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Murió James Watson, el científico que descifró la estructura del ADN

El codescubridor de la doble hélice y figura clave del Proyecto Genoma Humano falleció a los 97 años; su legado científico convive con una trayectoria marcada por polémicas.

James Watson, uno de los protagonistas de uno de los hitos más importantes de la ciencia del siglo XX, murió a los 97 años. El anuncio fue realizado por el Laboratorio Cold Spring Harbor (CSHL), donde trabajó durante décadas. El genetista estadounidense, laureado con el Premio Nobel de Medicina en 1962 por el descubrimiento de la estructura del ADN, falleció en un centro de cuidados paliativos tras una breve enfermedad, según informó su hijo, Duncan Watson.

“Con profunda tristeza lamentamos el fallecimiento del Dr. James Watson... Reconocemos las increíbles contribuciones del Dr. Watson a la ciencia y a la comunidad investigadora”, expresó el CSHL en la red X. Su familia destacó que “nunca dejó de luchar por las personas que sufrían enfermedades”.

Watson fue una figura central en la elaboración del modelo de la doble hélice del ADN, un trabajo realizado en 1953 junto a Francis Crick y Maurice Wilkins, basado en imágenes obtenidas por la cristalógrafa Rosalind Franklin. Ese descubrimiento no solo marcó un antes y un después en la biología molecular, sino que permitió entender cómo se almacena y replica la información genética, abriendo la puerta a avances como la ingeniería genética, la medicina personalizada y el desarrollo de pruebas de ADN.

A lo largo de su carrera, Watson también se destacó como autor y gestor científico. Desde 1968 dirigió el Laboratorio Cold Spring Harbor, desde donde impulsó la investigación en cáncer, neurociencia, biología vegetal y genética. Además, fue uno de los impulsores iniciales del Proyecto Genoma Humano, movido en parte por su interés en entender enfermedades mentales como la esquizofrenia.

Pese a su brillante trayectoria, su figura quedó empañada desde 2007, cuando declaraciones de tinte racista publicadas por el Sunday Times lo alejaron de la dirección del laboratorio. “Todas nuestras políticas sociales se basan en la premisa de que su inteligencia es igual a la nuestra”, dijo sobre la población africana, citando supuestas “pruebas” en contra. Tras nuevos comentarios similares, fue finalmente excluido de manera definitiva del CSHL.

Watson fue también un personaje influyente en la cultura popular: su imagen formó parte de campañas publicitarias, y la icónica ilustración de la doble hélice llevó su firma por el mundo. En 2014 vendió su medalla Nobel por 4,7 millones de dólares —una decisión que él mismo vinculó a su “ostracismo” en la comunidad científica—, aunque el comprador la devolvió a la familia.

Con su muerte, señala Infobae, desaparece uno de los últimos testigos directos de una de las mayores revoluciones científicas de la humanidad. Sus colegas Crick y Wilkins fallecieron en 2004, y Rosalind Franklin murió en 1958, antes de que se otorgara el Nobel. Pese a sus sombras, James Watson deja un legado indeleble por haber contribuido a desentrañar el código fundamental de la vida.

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