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DE AYER A HOY

“Bahía está a la vanguardia respecto a denuncias de abusos a menores”

Clelia Severini sobrevoló su compromiso con la infancia vulnerada. Fue la primera asistente social de escuelas medias de la Universidad. El vigor de la ONG Creer Sí. Y el cambio en el paradigma del delito.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/Twitter: @leandrogrecco

Clelia Severini creció en el seno de una típica familia de clase media, donde recibió las herramientas necesarias para desenvolverse en un mundo a menudo lleno de injusticias. Desde temprana edad, sus padres le inculcaron valores de empatía, justicia y solidaridad, enseñándole la importancia de luchar por los derechos de los demás. 

Estos principios la guiaron en su vida, llevándola a dedicarse a una causa profundamente impactante y significativa. Encontró su lugar en el mundo a través de su trabajo con víctimas de abusos sexuales a menores, una causa que le permitió canalizar su pasión por la justicia y la protección de los más vulnerables. Clelia fundó una ONG dedicada a este fin, esforzándose por visibilizar este aberrante delito y brindar apoyo integral a las víctimas y sus familias. Su labor ha sido fundamental para sensibilizar a la sociedad y exhibir cambios legislativos y sociales que contribuyan a la prevención y sanción de estos crímenes. Hoy, Clelia considera que su familia ha jugado un rol crucial en su desempeño, siendo un pilar fundamental para llevar a cabo su comprometida labor. La Brújula 24 no quiso perder la ocasión de conocer algo más sobre las razones de su incansable lucha.

“Mi apellido tiene raíces bien bahienses, más precisamente a partir de dos ramas. De ellas surgieron varios deportistas, tal fue el caso de mi papá (Guerino), quien fuera campeón provincial de ciclismo, una disciplina que practicó hasta que falleció con 92 años”, ponderó en la oficina de Creer Sí, la cual funciona en el microcentro bahiense. 

Apelando a su memoria, Severini repasó que “mis primeros años de vida fueron en la que por entonces era mi casa sobre Paraguay al 200, donde comencé a forjar mis primeras amistades, las cuales conservo hasta hoy como es el caso de mi vecina de aquel entonces y quien residía justo enfrente que hoy es la tesorera de la ONG”. 

“Me crié junto a mis padres, ambos ya fallecidos y un hermano que es tres años mayor que yo. Fue una infancia típica de gente de clase media, sumado a que éramos muy familieros. Mi padre trabajaba en la Juguetería y Ciclismo Borgani. Mi mamá era ama de casa”, añadió, con nostalgia y un dejo de emoción. 

En relación a su juventud, señaló: “Fui a la Escuela Nº 6, de calle Caronti, ubicada cerca de mi domicilio y la secundaria la cursé en la Escuela Normal, donde me recibí de maestra. Luego estudié Trabajo Social acá en Bahía Blanca y en La Pampa realicé la licenciatura, viajando casi permanentemente y convirtiéndome junto a otros compañeros en la primera promoción”.

“Creo que fue importante haber complementado durante mi adolescencia y juventud todos estos saberes con el hecho de haber ido a inglés, además de natación y patín, deportes a los que mi padre nos incentivaba a practicar tanto a mí como a mi hermano”, comentó, en línea con su espíritu inquieto. 

Velozmente y, pese a su corta edad, logró sumar valor agregado a su formación: “Mi ingreso al mundo del empleo fue como docente, luego se abrieron los listados para cubrir cargos y formar los equipos en las escuelas para trabajadores sociales, razón por la cual conseguí un puesto mientras estaba en el tercer año de la carrera”. 

“Mi perfil y modelo de gestión tiene mucho que ver con una cuestión de la época. Empecé a desarrollar fuertemente mi función en los años 70, donde el compromiso y la solidaridad la enfocamos a partir del trabajo en los barrios y las villas”, consideró Clelia, a partir de cada una de sus intervenciones directas en el llano.

Tan disruptiva fue su gestión que rompió los esquemas: “Fui la primera asistente social de las escuelas medias de la Universidad y, con el paso del tiempo, me presenté a un concurso en el Poder Judicial, por lo que también logré ingresar para ejercer una labor allí. En ese lugar me tocaba trabajar con familias en crisis, asistiendo y conteniendo todo tipo de problemáticas”.

“El primer espacio en el que me desempeñé fue en la Asesoría de Incapaces, hasta que en 1998, con la modificación del Código Penal, se creó el Centro de Asistencia a la Víctima. En esa dependencia se brindaba un acompañamiento a quienes habían padecido casos de violencia de género y de abuso sexual en las infancias”, rememoró Severini, promediando el ida y vuelta con este cronista. 

El primer año no fue sencillo: “Allí estuve trabajando sola, como encargada del área, hasta que luego se completó el equipo. El dato importante fue que la Provincia nos capacitó en esos temas, otorgando un perfeccionamiento que se pudo poner en práctica a fines de lo que era el trabajo de campo”. 

“Junto a profesionales que trabajaban en Tribunales de Menores con docentes empezamos a pensar en la ONG Creer Sí a fines de la década del 90 y surgía a partir de la falta de visibilización que había sobre distintas temáticas, de las cuales no se hablaba”, enfatizó con un tono entrañable, a sabiendas de que se estaba forjando algo importante. 

Al comienzo, la cruzada parecía casi una misión imposible: “Eran aspectos que estaban ocultos por siglos porque a eso hay que sumarle que muchos de los casos de abuso ocurren en el ámbito intrafamiliar. Nos tocaba estar al lado de la mesa de entrada de Fiscalía, que era donde se recibían las denuncias porque no existía la Comisaría de la Mujer y en las otras seccionales no te las tomaban”.

“Era frecuente ver llegar a esas mamás. Eran derivadas a nuestra esfera y el denominador común era que estaban desesperadas, a punto tal que muchas de ellas venían hasta cuatro veces preguntando si podía ser cierto que un padre o un abuelo habían abusado de un niño o una niña”, describió una movilizada y conmovida Clelia.

Y lo argumentó: “Se daba por una terrible invisibilización que viene de hace muchísimos años, lo que hacía que las mujeres vinieran a plantear la posibilidad de si sus hijos habían mentido. No era fácil que terminen radicando la denuncia y tiene que ver con el dolor que produce el proceso, el impacto es terrible y la recuperación tras la presentación ante la Justicia cuesta mucho”. 

“Debo decir que en los últimos tiempos se ha dado un paso hacia adelante, sabiendo que queda mucho camino por recorrer y mejorar. Esto no es algo milagroso, hubo una serie de condiciones sociales que ayudaron a que esto se visibilice, como fue el hecho de que se tipificara el delito de abuso sexual en el Código Penal, que antes no existía”, ponderó como un punto a favor. 

Asimismo, la entrevistada lanzó: “También contribuye que la gente empieza a escuchar las distintas campanas, sabiendo que se puede y debe denunciar, como también la aparición de centros para atender a las víctimas y dar respuestas. Aún más con la llegada de muchas causas a juicio y, por consiguiente, que se hayan dictado las correspondientes condenas”.

“Esto hace que una mamá que ahora escucha que su nena padeció conductas inadecuadas le termine creyendo, por lo que radica la denuncia. Todavía siguen existiendo gran cantidad de hechos y creo que tiene que ver con que es un comportamiento socio-cultural que viene de antaño, donde lo habitual era tapar esta clase de aberraciones”, resumió Severini. 

Una estadística ubica a este distrito en una posición que merece ser analizada: “Bahía Blanca es una de las ciudades de la provincia donde más se denuncian los abusos contra menores, por lo que creemos que el próximo paso, el objetivo será que baje ese índice y es allí donde entra en juego la concientización como pilar fundamental”. 

“Es indispensable abrir canales de diálogo con las familias, pero por sobre todas las cosas será vital entender que se debe aplicar la Ley de Educación Sexual Integral en las escuelas, aportando cada uno de los recursos para que los chicos aprendan a cuidar su cuerpo”, contó, ingresando al segmento final de la entrevista. 

Una conducta enciende las alarmas y requiere de un exhaustivo análisis: “Hay maestras que, cuando vamos a dar charlas, nos dicen que las adolescentes les han manifestado que sus padres les decían que se acostaran con ellos porque era algo normal, sin saber que eso no corresponde, por lo que se termina naturalizando”. 

“Para poder desempeñar mi rol en esta vida, fue muy importante el apoyo de mi familia. Estoy casada desde 1973 y mi marido ha sido un gran compañero, al igual que mis dos hijos quienes han comprendido en qué consistía mi tarea y todo lo que demandaba”, infirió. 

A propósito de eso, sumó: “Ambos son mi orgullo: Uno de ellos se llama Rodrigo, vive en Buenos Aires, es Licenciado en Relaciones Públicas y hace teatro independiente y Julián es abogado, ejerciendo aquí en la ciudad, además de despuntar el vicio con la música en los tiempos libres”. 

“Con mi esposo compartimos la misma mirada en lo que respecta a las cuestiones sociales y en líneas generales, a la realidad. En definitiva, fue así como nos conocimos y caminamos juntos durante todos estos años, siempre por una misma senda”, afirmó, en lo que atañe a su compañero de vida. 

Lógicamente que la realidad es dinámica y su entorno lo comprendió a la perfección: “Este trabajo exige de capacitación, perfeccionamiento, cursos y estudios para mantenerse actualizado, pero el gran desafío era administrar mi tiempo porque durante la adolescencia de mis hijos tuve que repartirme para que ellos no sientan mi ausencia”.

“No me arrepiento de nada, considero que siempre pude hacerme esos espacios para, junto a mi esposo, organizarnos y estar cerca de nuestros hijos y una clara muestra de eso es que jamás nos han recriminado nada como padres. El más chico colabora con el Facebook de la ONG, en la confección de algunos flyers. Esa es una enorme satisfacción para mí”, concluyó Severini.

El apoyo incondicional de los seres queridos de Clelia le ha permitido enfrentar los desafíos y el desgaste emocional que implica su trabajo. Con el respaldo de su familia, todavía hoy continúa con su lucha incansable, convencida de que la solidaridad y la justicia pueden hacer del mundo un lugar mejor para todos.

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