Seguinos

Noticias B

Cómo vive un preso con tobillera electrónica: "No puedo pasar del canasto de basura"

En diálogo con La Brújula 24, un recluso dijo que "tenés un perímetro marcado". Además, contó que "si quiero ir al médico, tengo que pedir permiso cinco días antes".

Pedro es un recluso que cumple una condena bajo la modalidad de arresto domiciliario. En diálogo con el equipo de La Brújula 24, hoy relató su experiencia con el uso de la tobillera electrónica. A través de su testimonio, buscó visibilizar las diferencias entre su situación y la de figuras públicas que acceden a esta modalidad.

Consultado sobre cómo es la vida cotidiana para alguien con este régimen, explicó que, en su caso, obtuvo el beneficio por razones médicas: “Tengo insuficiencia renal crónica, tuve dos aneurismas. El juez estudia todos los informes médicos y se consigue ese beneficio, pero antes pasás por un montón de médicos”. Aclaró que lleva casi tres años en arresto domiciliario y que “no es nada agradable”. Aunque está en su casa, mencionó que se trata de una situación con numerosas restricciones y vigilancia constante.

Pedro detalló cómo funciona el sistema de monitoreo: “Hay un aparato como si fuera un fax que pertenece a Monitoreo. Penitenciaria lo pone en mi casa, te colocan la tobillera y tenés un perímetro. Podés salir como mucho hasta el canasto de la basura”. También explicó que cualquier salida, incluso médica, debe tramitarse con antelación: “Si quiero ir mañana al nefrólogo, necesito cuatro o cinco días antes para que mi abogada pida el permiso”. En emergencias, si no avisa, puede recibir una intervención inmediata de las fuerzas de seguridad.

El recluso remarcó que durante el último temporal en la ciudad estuvo 21 días sin luz y que no podía dormir porque lo controlaban cada dos horas. “No descansás para nada, es imposible”, lamentó. Al referirse al caso de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien la Justicia le dispuso el mismo beneficio, sostuvo que “su arresto es VIP” y que “no se puede comparar con un ciudadano común”. Y remarcó que Cristina puede recibir médicos en su domicilio con facilidad, mientras que él debe enfrentarse a un trato desigual: “Ya el trato de la enfermera es distinto, el médico igual, es horrible”.

Finalmente, Pedro expresó que lo más difícil no es solo la reclusión, sino la condena social: “Lo más triste de esto es la condena social. Si este tema de conversación es para saber cómo la va a pasar ella, es para reírse, cualquiera quisiera pasarla como ella”. Aun así, reconoció que dentro de su hogar tiene algunas libertades básicas: “Puedo salir a tomar sol al patio, acostarme a la hora que quiera, dentro de mi casa no tengo límites. No es un pabellón con evangélicos al lado”.

Más Leídas