EAAF— intervino para aclarar que la única explicación correcta, según la evidencia científica, era la de Maldonado.
Pero la cosa no termina allí.
No conforme con los papelones durante la autopsia, en una conferencia de prensa, la perito de la querella insistió en que Facundo había sido víctima de homicidio. No sólo por su teoría del diente rosado, sino porque las posibilidades de muerte del joven por accidente o suicidio eran imposibles. Temeraria.
“El accidente lo descartamos porque no tenía lesiones”, fue el escueto y contradictorio razonamiento de Creimer. Es decir, que no haya lesiones desechaba la teoría del accidente, pero no la del homicidio. Realmente extravagante.
La posibilidad de un suicidio también sería desechada por completo por la mujer. En este caso, los “argumentos” utilizados no sólo fueron vagos, sino que son diametralmente opuestos a los que existen en el expediente judicial.
“Lo del suicidio es inviable porque Facundo NO tenía antecedentes de ideación suicida, tenía todo un proyecto de vida por delante”, aseguró sin ponerse colorada.
Hay dos opciones: Creimer es una inepta e irresponsable o, sencillamente, aterrizó en el caso para falsear la realidad y los datos duros.
A saber:
En las fojas iniciales se puede leer la primera declaración de la madre del joven, que constituye el inicio formal de la causa. Fue el 5 de junio de 2020, más de un mes después de la desaparición del chico. Su acercamiento a la comisaría sería por insistencia de terceros.
Cristina Castro describiría que su hijo “estaba mal, deprimido y que lloraba todos los días”. Y agregó que ella quería darle asistencia psicológica pero que él se “negaba rotundamente”. Con el desembarco de la querella, Castro iría llamativamente modificando su relato.
El 15 de junio declararía Mauricio Iván Castro Vallejos, primo de Astudillo. Señaló que la última vez que vio a Facundo fue una madrugada de marzo (un mes antes de su desaparición), que se le apareció en la casa y le contó que se había peleado con su novia Daiana. “Lo vi triste, deprimido por haber terminado con su pareja. Más de una vez me contó que tenía deseos de quitarse la vida”, describió.
Uno de sus mejores amigos, llamado Daniel Gayte, declaró bajo juramento y dijo: “A Facundo lo veía triste y angustiado. Facundo me dijo que se quería matar, que lo había intentado pero que no se había animado. Facundo estaba muy mal. Se la pasaba llorando, estaba angustiado y quería volver con Daiana”.
Y agregó que Facundo tampoco estaba bien con su madre: “No tenía buena relación con la mamá, Facundo decía que ella no lo comprendía y no aceptaba su forma de vivir”. Su testimonio concluye con el último encuentro con su amigo: “La última noche que lo vi me dijo que se iría porque no quería ser más una molestia para nadie. Él decía que 'no podía creer la ironía de la vida, cómo una mamá te tiene y después te da la espalda', y dijo que tomaría la ruta y se iría sin rumbo”.
El 20 de junio prestó testimonio otra amiga de Facundo. Contó que se conocían hace unos cinco años, que la última vez que se lo había cruzado había sido en marzo, en una feria de Pedro Luro y que “notó que no estaba muy bien de ánimo” y que “se encontraba muy afectado” por la ruptura amorosa.
El 22 de junio declararía Daiana, su exnovia. Ella reveló que se habían peleado hacía tres meses y que Facundo le decía: “Si no volvemos a estar juntos me mato”. Que esa fue la última vez que lo vio. Luego lo bloqueó de las redes sociales y le rechazaba las llamadas. “Facundo siempre que me llamaba amenazaba con quitarse la vida. Es una persona muy depresiva”, describió.
Hilda Castro, una tía del joven, preocupada por la desaparición de su sobrino, le pregunta a Daiana por redes sociales si sabía algo. Esta fue la respuesta: “Hola, mirá… yo no tengo ni idea. La última vez que hablamos fue el 30 de abril y él me dijo que se iba a venir para Bahía. Yo le dije que no, porque ya no estábamos juntos. Y me dijo que iba a agarrar ruta y que si llegaba bueno… y que si no también”.
También existe una conversación entre una amiga de Facundo llamada Liz Berna -que vivía en Misiones- que cuando se entera de la desaparición le pregunta a Daiana si tenía novedades. Ella contesta: “Facu es re loquito, él es capaz de agarrar ruta, caminar y caminar hasta cansarse. Te lo digo porque cuando éramos novios y él vivía en Luro se venía caminando de allá para acá. Y a veces era de noche y llegaba tipo 4 de la mañana, cansado, con hambre y frío”. Y agrega: “Lo que pasa es que la madre siempre hizo diferencia y Facundo estaba deprimido. Cristina es una irresponsable. O sea, es la madre y hace un mes que no sabe nada de él y no movió un dedo por su propio hijo. Si no hacen la denuncia, no van a saber de él”.
A estos testimonios y diálogos reveladores de su círculo íntimo, hay que sumar las cartas escritas de puño y letra por Facundo a Daiana que se publican en el libro Operación Facundo, de Germán Sasso.
“Dai primero que nada agradecerte por estos dos años juntos, por todos los momentos hermosos que me permitiste pasar a tu lado y tantas risas, tantas noches a tu lado. Recuerdos hermosos que quedan en mi mente. Quiero pedirte disculpas por todo lo malo que te causé, por haberte tratado mal en ocasiones, por haberte engañado y levantarte la mano. Me arrepiento de todo eso. Para mí sos mi mundo, sos la mujer que quiero a mi lado, sos el amor de mi vida, me duele mucho perderte por haber sido una bestia con vos, hoy me doy cuenta que hice todo mal y por más que quiera sé que ya es tarde para demostrarte que estoy cambiando. Voy a tratar de no pensar en este final. Te amo con el alma y gracias por todo. Con amor, Facu Castro”.
En la segunda carta, Facundo escribe con un tono más dramático: “Buen día, bueno voy a contarte qué me pasa últimamente, estoy muy mal, me siento vacío por dentro. Siento que te perdí para siempre, que perdí tu confianza y toda oportunidad de recuperarte. Hice todo mal y creo que es el precio de mis acciones. Estoy muy deprimido por dentro, decepcionado de mí mismo, me arrepiento muchísimo de haber hecho todo mal, de traicionar tu confianza, de haberte engañado, sé que haga lo que haga nada va a devolverme eso que teníamos. Perdí la esperanza de recuperar tu amor. Me arrepiento porque sos lo único que tengo, sos la única familia que me quedaba y arruiné todo. No sé qué hacer de mi vida, ya no quiero hacer nada. No tengo ánimo, sin ganas de vivir. Y también sé que no me vas a dar otra oportunidad. La otra noche cuando me fui me paró la policía porque intenté saltar del puente solo cuando venía el tren, pero no me animé, no tuve las pelotas. Te amo con toda mi alma Dai”.
Paper interno
A todo lo mencionado, que deja en una posición grotesca a Creimer al querer deformar los hechos y los datos duros agregados a la causa judicial, se suma un paper interno que elaboró el reconocido antropólogo y director de la Dirección del Registro de Personas Desaparecidas de la Provincia de Buenos Aires, Alejandro Inchaurregui.
Entre otros pergaminos, el hombre cuenta con ser miembro fundador del EAAF y ser quien encabezó la búsqueda e identificación de los restos Ernesto “Che” Guevara, un hecho histórico y de reconocimiento mundial.
En julio de 2020 confeccionó un informe en donde consigna que desde su oficina se comunicaron con la madre de Astudillo. En ese momento, la mujer reiteró lo mismo que manifestara en su primera declaración y antes del desembarcó de la querella. Y vuelve a mencionar la depresión de su hijo.
“Habiéndose tomado conocimiento del caso, el día 10 de junio la abogada Débora Wanda Schwartzberg se comunicó con la señora Cristina Castro Alanis, madre de Facundo José Astudillo Castro. La señora es la denunciante y el motivo del llamado es el habitual para estos casos: recabar más información, actualizarla, solicitar detalles que en la denuncia policial pudieran no estar consignados. En esa ocasión la señora no aclaró por qué demoró cinco (5) semanas en realizar la denuncia y manifestó que su hijo había viajado a la ciudad de Bahía Blanca para intentar reconciliarse con su ex pareja. Ante las preguntas de estilo sobre salud mental y otros tópicos, la señora Castro Alanis manifestó que su hijo estaba deprimido por la situación afectiva que transitaba”, señala el documento al que tuvo acceso este medio.
El informe no sólo revela que Creimer falseó los hechos sobre las condiciones psicológicas por las que atravesaba Facundo al momento de fallecer, sino que expone la perspectiva que la señora Castro tuvo del caso antes y después de la invasión de peritos de parte y abogados.
Segunda turmalina, tercer amuleto
El 18 de febrero de 2021 se produjo un episodio tal vez menos conocido, pero no menos bizarro en los capítulos de la “novela Facundo”. Ese día de verano “trabajaron” en conjunto Marcos Darío Herrero y Virginia Creimer en el puesto policial de Origone. Una combinación verdaderamente explosiva.
La anterior socia del hombre de los perros había sido una pitonisa declarada inimputable. La mujer decía que realizaba un ayuno que le permitía hablar con los muertos. En agosto de 2020, declaró que el propio Facundo, desde “el más allá”, la había guiado hasta un campo cerca del ingreso a Buratovich. Aquel episodio del horroroso show incluyó la aparición de huesos de vaquillona, que intentaron hacerlos pasar por los del joven muerto. Huelgan los comentarios.
En Origone, en una derruida edificación que ampulosamente lleva el nombre de puesto de vigilancia, se daría el último acto delictivo del peritrucho Herrero y por el que fue condenado en abril. Aquel jueves por la tarde, los delirios del adiestrador serían complementados por el accionar de Creimer.
Se trataba de un lugar rastrillado e inspeccionado hasta el cansancio. Donde ocho meses antes, Herrero -o un cómplice- había plantado la famosa vaquita de San Antonio para hacer creer que Facundo había estado allí. Ningún otro perito, ni experto, ni científico, ni forense, ni guía canino había descubierto vinculación alguna con el desaparecido.
Al poco tiempo, la ciencia desmintió todo lo que en la mayoría de los medios se repetía como verdad. El fraude había quedado al descubierto en la causa, aunque se ocultaba. En Origone, nunca hubo sangre, ni ADN, ni pelos de Facundo. La querella, con todo, llegaría a pedir detenciones con esa “evidencia” fraudulenta.
La jueza Marrón los sacaría corriendo.
Meter el perro (y la mano)
La cadena de pruebas truchas se había iniciado en aquel pueblito y allí se cerraría. En el medio, había habido manipulaciones en Bahía y Buratovich. Pero siempre se vuelve al primer amor.
Con el acting de siempre, Herrero bajó con su perro y -obviamente- volvió a cantar positivo: “Esencia de Facundo”. Esta vez el procedimiento no lo supervisaba la Policía Federal, sino la Gendarmería.
Ninguno de los uniformados creyó el circo, pero debieron soportarlo porque estaban los fiscales presentes.
El positivo era en el mismo lugar de siempre: un viejo calabozo donde permanecía el mismo colchón examinado hasta el hartazgo.
Aún recuerdan la empecinada insistencia de la perito Creimer en revisar y revisar. Como no nadie encontraba nada y se hacía tarde, Creimer metió mano. Entre la suciedad que acompañaba al colchón se produciría un nuevo milagro: el tercer amuleto de Facundo. Era una minúscula piedrita oscura, que para la querella era otro trozo de turmalina. (NdR: La primera turmalina plantada había “aparecido” en un Toyota Etios de Bahía Blanca).
De más está decir que ese objeto no tenía ni ADN ni sangre de Astudillo.
En el juicio de abril pasado, que terminó con la condena a 7 años de cárcel para Herrero, varios testigos recordaron el triste show y describieron la conducta de Creimer.
Rodrigo Nicolás Pintos era integrante de la Unidad de Investigaciones de la Gendarmería Nacional cuando se llevó a cabo el procedimiento: “comenzó alrededor de las 8:30 o 9 de la mañana y participaron los abogados Peretto y Aparicio. Además, una perita en criminología llamada Creimer y el imputado Herrero con su can”.
Pintos confirmó que había personal de la Justicia presente, aunque no recordó los nombres. Luego señaló que el perro no marcó ningún objeto relevante pero que, aun así, Herrero sostuvo que la marcación era positiva. Uno de los nombres de los que no se acordó el gendarme era el del entonces fiscal Andrés Heim, que hay que reconocer que no le fue nada mal luego de avalar los desmanes de la querella: fue nombrado juez federal en Pehuajó.
El uniformado explicó que, después de un tercer registro realizado en el mismo día en el mismo calabozo, Creimer encontró una piedrita. Describió el elemento como “una piedra pequeña (de 1cm por 1cm), de color negro y sin una forma” Y agregó que la madre de la víctima, presente en el lugar, comentó que era la turmalina de su hijo y que al momento de desaparecer la llevaba puesta en un collar.
Al cerrar los alegatos del juicio, el fiscal federal Gabriel González Da Silva explicó ante el Tribunal que había decidido no interrogar a Creimer por lo sucedido en Origone. Lo hizo para evitar que pudiese autoincriminarse, ya que estaba respondiendo como testigo. El funcionario está convencido de que la mujer fue cómplice de Herrero y que debiera responder como imputada (ver video). Al terminar, solicitó que se extrajeran copias del expediente y se la remitieran a la fiscalía en turno para que la conducta de Creimer y de la madre de Facundo sean investigadas por la Justicia.
Bajo la lupa en un resonante caso
El médico Pablo Ghisoni fue denunciado por Andrea Vazquez, la madre de sus hijos, por el delito de abuso sexual. Pasó tres años preso y la Justicia lo absolvió en dos instancias.
Hace unos días, hubo conmoción pública cuando uno de los hijos realizó un video confesando haber sido manipulado por su progenitora.
Ahora un fiscal investiga no solo a Andrea Vázquez por falsa denuncia, sino también a Virginia Creimer, que actuó como perito de parte. Hora tras hora crecen las sospechas sobre una posible asociación ilícita, compuesta por profesionales mercenarios (incluidos abogados).
Entre otras cuestiones, los investigadores quieren determinar si Creimer cobró una abultada suma de dinero para firmar un peritaje falso.
En el fallo de Casación, en el que absuelven al médico, se revela un entramado tenebroso para la construcción de una historia falsa. La temeraria jueza que ordenó la prisión preventiva Ghisoni basó su decisión en la “conclusión” de Creimer, que fue la única perito que afirmó que el hijo del matrimonio había sido abusado.
Además de dejar en claro que la declaración del adolescente “incluía relato de terceras personas adultas”, los jueces repasaron lo acontecido en el juicio de primera instancia, donde la fiscalía retiró la acusación por falta evidente de pruebas. Todo siguió adelante con la acusación de la querella, cuya prueba más contundente era el informe de la perito estrella.
Monstruosa
Los magistrados describen, casi al inicio del análisis del caso, que el juicio oral estuvo signado por el cuestionamiento a la “ética, profesionalidad y confiabilidad de la médica Creimer”.
Y agregan que fue duramente objetada, no solo por afirmaciones sobre el abuso, sino por -paradójicamente- revictimizar al menor que decía defender.
“Entrevistó y practicó un examen médico al menor antes que la perita oficial, sin control de la contraparte y cuando las pericias oficiales se habían frustrado por la falta de concurrencia del niño a las citaciones. Creimer evaluó al menor en forma particular, haciéndole preguntas sugestivas sobre el hecho. Ella sabía que se había desaconsejado que el niño volviera a declarar sobre el hecho. Además, Creimer, `no sólo entrevistó al niño´, sino que modificó la opinión sostenida dos meses antes”, señalaron los jueces.
Seguidamente, recordaron que durante el debate “Creimer admitió que intervino en la causa por pedido de la progenitora del menor. Que lo hizo como perito de parte, con lo cual era sumamente consciente que estaba introduciendo una prueba por la ventana, sabiendo que el perito oficial había dictaminado lo contrario y conociendo que no iba a haber otra posibilidad de entrevistar al menor sin revictimizarlo; dejando en consecuencia al imputado sin el debido contralor de la prueba, afectando así su derecho de defensa en juicio”.
Y sin dudas lo más grave de todo fueron las conclusiones del peritaje. En el informe individual que presentó Creimer, expuso que al examinar al menor constató diversos signos que asoció "definitivamente" a lesiones por “abuso sexual crónico”. Una junta médica la desautorizó y descartó el abuso.
El tribunal afirmó que "la falta de imparcialidad de Creimer" quedó en evidencia.
Además de firmar un peritaje a contramano de profesionales serios y respetados, Creimer quedó envuelta en otra situación, acaso, aun más perversa.
Los magistrados indicaron que Creimer había revictimizado al menor al tomarle innecesariamente fotografías de sus genitales.
“Las fotografías que tomó Creimer durante su evaluación particular constituyeron una revictimización innecesaria del niño, pues quedó claro de su declaración que no tuvieron por objeto una eventual nueva pericia. Insólitamente Creimer cuestionó las conclusiones de la junta médica (que la contradijo) bajo el argumento de que se basaron en las fotografías ´y no era lo mismo porque no se puede tener la misma dimensión`. Interrogada entonces por qué sacó las fotos, si no iban a servir para una nueva pericia, contestó ´que fueron para reproducir de mejor manera a lo que se está refiriendo, ya que vale más una imagen que mil palabras. La perita de parte reconoció que las fotos de la zona anal del menor no fueron tomadas con el objeto de permitir una nueva evaluación, sino exponerlas a quienes no se dedican a la medicina, por el impacto que la imagen podía generar”, describió el tribunal.
Creimer se promociona como docente universitaria de Medicina legal y da clases de “Ética en el Ejercicio Profesional”.
Todo, verdaderamente monstruoso.
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