De Ayer a Hoy
"El coro iguala porque para cantar bien no es necesario ser rico o culto"
A Alberto Tramontana lo avalan más de cinco décadas brillando dentro de la escena cultural bahiense. Cómo se acercó a la Iglesia y su contribución a la música litúrgica: “Me considero un animador de misa”.
Por Leandro Grecco
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El virtuoso referente de agrupaciones corales, Alberto Tramontana, reconstruyó su rompecabezas personal y artístico, desde sus primeros años hasta su actualidad vinculada a la composición y la dirección, con un fuerte énfasis en el rol social de la música, la participación comunitaria y la necesidad de adaptar las expresiones litúrgicas a los tiempos actuales. En La Brújula 24, para la tradicional entrega denominada “De Ayer A Hoy” que se publica hace casi cinco años, dejó su semblanza con la calidez que lo caracteriza.
“Soy bahiense, nacido en Bella Vista y producto de una familia bien italiana que amaba la música. Pese a ese origen, debo decir que mis padres y tíos tenían el corazón bien argentino, estaban enamorados de la tierra a la que habían llegado”, expresó al iniciar su relato. En ese marco, recordó que “crecí en un ambiente de barrio, me llevaban a espectáculos musicales que se organizaban en el club y eso alimentó mi gusto por las canciones”.
Su formación académica estuvo atravesada por el aprendizaje, al que definió como central en su desarrollo. “Fui a las escuelas de la Universidad, soy defensor a ultranza de la educación pública y luego ingresé a realizar la carrera de Contador Público, de la cual me recibí y posteriormente ejercí paralelamente a mi labor dentro del mundo del arte”, señaló.

También evocó el contexto familiar: “Mi papá trabajaba en una imprenta, era gráfico y mi mamá reforzaba los ingresos cosiendo para afuera. Tiempo después, cuando mi padre falleció, mi hermano, cinco años mayor, fue quien me ayudó mucho. Cuando terminé la secundaria ya trabajaba y estudiaba. él se encargó de que en casa no falte nada”.
El primer acercamiento a la música se dio casi sin planificarlo. “Mi primer contacto se dio con la armónica, aprendí a tocar dicho instrumento casi como autodidacta, tuve la oportunidad de ir a un programa local que se hacía por LU2 y Telenueva que se llamaba ‘Hoy Actúa Usted’, al que iban todos los bahienses”, recordó.
Luego incorporó la guitarra y, cerca de la mayoría de edad, se produjo un punto de inflexión: “Apareció una persona muy importante en mi vida: el sacerdote ‘Beto’ Baudry, que era párroco de la parroquia de Lourdes. Buscaba alguien que supiese música, que le interesara dirigir el coro y que, como la Iglesia estaba transitando la revolución del Concilio Vaticano II, quería un muchachito que no estuviese contaminado con la música que se solía escuchar hasta entonces”.

Sobre ese encuentro, destacó su impacto: “Si bien era un joven creyente y había tomado la comunión siendo un niño, no era practicante y hallé un ambiente en este sacerdote que me hizo ver que la música era una cosa seria y que merecía ser estudiada; ese fue un hito muy importante para mí”.
En ese contexto histórico, subrayó las notorias dificultades de proyectarse en el mundo del arte: “Estamos hablando de la década del 70 en la que no era concebible que un joven de clase media pueda vivir exclusivamente de las artes, era casi como hacerle una diablura a los padres”.
Durante el servicio militar surgió su primera experiencia docente. “Corría el año 1973, momento en que me llegó una propuesta para trabajar como profesor en la Escuela Secundaria de Mayor Buratovich. Me interesó la propuesta, pero como se daba en medio de mi etapa de conscripción, pensé que no iba a poder. Alguien intercedió, movió un contacto y dos mañanas de la semana salía del cuartel para dar clases en ese bello pueblo de la región”, relató.

Y añadió una anécdota mucho más reciente: “Mirá vos cómo son las paradojas del destino que hace unos pocos días, más precisamente el miércoles pasado, concurrí a esa misma institución para descubrir una placa con el canto a la escuela que estuvo a mi cargo en mis años como docente”.
En paralelo a su actividad profesional, consolidó su trayectoria artística. “Como contador trabajé muy bien, mientras dirigía el coro de la Caja de Crédito Bahiense. Después me incorporé al del Juan XXIII donde viví experiencias interesantísimas, pasé por la agrupación coral masculina Ramírez Urtázun que es bastante especial por su sonoridad impactante al estar compuesto por 25 varones, parecía una tribuna”, indicó.
Su desarrollo artístico encontró un eje en el canto litúrgico. “Mientras todo esto sucedía,perfeccioné algo que aún estoy cultivando: el canto litúrgico, una mecha que se encendió con la invitación del párroco Baudry pero que, además, lo que persigue es que la gente interprete en misa los cantos al Señor”, explicó.

En esa misma línea, detalló cuál su rol específico: “Me considero un animador de todas las ceremonias religiosas porque invito a que las personas participen. Al coro de Santa Teresita uno lo prepara durante la semana y el domingo, estando más liberado, trato de arengar a la asamblea”.
El objetivo, según planteó, es promover el involucramiento de quienes se acercan a la Iglesia. “La premisa es que el fiel no esté en una posición pasiva, sino que participe activamente como promueve el Concilio Vaticano II, sin importar si entona o desafina. Obviamente que el coro tiene más ensayo, pero lo que más cuesta es que la asamblea se sume”, sostuvo.
Esa búsqueda permanente e incansable también se trasladó a su producción musical: “Por eso es que pude componer un sinfín de oratorios, cantatas, presentarlas y que luego se trasladen a lo popular. Hice la cantata a Bahía Blanca con el periodista Rubén Benítez y una similar a Punta Alta”.

En relación a las obras tradicionales, este vecino bahiense que fue declarado Personalidad Destacada de la Ciudad hace unos meses marcó diferencias. “Respecto de la Misa Criolla creo que es una expresión popular de la cual la gente está enamorada, pero no nos sirve para que la puedan cantar, es un espectáculo de escenario. Es para disfrutarla y rezar, es bellísima, pero en la iglesia no se puede replicar porque la gente no logra participar”, afirmó.
Durante dos décadas lideró el grupo Vocal Acento, con propuestas de fuerte contenido social. “Una satisfacción fue haber encabezado el grupo llamado Vocal Acento. Recuerdo que nuestro primer trabajo fue una obra de una hora de duración llamada ‘Canto al Maestro Patagónico’, con relatos de Jorge Tirabasso”, explicó.
Sobre esa obra, agregó: “Cuenta la historia de un docente oriundo de Santa Rosa, La Pampa, que en la década del 30 fue a hacer patria a una escuelita de la precordillera de Chubut con chiquitos aborígenes. De grande escribió sus recuerdos que te estremecen y su testimonio demuestra que aquello que sucedía es lo mismo que hoy pasa en las periferias de las ciudades importantes donde el maestro hace de padre, de cura y de médico”.

Consultado por los cambios tecnológicos, relativizó su impacto en el ámbito coral. “La inteligencia artificial es una herramienta que permite afinar las voces al máximo, pero no tiene las aristas de la socialización para reemplazar a las agrupaciones humanas bajo ningún aspecto”, consideró.
En ese sentido, resaltó el valor de las manifestaciones colectivas: “Los tiempos están muy difíciles desde hace años y las agrupaciones corales se han convertido en espacios terapéuticos, ni te cuento los de adultos mayores. Para esas personas que dos veces por semana se van a poner una linda ropa para ir a un ensayo es todo un acontecimiento hermoso”.
Quien fue galardonado con el Santa Clara de Asís (Liga Nacional de Madres de Familia), el premio Bicentenario de la Patria (Municipio de Bahía Blanca) y que ostenta reconocimientos de la Organización Federada Argentina de actividades corales y del Honorable Senado de la Nación ambos en 2023, también hizo referencia a las nuevas generaciones. “Los jóvenes, con el coro descubren la belleza del arte. Lo más maravilloso que tiene todo esto es que no canta mejor el más rico ni el más culto, esta es una disciplina que iguala”, sostuvo.

De cara al futuro, planteó sus próximos desafíos. “Mi energía está puesta en que la gente interprete canciones más adecuadas a este tiempo de la Iglesia. Un objetivo más sofisticado es poder avanzar con una composición propia llamada ‘La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo’ con textos bíblicos musicalizados que tienen un período muy corto para ser divulgados al tratarse de la previa a la Semana Santa”, indicó.
Y concluyó con absoluta franqueza, aunque con el ímpetu intacto: “Estoy imaginándome un oratorio que hable de la resurrección de Jesús en adelante para poder presentarlo durante una buena parte del año y que ojalá podamos hacer que vea la luz en el corto o mediano plazo”.
Lejos de cualquier mirada nostálgica, la figura de Alberto Tramontana aparece como un proceso en movimiento, donde cada etapa encuentra continuidad en la siguiente. Desde su labor como contador público hasta el ensayo coral, y de allí a la composición, configura una forma de intervención cultural sostenida en el tiempo, con un eje claro: generar ámbitos de participación con sentido y que no sean un gesto accesorio. Hoy no se detiene en lo hecho y proyecta búsquedas que, más que cerrar un recorrido, abren otros caminos posibles.

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