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De Ayer a Hoy

Mena: "Nunca proyecté una carrera política ni perpetuarme en un cargo"

El psiquiatra repasó el paso por la comuna. El accidente reciente que cambió su percepción sobre la vida. Y el dolor por un artículo periodístico que lo ligaba con la muerte de Glasman: “Fue una nota novelada”.

Fotos: Pablo Noir (La Brújula 24).

Por Leandro Grecco
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Psiquiatra con más de cuatro décadas de trayectoria, ex secretario de Salud, de Gobierno, Jefe de Gabinete en el municipio y vecino nacido y criado en Bahía Blanca, Gustavo Mena repasó su historia personal, su formación profesional y su paso por la función pública, con una mirada reflexiva sobre la medicina, la salud mental y la gestión estatal, en una extensa charla en la que reivindicó el diálogo, el consenso y el compromiso con la comunidad.

“Me siento muy bahiense. Y cuando me tocó vivir afuera de la ciudad, ya sea por estudio o cuando hice la residencia, extrañé mucho”, afirmó Mena al recordar sus orígenes. Nacido en el barrio Pedro Pico, a pocas cuadras de donde hoy desempeña su tarea profesional, evocó una infancia marcada por la vida barrial y el Club Pueyrredón, donde jugó al básquet, disciplina que le permitió conocer especialmente a ‘Lito’ Fruet, pero también (Adrián) Monachesi, ‘Beto’ Cabrera que falleció joven y en menor medida con ‘Polo’ De Lizaso. 

“Nací en este barrio, a una cuadra de donde tengo mi consultorio. Éramos de la época de los jóvenes que no tenían entretenimientos electrónicos y nuestro lugar de reunión era la cancha”, señaló, al tiempo que recordó la histórica rivalidad con clubes de la zona y su paso por las Escuelas Primarias N° 1 y N° 5 y la secundaria en las vinculadas a la Universidad Nacional del Sur.

La vocación apareció temprano. “Ya desde la primera adolescencia no dudé del tema de la medicina y especialmente del cerebro”, contó. Si bien al inicio evaluó a fondo las distintas especialidades, explicó que fue la amplitud de la psiquiatría lo que terminó de convencerlo. “Es muy amplia y tiene aspectos antropológicos, psicológicos, sociológicos, neurocognitivos, del cerebro”. 

Y en esa dirección, agregó: “Esta disciplina integra distintas ciencias y creí que me iba a enriquecer más como persona”, expresó. Estudió Medicina en La Plata, se recibió con uno de los mejores promedios de su camada y luego realizó la residencia en Mar del Plata, un polo relevante de la especialidad tras los movimientos intelectuales de las décadas del 60 y 70.

Único varón de tres hermanos, hijo de una docente que fue directora de una escuela especial y de un empleado administrativo que llegó a ser jefe de personal, Mena se definió como el típico “vecino bahiense”, formado en una ciudad atravesada por la cultura del básquet y por referentes deportivos que luego formaron parte de su vida personal. “Era una época muy feliz”, resumió.

Consultado sobre los prejuicios históricos en torno a la psiquiatría, recordó que durante muchos años la especialidad estuvo asociada a estigmas: “En ese momento la palabra ‘loco’ era utilizada como instrumento de discriminación. Hoy ya entendemos que la persona que acude a un psiquiatra no necesariamente lo está y también se ha logrado desmitificar el tema de la medicación”, explicó.

Para Mena, el gran quiebre en la disciplina llegó con los avances: “La salud mental ha tenido una evolución que ha marcado un quiebre a partir de la revolución tecnológica de los años 80 y 90, que ayudó mucho en el conocimiento del cerebro, de las áreas afectadas y de los mediadores químicos”, sostuvo, y remarcó que la psiquiatría integra tanto las neurociencias como el contexto social, cultural y económico del paciente.

Con casi 43 años de ejercicio profesional, Mena desarrolló su actividad en prácticamente todos los ámbitos del sistema de salud local. “Trabajé en el hospital Municipal, en el Italiano, en el ex Maternidad del Sur, en el Español. Hice todos los trabajos que un médico pueda hacer”, enumeró. Además de su especialización en psiquiatría, realizó estudios en administración hospitalaria, medicina sanitaria y medicina laboral, formación que despertó su interés por la gestión pública.

Ese recorrido lo llevó a ocupar cargos de responsabilidad, entre ellos el de secretario de Salud, una función que definió como la más reconfortante de su carrera. “El puesto que más me gratifica como persona fue el de ser secretario de Salud”, afirmó. Entre los logros que destacó, mencionó la ordenanza aprobada por unanimidad en 2007 que reconoció la categoría profesional de los licenciados en enfermería. 

“Aquella fue una de las mayores satisfacciones, porque considero que todos los agentes de salud colaboran de la misma manera hacia el paciente”, expresó, y subrayó que desde el personal administrativo hasta los profesionales altamente especializados cumplen un rol clave en la calidad de atención.

Durante su paso por la gestión, aseguró que siempre buscó establecer consensos. “Mi visión fue tratar de construir con la oposición. No los veía como enemigos, sino como vecinos que pensaban distinto y que muchas veces enriquecen en su diferencia”, sostuvo. En ese sentido, dejó en claro que nunca tuvo una ambición en el ámbito público.

“Mi interés no era elegir una carrera política personal ni perpetuarme en ningún cargo, sino el de gestionar”, remarcó, y valoró el reconocimiento cotidiano de los vecinos como la mayor recompensa. “Que un vecino se acuerde de que tal vez hicimos algo positivo y me salude, eso ya te paga todo”.

Luego, se refirió a la acusación pública que lo involucró años atrás en el marco de la causa por el crimen del doctor Felipe Glasman. Como primera medida, Mena agradeció la consulta de este cronista y negó haber sido acusado formalmente por la Justicia y sostuvo que se trató de una situación mediática “injusta” que no reflejó la realidad de los hechos.

“No fui acusado con nombre y apellido”, afirmó de manera categórica al ser interrogado sobre aquel episodio. En ese sentido, explicó que la publicación periodística que deslizó su nombre no estuvo dirigida específicamente hacia su persona. “Con quien escribió esa nota, después de algunos años, tomamos café y reflexionamos. La nota no estaba dirigida a mi persona, sino que fue un artículo desafortunado, tal vez desgraciado, en el sentido de no ser fiel a la verdad”, expresó.

Y fue aún más allá sobre aquella publicación a la que definió como “novelada” y que según manifiesta no fue fiel a la verdad: “Hasta el señor (Vicente) Massot –director de La Nueva Provincia por aquel entonces– me llamó para disculparse sobre una nota que fue titulada ‘Guerra de la Salud’”.

Según relató, en aquel artículo se incluyó a un amplio número de dirigentes y referentes locales. “Se mencionó un abanico de personalidades, desde el intendente hasta personas políticas de la oposición, a mi socio, a todos. Se hizo una especie de aquelarre, una barrida de todos los dirigentes que podían, de una u otra manera, tener una visión distinta al estatus quo de la situación en Bahía Blanca en ese momento”, sostuvo.

Mena remarcó que su vínculo con Glasman era una relación desde lo humano y también el intercambio intelectual. “Lo consideraba una gran persona, un allegado muy cercano. Disfrutamos de charlas, él era un acérrimo radical pero se podía dialogar sin entrar en fanatismos. Felipe era un ser extremadamente inteligente”, señaló. Recordó además que compartían largas conversaciones sobre política y gestión, en una época en la que, según dijo, “se le daba al diálogo y al consenso un valor que hoy humildemente creo que no lo tiene”.

“No me tocó vivir circunstancias controvertidas desde ningún punto de vista, ni respecto a la legalidad de los hechos ni desde algún tipo de acusaciones”, afirmó. Agregó que durante su paso por la función pública mantuvo siempre una relación institucional correcta y una “dialéctica constructiva” con los distintos sectores políticos.

Al recordar aquellos años, destacó el valor que tenía entonces el diálogo político. “Se valoraba el consenso, el disenso y la alternancia. No creerse con ninguna verdad absoluta”, afirmó, y vinculó esa formación con su paso por la universidad. “A mí me enseñaron a dudar, a hacerme preguntas y a aceptar la opinión del otro para enriquecerme”.

Ingresando en el segmento final recordó un episodio que no tomó estado público, pero que lo tuvo al borde de la muerte. “Hace algo más de un año sufrí un accidente en la Avenida Santa Fe, en Buenos Aires, fui atropellado por un colectivo. Mi situación clínica no era buena, por lo que me trajeron a Bahía Blanca en un avión sanitario, tal es así que no se ponían de acuerdo quién iba a llevar adelante la primera intervención quirúrgica”.

“Aún tengo secuelas”, relató, mientras exhibía la cicatriz en uno de sus antebrazos y cierta imposibilidad de movilizar la zona: “Sentía la fragilidad de aquella persona que no sabía si iba a poder seguir con su vida. No obstante, lo que mayor fortaleza le brindó fue el afecto de parte de sus colegas que lo visitaban. “Venía el Presidente de la Asociación Médica, el director del nosocomio en el que estaba internado y otros colegas a los que les agradecí a través de mi cuenta de las redes sociales”.

En 1998, una secuencia similar, aunque con resabios no tan delicados, había marcado su destino luego de un choque automovilístico cerca de lo que hoy es la rotonda de acceso al Barrio Patagonia. Gustavo ya estaba curtido: “Elegí ser asistido en mi ciudad por la calidez de nuestros profesionales”. 

Finalmente, reflexionó sobre la salud mental de quienes ejercen su profesión: “Nos caben todas las características de la condición humana. Todos somos vulnerables, todos sentimos angustia y todos sufrimos”, señaló. La posibilidad de consultar, reflexionar y expresar las propias angustias es parte del desarrollo de cualquier persona. “Exteriorizar cosas con otra persona capacitada para pensar y responder en voz alta es muy importante y enriquecedor”.

Su verborragia lo caracteriza al máximo, el modo en el que medita cada una de las palabras que expresa son un claro reflejo de su manera de vivir. Reflexivo y sin perder el eje, Mena elige enmarcar sus acciones lejos del ruido público y las luces que lo habían convertido en uno de los dirigentes con mayor visibilidad de la esfera pública. Hoy, siente satisfacción por haber realizado su aporte y está convencido que deja una huella en el ámbito privado.

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