WhatsApp de Publicidad
Seguinos

informe especial

Fabio González y una extensa carrera cantando: “Hoy vivo la recompensa”

Distinguido como embajador cultural del distrito de Tornquist, lleva más de 40 años en los escenarios. De su infancia en Tres Picos, sus recuerdos de niño entreteniendo al público con sus tangos en el andén del ferrocarril a un presente lleno de gratitud.

Cecilia Corradetti / La Brújula 24 / [email protected]

La humildad, la hombría de bien, el carisma, el amor por su Tres Picos natal, la entrega a su familia…

Difícil encontrar una sola manera de definir a Fabio González, el chico de pueblo que a los cinco años, alentado por su padre, su abuelo y su tío cantaba tangos y silbaba con gran afinación.

Ese niño, nacido el 10 de marzo de 1970 en una casa de adobe de Tres Picos, hijo de Juan Héctor González y de Rosa Verdugo, se convirtió en un artista agradecido que pudo vivir gracias a su vocación y que hoy sigue recibiendo los frutos de lo mucho que sembró.

— ¿Imaginaste alguna vez que toda tu vida, y hasta hoy inclusive, ibas a seguir subiendo a escenarios de fiestas nacionales, provinciales, clubes, celebraciones sociales, etc.?

–Es que nací en un hogar donde la música estaba presente. En el ranchito donde vivíamos después de cenar se jugaba a la escoba, venía mi abuela de visita y luego cantábamos con la guitarra al lado de la cocina a leña. Fueron los momentos más felices de mi vida. Hoy es muy gratificante la recompensa de la gente y, sobre todo, la felicidad de haber incorporado a quien será mi sucesor, mi nieto Yair Uriel Aguado González. Tiene un gran potencial y empezó a acompañarme a cada show.

–¿Cómo fueron los inicios en una población rural?

–Muy humildes, pero con una familia hermosa y unida en nuestra casita de un pueblo de escasos habitantes sin gas, luz eléctrica y con piso de tierra. De noche nos alumbrábamos con farol a kerosene o con velas, todo muy precario. Mi papá era empleado de una cooperativa rural, mi mamá ama de casa y tenía dos hermanos mayores, Gustavo –que cantaba mucho mejor que yo, y era muy vivo, muy pícaro– y Sandra. Hasta los 12 años viví allí e hice el primario para empezar mi carrera artística. Pero mucho antes mi hermano me llevaba a la estación de trenes para cantar a cambio de las monedas de los pasajeros.

En sus Tres Picos natal, distrito de Tornquist, plena Primaria. Ya cantaba como los dioses

–¿Podrías decir que comenzaste a cantar para los pasajeros del tren?

–Así es. Pasaba el tren y frenaba en Tres Picos porque la locomotora necesitaba agua para seguir funcionando. En ese ínterin a mi hermano se le ocurrió hacer un show en el andén. Yo zapateaba al son de un malambo, mi abuelo me había enseñado. Allí, en ese andén, canté por primera vez “Caminito”. Mi hermano era muy caradura, había logrado que los pasajeros arrojaran las monedas desde las ventanillas. Pasado el tiempo los guardas nos dejaban subir a los vagones y con lo que ganábamos comprábamos galletas de campo en la panadería de Pepe Luconi. Galletas que, a su vez, vendíamos en la estación y también saboreábamos temprano en la mañana. La gente nos sacaba las galletas de las manos. Eran tan exquisitas que todavía puedo sentir el aroma…

–¿Qué sucedió después?

–Así comencé mis primeros pasos. A los 9 me contrató una orquesta, la de los hermanos Polak, porque se había corrido la bola que había un nene cantando en el ferrocarril. Eran presentaciones para Radio Pigüé, es decir, nos escuchaban en toda la zona a través de la radio. Salíamos para una audiencia de toda la zona con paso doble y foxtrot. Luego pasé a otra orquesta, ya tenía 13 y hacíamos música bailable, cumbia, cuartero, ranchera, tango, vals, milonga. Previamente nos habíamos unido con mi hermano en un grupo folklórico junto a Walter Ledesma, era un trío muy lindo de dos guitarras y un bombo. Mi hermano era el mejor, un gran músico y un buscavida, por eso comenzamos a incursionar en bodegones y fiestas populares. Lamentablemente falleció de manera trágica a los 23 años. Desde entonces nunca más pude hacer música folklórica hasta hace muy poco tiempo. Entendí que a mi hermano le hubiese gustado que siguiera. No hay un solo tema que no me haga recordarlo.

–Transcurrió una vida entre tantas actuaciones…

–Así es. Y estoy feliz por eso. Luego llegó otra orquesta, “Venus” y más tarde “Los Grillos”, una formación con chicos de mi edad. Teníamos alrededor de 15 años y fue suceso en la zona, el público nos aclamaba y nos llamaban de todos lados. Luego vino “Los Pumas” y logramos aún más fama, fueron épocas gloriosas recorriendo provincias.

En su casa de barro, humilde, pero donde fue inmensamente feliz

–¿Cuándo fue tu época de solista?

–Fue justo allí, cerca de los 26, cuando terminé con “Los Pumas” y empecé con giras por el sur del país, desde Ushuaia a Mar del Plata. Íbamos a lugares nocturnos junto a Orlando Contreras, con quien hoy sigo siendo muy amigo, un excelente músico que me acompañó por años. Participé del Festival de Baradero en 1997 y gané en el rubro vocal masculino. Luego fui revelación en la época en que Soledad Pastorutti ganó en Cosquín. Allí, de alguna manera, comenzó un camino profesional, porque de la mano de Soledad surgieron nuevas voces y se abrieron puertas de grandes festivales en todo el país. Empecé a ser cada vez más conocido y a participar de programas de televisión en vivo y en directo. Épocas inolvidables que se prolongaron actuando en las casas de tango más grandes de Buenos Aires. No quiero pasar por alto mi participación en “Soñando por cantar”, de Ideas del Sur, conducido por Mariano Iúdica allá por 2012, cuando llegué a la final y me ganó Gustavo Remesar, gran cantante y mejor persona. Somos muy buenos amigos.

–A todo esto, también triunfaste desde lo personal con una familia sólida…

–Afortunadamente. Me puse de novio con Margarita a los 15 y un año después vivíamos juntos. Una mujer maravillosa, mi sostén, mi otra mitad y quien siempre me ayudó en cada logro. Somos esposos y padres de Daiana; Eduardo Fabio y Marcia y abuelos de Yair y Cristal. Mi nieto me acompaña en timbales y coro y creo que tiene una gran vocación.

Fabio junto a su mentor y admirador, su abuelo Eduardo Verdugo, muchos años atrás

–¿Cómo te encuentra esta etapa?

–Me encuentro muy feliz, viviendo siempre de la música y tratando de dar lo mejor en cada show. Tengo sueños y proyectos, hacer producción y viajar al exterior son cosas que están en mis planes. Dios dirá.

–¿Qué significa Tornquist y Tres Picos?

–Al revés de lo que suelen decir, que nadie es profeta en su tierra, me pasó todo lo contrario. Soy un agradecido a la gente de Tornquist que me apoyó siempre. Me siento querido y respetado. Me nombraron embajador cultural del Distrito el año pasado y fue una caricia al alma. Ese mismo año me consagré ganador del concurso nacional de tango denominado “La Plata baila y canta tango 2023”. Realmente siento que estoy recibiendo una gran recompensa y creo que es un ida y vuelta, siempre trabajé con seriedad y profesionalismo para llegar hasta acá. Nací y crecí en un pueblo muy chiquito, iba al colegio a caballo y las fiestas de fin de año se celebran entre todos. Crecí humildemente pero feliz, entre las kermeses y los vecinos. Haber llegado hasta acá fue una bendición en mi vida y todo se lo debo al público.

Lo más leído