Caso Facundo
Caso Facundo: acusan al abogado Luciano Peretto de ser cómplice del peritrucho
El juez federal Walter López Da Silva lo llamó a prestar declaración indagatoria. Los investigadores creen que Herrero no actuó solo en el armado de la causa.
La Justicia comienza a sospechar que el peritrucho Marcos Herrero no actuó solo. Creen que pudo tener cómplices o, más grave aún, mandantes que dirigieran sus acciones para desviar la investigación por la muerte de Facundo Astudillo Castro.
¿Fue un paracaidista que planificó todo motu propio o hubo un plan de trabajo con un fin específico?
Tras la condena al expolicía rionegrino, ahora el fiscal Santiago Ulpiano Martínez avanza con una segunda etapa de la pesquisa: tratar de establecer si otras personas estaban al tanto del plantado de pruebas y las mentiras.
En esa dirección, el juez de primera instancia, Walter López Da Silva, ordenó la declaración indagatoria del abogado Luciano Peretto, “cerebro” de la querella de Astudillo Castro.
El pasado 22 de abril el TOF bahiense sentenció a Herrero a siete años de cárcel por falsear la verdad en siete hechos puntuales. Se trata de mentiras que se introdujeron en el expediente judicial y por eso fueron pasibles de sanción. Si se contaran los disparates o delirios mediáticos, esa cantidad se multiplicaría notablemente.
Como se sabe, y así lo detalla el libro El Coleccionista de Huesos, escrito por el periodista Germán Sasso, Herrero tenía un modus operandi que desplegaba en cuanto caso era convocado. La protección mediática y política fueron pilares fundamentales para que el policía sembrador de pruebas hiciera su trabajo sucio.
Desbocado por su “fama y éxito”, el hombre engañó a (casi) todos con sus extraordinarios hallazgos falsos: huesos, amuletos, sangre, etc. Luego se promocionaba por TV para conseguir otros casos de alto impacto, seguir estafando y jugando con la verdad.
Indagatoria
En Facundo sus truchadas no solo sirvieron para crear una ficción, sino que pusieron en riesgo la libertad de personas inocentes. Desde la querella de Astudillo llegaron a solicitar detenciones con la prueba ridícula aportada por Herrero.
Con la truchada del amuleto de la “vaquita de San Antonio” en el destacamento policial de Origone, la querella pidió meter preso al policía Alberto González. Quisieron hacer creer que Facundo había estado secuestrado allí y, pese a que anteriormente, habían sostenido que el “secuestro” se había producido en Buratovich y que los autores eran otros policías.
Todos los shows del peritrucho (“sangre” en los patrulleros, huesos de Facundo que, en verdad, eran de vaquillona, y múltiples amuletos) siguen siendo analizados pormenorizadamente para tratar de establecer posibles complicidades.
El primer episodio en el que avanzó el fiscal federal es, puntualmente, un procedimiento realizado en la sede de Gendarmería Nacional. En el libro Operación Facundo (2021), se describía el hecho como “El Etios y la Turmalina, que siga el baile”.
En este show, Martínez está convencido de que Luciano Peretto fue coautor de la maniobra de la “turmalina” o, por lo menos, estaba al tanto de las trapisondas del policía rionegrino.
Exactamente, el 18 de septiembre de 2020, en un segundo “levantamiento de rastros” de un patrullero Toyota, perteneciente a la Policía Local de Bahía Blanca, Herrero encontraría un “amuleto de Facundo”: la famosa piedra turmalina. Cabe recordar que ya, dos meses antes, había encontrado otro amuleto, en la localidad de Origone: la “vaquita de San Antonio”.
En las filmaciones que constan en la causa, y que fueron exhibidas en el juicio oral, mientras Herrero hace el camelo del hallazgo de la piedrita con “olor a Facundo”, se puede observar al letrado anunciar que se trataba de “la turmalina”, el segundo amuleto de la trama.
La pregunta básica que se hacen los investigadores es cómo podía saber el abogado Peretto que esa minúscula piedrita era una “turmalina”, cuando ni siquiera los expertos pudieron identificar tal mineral a simple vista. También se cuestiona cómo pudo sostener instantáneamente que “era la de Facundo” si, supuestamente, nunca antes había visto el colgante del joven.
En el video se puede ver y escuchar cuando la perito de Gendarmería levanta pequeños elementos que fraudulentamente Herrero afirmaba que sus perros habían marcado, y señala que eran pedacitos de vidrios. La madre de Facundo, Cristina Castro, interrumpe y dice: "¿Está segura que es vidrio?"
La gendarme contesta mientras la sostiene en su mano: “Parecen partes de un mismo material”. En ese momento, Castro afirma: “No, es eso” y señala con el dedo. En ese mismo instante, el abogado Peretto asegura sin titubeos: “Esa es la piedra, esa es la turmalina de Facundo”.
El letrado tendrá su oportunidad en la indagatoria de explicar si tiene conocimientos de geología que le permitieron identificar el mineral antes que el laboratorio. Y cómo hizo para saber que le pertenecía a Facundo si, supuestamente, nunca antes había visto la turmalina ni tampoco conocía a Facundo.
Lo de la turmalina y el Etios es uno de los tantos sketches tragicómicos que montó Herrero. En este caso, es doblemente burdo, pues en una entrevista televisiva y luego de una primera revisación al Etios, aseguró que si le daban una nueva oportunidad de registrar el auto seguro algo encontraría. Y como es un hombre de palabra cumplió: apareció la turmalina.
Vaya a saber, por qué extraña razón, con la vaquita de San Antonio se animaron a pedir la detención de González, pero con la turmalina no hicieron lo propio con los ocupantes bahienses del Etios. Según habladurías de pueblo, era más fácil ir contra los “paisanos cuatro de copas de Burato y Origone”.
Como todo se iba cayendo tras los testimonios de allegados, que no reconocían ninguno de los amuletos y por las pruebas de laboratorio que descartaban ADN o sangre de Facundo, Herrero siguió imparable: meses después volvería con otra turmalina, pero al mismo lugar donde había “encontrado” la Vaquita.
Además, en la indagatoria, Peretto podrá decir si es verdad que borraron videos de los procedimientos, tal cual lo menciona el mismísimo peritrucho en escuchas telefónicas. O, por ejemplo, si conoce al policía “El Gordo” Pagano que, casualmente, estuvo en el destacamento de Origone días antes de que alguien plantara el primer amuleto.
Peretto defendiendo a Herrero
Obligación de denunciar
El concejal peronista de Villarino, Fabián Marlia, aseguró "tener muchísima información, que la gente común no tiene" del Caso Facundo.
Y agregó -en declaraciones a FM de la Costa- que tiene conocimiento de una misteriosa cena en el vivero de Argerich, de la que "participaron el intendente, funcionarios judiciales y policiales", dando a entender que allí se tramó algún hecho delictual.
El edil, evidentemente, va en contra de lo que afirman sus jefes políticos -tanto el gobernador Axel Kicillof como Cristina Kirchner- que celebraron la condena contra el peritrucho por ser una pieza fundamental en el armado de la causa Astudillo.
Como funcionario público está obligado a declarar la verdad. Debería presentarse lo antes posible ante la Justicia para denunciar lo que sabe.
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