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Por Gustavo R. Piñero

La pandemia, la política y el personal sanitario

Por Gustavo R. Piñero, médico, director de Atención Hospitalaria HMALL y coordinador operativo de Comité de Coronavirus.

El 11 de marzo de 2020, el director de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró: “Hemos llegado a la conclusión de que la COVID-19 puede considerarse una pandemia”. El mundo, como lo conocíamos, empezaba a cambiar. El miedo y la incertidumbre se adueñaron de un escenario poco prometedor y los sistemas sanitarios a nivel mundial colapsaban frente a todos nosotros.

Ante un sistema sanitario no preparado y enfrentando un patógeno sin tratamientos específicos, las medidas de protección personal (barbijo, lavado de manos, distanciamiento) más la implantación del ASPO (Aislamiento Social Preventivo Obligatorio) fueron fundamentales para brindar tiempo de preparación al sistema sanitario y evitar la circulación viral. Sin embargo, los efectos colaterales no tardaron en llegar, no solo por su impacto económico, sino también sobre la salud mental.

A dieciocho meses del inicio de la pandemia, el escenario resulta por demás complejo: si bien los números de casos han bajado rotundamente, la amenaza de la nueva variante Delta es un escenario por demás posible. La segunda ola fue un duro golpe para toda la sociedad, a causa de una campaña de vacunación compleja, y a la gran cantidad de enfermos jóvenes con cuadros severos, mortalidad en cifras inaceptables y personal sanitario desgastado no solo física, sino emocionalmente.

En este contexto, hoy nos vemos inmersos como ciudadanos en un proceso de aperturas y medidas de flexibilización que son necesarias, pero que merecen ser analizadas y aplicadas con una enorme cautela y responsabilidad. Las medidas implementadas deben guiarse estrictamente sobre la base de cuestiones sanitarias y no en el marco de una campaña tendiente a un acto eleccionario. Demasiado esfuerzo, demasiado dolor para ser arrojados por la borda, y para repetir  situaciones indeseables, vividas por un personal agotado con hospitales saturados. La reparación de las secuelas de la pandemia llevará meses y años, asimismo, para el personal de Salud, brindado por completo a la sociedad con la que se ha comprometido. De tal manera, necesitamos y solicitamos la comprensión de ese esfuerzo.

La pandemia de COVID-19 no ha terminado. Por consiguiente, instamos a que la “nueva normalidad” sea encarada por todos con prudencia y responsabilidad. Sabemos que la movilidad y la reactivación de la economía son necesarias, aunque sin que deban descuidarse  las medidas de cuidados personales. No obstante de a poco, los avances en la vacunación, sumados a la aparición de nuevos tratamientos preventivos, nos llevarán a la vida que todos añoramos.


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