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Ana Carolina Ronda

La científica bahiense que participó de una campaña en los mares del mundo

Es doctora en Bioquímica (UNS) e investigadora del Instituto Argentino de Oceanografía (CONICET). Integró el plantel que hizo las muestras para una futura explotación minera en el fondo de los mares. Su historia.

Cecilia Corradetti – Para La Brújula 24[email protected]

Ana Carolina Ronda forma parte de los científicos nacidos en el seno de la Universidad Nacional del Sur (UNS) que lograron trascender los límites de la ciudad y hacer historia: en julio formó parte de un plantel de investigadores que realizó las muestras para una futura explotación minera en el fondo de los mares.

Nacida en Villa Mitre, en una familia de clase media, de niña soñaba con ser astronauta. Y aunque finalmente la vida la llevó por el camino de la ciencia, aquel día en que embarcó en un buque de 100 metros de eslora, con una tecnología impresionante, un capitán y una tripulación con un objetivo concreto en el medio del océano Pacífico, sintió que de alguna manera cumplía el anhelo de su infancia.

Doctora en Bioquímica, profesora en el Departamento de Biología, Bioquímica y Farmacia de la UNS e investigadora en el Instituto de Oceanografía, Ana –así le gusta que la llamen– participó de una campaña única en el mundo.

Sus líneas de investigación se basan en la búsqueda de biomarcadores de contaminación en organismos marinos y su relación con diferentes contaminantes. Su rol en esta expedición fue participar como asistente científica en el equipo de geoquímica. En este grupo se obtienen sedimentos en una profundidad de 4 a 5 mil metros y se analizan las muestras.

Casada con Leandro Gerardi y mamá de Luisina y Martiniano, se embarcó en julio pasado en el Island Pride, un moderno e inmenso buque, e integró un grupo que hasta comienzos de octubre navegó en la zona denominada Clarion Clipperton, un área de 4,5 millones de kilómetros cuadrados a la altura del Trópico de Cáncer.

La zona, administrada por la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), contiene nódulos formados por varios elementos de tierras raras. Estos nódulos polimetálicos tienen un papel esencial para la transición energética hacia una economía baja en carbono. Cerca de 1 millón de kilómetros cuadrados se han dividido en 16 concesiones mineras a empresas multinacionales que deben realizar estudios de impacto ambiental antes de llevar a cabo su actividad.

Los nódulos polimetálicos son pequeñas rocas con altas concentraciones de metales muy preciados en el campo de las industrias renovables, como los autos eléctricos o los paneles solares. Su uso contribuirá a disminuir los gases de efecto invernadero. La Autoridad Internacional de los Fondos Marinos estima que la cantidad total de nódulos en la Zona Clarion Clipperton supera los 21 mil millones de toneladas.

“Mi interés por la ciencia nació con la revista ‘Muy Interesante’, que promovía un concurso para conocer la NASA y mi mamá me orientó con las preguntas. No sabíamos inglés y nos ayudó una profesora. Al tiempo me respondieron que era muy chica para postularme, pero que siga estudiando para alcanzar mis objetivos. Mucho después me confesó que la respuesta la había escrito ella, y por entonces yo ya tenía en claro mi futuro. Siempre fui muy estudiosa, no de esas personas muy inteligentes, pero sí perseverante y una beca del gobierno me permitió concretar la carrera y colaborar en mi casa”, reconoció.

“Aquella carta fue una gran motivación en mi vida. Quisiera ser para mis hijos la mitad de lo que mi madre fue para mí: motivadora, luchadora. Lamento que se haya ido tan pronto y no pueda verme convertida en científica. Mis padres eran preventistas de kioscos, no teníamos una buena posición económica y siempre estábamos en la ‘cuerda floja’, por eso me inculcaron el estudio como única manera de progresar”, reflexiona.
Técnicamente su trabajo no es fácil de entender: estudió en el Pacífico Norte nódulos polimetálicos esenciales en la transición al uso de energías renovables.

-¿Qué significa esto en pocas palabras?

-Mi trabajo se basa en la búsqueda de la sustentabilidad del medio ambiente, por eso estudio la distribución de diferentes contaminantes en distintas matrices, como atmósfera suelo, agua y organismos. Los biomarcadores que busco son bioméculas indicadoras de alertas tempranas de contaminación.

-¿Cuándo se conocerán los resultados de la expedición?

– Se sabe que los mares están contaminados por el impacto antrópico de la tierra, es decir, lo producido por la actividad humana a lo largo del tiempo. De hecho, he encontrado microplásticos a unos 6 mil metros de profundidad. Pero el impacto de lo que será la minería submarina aún se desconoce y llevará al menos un año determinarlo. Supongo que algún impacto habrá, aunque no se sabe cuánto. A partir de allí, se establecerá o no el permiso para hacer minería submarina en aguas internacionales. Es la primera vez que se hace una prueba de esta naturaleza.

-¿Cuál es su opinión?

-Pienso que la explotación, en todo caso, debe ser controlada y regulada estableciendo zonas de reserva. Hay que poner en la balanza beneficios y perjuicios. Lo que no puede desconocerse es el impacto del cambio climático y el calentamiento global que se está dando por el efecto invernadero.

-¿Cómo estuvo integrado el plantel científico del Island Pride?

-Estuvo compuesto por 27 personas, de las cuales 13 éramos mujeres. El plantel provenía de Escocia, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Australia, Chile, Colombia, Singapur, Tailandia y Argentina, y estaba dividido en grupos. Cada uno trabajó en un área determinada. En mi caso, el trabajo era de 6 de la mañana a 18. El resto del tiempo era para descansar, trabajar en mis proyectos a bordo y comunicarme con mi familia.

-¿Cuál fue su objetivo profesional y personal?

-Desde lo académico poder sumar mi experiencia a este importante proyecto y establecer redes de colaboración con profesionales de otros países, fundamentales en el ámbito científico para los grupos de trabajo. Mi objetivo personal es demostrar a la sociedad, a mis hijos, a mi familia, el rol que una mujer puede tener en la ciencia. Si bien las oportunidades son, en teoría, las mismas, muchas veces las mujeres no pueden aprovecharlas porque tienen que responder al mandato de estar a cargo del cuidado de sus hijos. Por suerte cuento con una familia que me apoya y sostiene.

-¿Qué la impulsó a dedicarse al medio ambiente?

-Siempre quise ser astronauta o científica. Cuando hice mi doctorado en el laboratorio del doctor Ricardo Boland, trabajaba en las ciencias básicas, y me sentía lejos de lo que en realidad quería ser. Fue gracias a un amigo, el doctor Andrés Arias, que comencé a dedicarme al medio ambiente. Él me propuso comenzar a trabajar en la distribución de contaminantes en el medio y su distribución en los organismos.

-¿Qué balance puede hacer de la experiencia?

– Subirme a un barco y permanecer tantos días en ultramar para una campaña internacional, conocer gente de otros países y culturas fue sumamente enriquecedor. Siento que conocí un pedacito de varios países. Lo único que lamento es que mi mamá no pueda ver este logro.

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