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De Argentina al espacio: el microsatélite que hizo historia con la misión Artemis II

El desarrollo, impulsado por la CONAE junto a universidades e instituciones nacionales, permitió validar tecnología en condiciones reales de espacio profundo.

Un microsatélite argentino denominado “Atenea” formó parte de la misión Artemis II de la NASA y logró cumplir con éxito sus objetivos, en un proyecto que involucró a organismos científicos y universidades del país, según explicó Fernando Filippetti, director del desarrollo. La iniciativa fue coordinada por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y permitió validar tecnología nacional en condiciones reales de vuelo espacial

"Es una iniciativa de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), que es nuestra agencia espacial argentina, que convocó a varias universidades y organismos nacionales, en específico al Instituto Argentino de Radioastronomía, Comisión Nacional de Energía Atómica y tres universidades públicas y nacionales, la de Buenos Aires, de La Plata y San Martín; junto con la empresa VENG", comentó Filippetti en el programa Nunca es Tarde, de la La Brújula 24.

Entre los principales objetivos del microsatélite se destacó la medición de radiación en el espacio profundo y la evaluación del comportamiento de componentes electrónicos en esas condiciones. Además, incorporó un sistema experimental de posicionamiento que recaba información por encima de la constelación de satélites GPS, con potencial aplicación en futuros desarrollos tecnológicos.

Al detallar las funciones del dispositivo, el especialista indicó que “tiene varias misiones, entre las que suelo destacar un sistema de GPS que recaba información por encima de la constelación de GPS para en un futuro poder hacer algún estudio de diseñar un nuevo sistema de GPS que funcione utilizando la constelación, pero por fuera".

"También muy interesante del lado científico, es medir radiación, lo que mide es el deterioro de un transistor, de una electrónica en silicio, en esas condiciones, y con esa información uno puede aprender y estimar cuánto es el deterioro de la electrónica a bordo", agregó.

Filippetti señaló que uno de los logros centrales fue la validación de sistemas como la computadora a bordo, las antenas y la radio, que permitieron transmitir datos a la Tierra. En ese marco, sostuvo: que “en el caso de Atenea fue exitoso, funcionaron estos sistemas, por lo cual se pudieron bajar todos los datos y por ese lado fue un rotundo éxito, también se pudo bajar los datos de las cuestiones más experimentales, más científicas".

El desarrollo también permitió incrementar el nivel de madurez tecnológica de componentes nacionales, un aspecto clave en la industria aeroespacial. La posibilidad de probar estos sistemas en condiciones reales de operación representa un paso relevante para futuras misiones y posiciona al país dentro de un grupo reducido de participantes con resultados exitosos.

Sobre el impacto del proyecto en el sistema científico argentino, Filippetti destacó que "nos pone entre los mejores a nivel mundial como país, nos pone en una situación, en una exposición y muestra que Argentina es uno de los países líderes en la industria y que tenemos mucho para aportar, así que por ese lado creo que fue un trabajo excelente.”

Según se detalló, más de 50 agencias espaciales fueron invitadas a participar del proyecto internacional, pero solo cuatro lograron presentar desarrollos y únicamente dos obtuvieron resultados satisfactorios, entre ellos Argentina. Este desempeño refleja la capacidad del sistema científico-tecnológico nacional para integrarse en iniciativas de alta complejidad y sostener proyectos en cooperación internacional.

La misión Artemis II fue el primer vuelo tripulado del programa Artemis de la NASA en más de 50 años con destino a la órbita lunar: despegó el 1 de abril de 2026 desde el Centro Espacial Kennedy a bordo del cohete SLS, llevó a cuatro astronautas en la cápsula Orión, realizó un sobrevuelo alrededor de la Luna durante unos 10 días y finalizó con su amerizaje en el océano Pacífico a mediados de abril de 2026, como paso previo a futuras misiones de alunizaje.

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