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La historia de un bahiense que renunció a su trabajo para ir al Mundial: "No me importó nada"

Luis Romero tiene 56 años, viajó a Estados Unidos con un amigo y hasta durmió en una camioneta para ver a la Selección Argentina.

La pasión por la Selección Argentina volvió a dejar una historia de esas que explican por qué el Mundial se vive de una manera especial. Luis Romero, un bahiense de 56 años, renunció a su trabajo, gastó sus ahorros y hasta durmió en una camioneta para cumplir una promesa: estar en Estados Unidos acompañando al equipo nacional.

La historia fue contada por la señal TN desde Kansas City, donde Luis llegó junto a un amigo para ver el debut de Argentina ante Argelia en el GEHA Field at Arrowhead Stadium.

El viaje no fue improvisado. Según contó, la promesa había nacido tiempo atrás junto a un amigo: querían estar en un Mundial antes de morir. En diciembre, cuando encontraron una oferta, compraron los pasajes y empezaron a organizar el recorrido.

Primero volaron a Miami, luego pasaron por Orlando y finalmente llegaron a Kansas, una de las sedes donde jugó la Selección. A medida que se fue definiendo el grupo y el fixture, acomodaron alojamientos, traslados y detalles de una travesía que demandó todos sus ahorros.

El punto más difícil llegó cuando Luis avisó en su trabajo que iba a viajar. Manejaba un camión con hidrogrúa y, según relató, dependían de él para esa tarea. La respuesta fue concreta: si se iba, tenía que renunciar. Y renunció. “Era para cumplir una promesa que hicimos con un amigo de venir a ver el Mundial antes de morir”, contó Luis. “No me importó nada”, agregó.

La aventura también tuvo sus complicaciones. Por un error en las reservas, él y su amigo se quedaron sin alojamiento durante dos noches y resolvieron dormir en la camioneta alquilada, en el estacionamiento de un supermercado. “Hicimos mal los cálculos y tuvimos que dormir un par de días en un supermercado”, relató entre risas. Allí compraban algo para comer y tomar, y pasaban la noche en el vehículo.

El esfuerzo tuvo su recompensa el 16 de junio, cuando Luis pudo ver desde la tribuna el triunfo argentino ante Argelia, en una jornada inolvidable para miles de hinchas que coparon el estadio.

Ahora, el regreso a Bahía Blanca traerá otra etapa: sin trabajo y sin ahorros, pero con la promesa cumplida. Lejos de mostrarse arrepentido, Luis aseguró que descansará unos días y luego saldrá a buscar empleo. “Tengo varios oficios, soy soldador, trabajo en la industria de la construcción”, explicó. Y cerró con un mensaje directo: “Mi nombre es Luis Romero, tengo 56 años, y si alguien necesita un trabajador, que me llame”.

La historia de Luis resume el costado más humano del Mundial: el de los hinchas que hacen sacrificios enormes para estar cerca de la Selección y cumplir una promesa que, para ellos, vale más que cualquier cálculo.

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