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De Ayer a Hoy

Trellini guarda la fórmula de su vigencia para seguir ganándole al tiempo

A los 81 años, Rubén es un ejemplo en el sentido amplio. La juventud entre dos deportes. El derrotero laboral. Y su confesión: “El retiro de las bochas viene tronando en mi mente desde hace mucho tiempo”.

Fotos: Pablo Noir (La Brújula 24).

Por Leandro Grecco
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Rubén Aurelio Trellini construyó una extensa trayectoria entre las bochas, el básquet y el trabajo, siempre con Bahía Blanca como punto de referencia. Campeón argentino, mundialista y representante de la provincia, el histórico deportista repasó sus comienzos, los logros alcanzados y los motivos personales que hoy lo llevan a evaluar el retiro de la competencia. 

Meses atrás alcanzó este año una de las pocas metas que todavía faltaban en su extensa trayectoria: se consagró campeón del Torneo Argentino de Tercera División. El título, al que definió en la sección "De Ayer A Hoy" como “la frutilla del postre”, también abrió una etapa de reflexión para el bahiense, quien analiza dejar la competencia después de décadas vinculado a las bochas.

“Esa conquista era algo que no esperaba ni en mis sueños porque, además, hay rivales de fuste y muy buen rendimiento en todo el territorio del país”, reconoció Trellini. En el certamen representó a la provincia de Buenos Aires junto con ‘Pochi’ Gómez, Julián Saccone y Sergio Bazán, bajo la conducción de Guillermo Fabiani.

“Representar a la provincia fue magnífico, además se formó un grupo muy bueno”, señaló. Sin embargo, el ascenso de sus compañeros a Segunda impedirá que vuelvan a disputar juntos un torneo de esas características. “No podré compartir con ellos un campeonato de esta naturaleza y eso me da algo de nostalgia”, admitió.

Su historia empezó en un domicilio ubicado en Almafuerte al 700, sitio donde años después funcionaron comercios y depósitos conocidos de la ciudad. “Ahí estaba la casa de mis primeros dos años de vida. Además, en esa misma edificación, mi papá y mi abuelo tenían un bar con una cancha de bochas”, recordó.

La familia se mudó luego a una vivienda de Avellaneda al 600, muy cerca del club Velocidad y Resistencia. Su abuelo, para aquel entonces, también tenía un horno de ladrillos en las afueras de la ciudad, mientras que su padre ingresó al ferrocarril y comenzó a jugar para Ferroviario.

“Él alcanzó una enorme trascendencia como bochófilo. Ostenta un récord de 12 torneos oficiales ganados que al día de hoy nadie le pudo quitar”, destacó sobre Nelo Trellini, una de las figuras que marcaron sus primeros pasos deportivos. Su madre era ama de casa, pero además diseñaba prendas, trabajaba como costurera y daba clases. “Enseñaba corte y confección, algo que realizó hasta muy avanzada edad”, relató.

Respecto de su formación, Trellini cursó la primaria en la Escuela N°11 Ricardo Gutiérrez, de calle Bolivia al 400, y completó la secundaria en la Escuela de Comercio. Privilegiado físicamente y adepto al entrenamiento, durante aquellos años combinó dos actividades que ocuparían buena parte de su vida.

“Paralelamente a las bochas jugué al básquet siendo muy chico. Practiqué estas disciplinas en simultáneo durante décadas”, explicó. Ya en la adolescencia, dejó Ferroviario para incorporarse a Velocidad y Resistencia, donde continuó con los dos deportes hasta retirarse del básquet a los 34 años.

También vivió cuatro años en Cipolletti por motivos laborales, aunque nunca abandonó del todo la recreación que le aportaba el mantener su cuerpo en movimiento. En Bahía debía ajustar sus horarios para cumplir con los compromisos de cada disciplina. “Hacía malabares para poder llegar a los partidos”, resumió.

A los 19 años debutó en Primera División de bochas en un recordado equipo junto con José “Pepe” Randazzo y su propio padre. “Fuimos campeones y, al mismo tiempo, yo estaba en el equipo principal de básquet. Era muy gracioso porque llevaba puesta la ropa de ambos deportes”, contó.

La agenda, en ocasiones, obligaba a pasar de una cancha a otra en pocos minutos. “Era una verdadera locura. Mi papá me decía que era imposible que rindiera si desarrollaba las dos disciplinas con minutos de diferencia”, recordó.

“Cuando la cancha quedaba lejos, me esperaban con el auto en marcha en la puerta y nos íbamos raudamente para llegar a tiempo. Ambos deportes me tenían totalmente absorbido, aunque con las bochas me la rebuscaba bastante más que al básquet”, agregó.

En 1965, con la pelota naranja y en el deporte de los cestos, formó parte de un gran plantel “azulgrana” que consiguió el ascenso con un maravilloso grupo integrado, entre otros, por ‘Chengo’ Iglesias, Sarnari, Genchi e Isa. “Aquel fue un recuerdo hermoso que jamás voy a borrar de mi mente”, afirmó.

Su crecimiento dentro de las bochas fue acelerado, apoyado en los resultados altamente satisfactorios. Con 20 años debutó en la Selección juvenil de Bahía Blanca y pocos meses después llegó al combinado mayor. En 1967 disputó el Campeonato Argentino de parejas en San Nicolás junto con su padre.

“Llegamos hasta la final, estaba también Danilo Constantini, un prócer que por entonces tenía las bochas”, repasó. A los 23 años ganó dos torneos especiales por invitación en Tres Arroyos y Benito Juárez, resultados que le permitieron entrar firmemente a la consideración nacional.

Dos años más tarde integró el equipo argentino que obtuvo un campeonato en Lima, Perú. “Los destacados eran Gino Molayoli, José Heredia y Jorge Ghio”, recordó. Su carrera deportiva avanzó de manera paralela con el trabajo. Si bien su primer empleo llegó a los 12 años, cuando era cadete en una tienda céntrica, más tarde ocupó la misma función en Luis Reale e Hijos, una rectificadora reconocida de la época.

A los 18 ingresó a Acindar y, después de desempeñarse como administrativo, fue designado gerente de la sucursal local con solo 23 años. Cuando la compañía cerró sus dependencias, fue trasladado a Neuquén. En ese período se casó con María del Carmen Vaquero, madre de sus hijos Mauro y Mariano.

Con la familia regresó después a su ciudad natal. “Volvimos por cuestiones laborales, pero especialmente porque se extrañaba mucho nuestra ciudad”, explicó. “Viajábamos los fines de semana y cada domingo, cuando teníamos que regresar a trabajar después de compartir con nuestros seres queridos, era un momento de tristeza”, expresó.

Una propuesta de Carlos Marinsalta le permitió retornar formando parte de la empresa de materiales para la construcción y, en lo deportivo, se incorporó a El Nacional. “Tenía una cancha hermosa que se perdió con el tiempo y estaba en la cortada de calle Drago”, se lamentó.

En 1977 llegó a Pacífico para integrar un trío brillante junto con Pedro Randazzo y Osvaldo Catini. “Fue aquel conjunto emblemático y recordado”, sostuvo. La trayectoria internacional tuvo dos capítulos centrales entre 1986 y 1987. Primero fue jugador y luego asumió como director técnico en dos campeonatos mundiales.

“En el primero compartí equipo con Eduardo Luján, Omar Foco y Francisco Mendieta. Perdimos la final 15-14 con Italia, un partido casi ganado que se nos escapó en la última bocha”, se lamentó, aún con un brillo en sus ojos que persiste cada vez que aborda el tema.

Al año siguiente llegó el torneo disputado en el Luna Park, con César Colantonio como jugador. “Estuvimos a un paso de alcanzar la gloria en la sumatoria entre tercetos, pareja e individual, también a manos de Italia, que era imbatible, una verdadera potencia”, rememoró.

Fuera del deporte también desarrolló distintos emprendimientos. En 1997 abrió el local de venta de llantas que aún conserva en Aguado al 200, después de haber participado en una empresa dedicada a la comercialización de aluminio y en una distribuidora mayorista de artículos sanitarios junto con Catini.

Tras una vida ligada a la competencia, Trellini admite que comenzó a preguntarse cuánto tiempo más continuará dentro de las canchas. “El hecho de dejar de jugar viene tronando en mi cabeza desde hace un tiempo”, manifestó. 

“Antes, programar un viaje para ir a un certamen era una fiesta y ahora se está convirtiendo en una carga”, reconoció. Los traslados y las condiciones de las rutas aparecen entre los principales factores que pesan en la decisión.

“Los trayectos largos, por el estado de los caminos, me generan preocupación por motivos de seguridad. A eso se suma la salud que, si bien en mi caso me acompaña, hay momentos en que mi esposa siente los achaques del lógico paso del tiempo y no me resulta sencillo dejarla sola”, explicó.

Los torneos provinciales pueden demandar hasta cinco días fuera de su casa. A eso se agrega el deseo de dedicarle más tiempo a su familia. “Soy abuelo y me gusta compartir el tiempo libre con mi nieta. Disfruto de ir a buscarla a la escuela”, expresó.

La posibilidad del retiro todavía no está confirmada, aunque el campeonato conseguido este año parece haber cerrado un círculo. “En lo deportivo ya no aspiro a nada más. Lo que me pasó a comienzos de este año fue como la frutilla del postre”, concluyó.

Con la serenidad de quien siente que cumplió cada objetivo, Rubén comienza a mirar más allá de las canchas. El tiempo junto a su esposa, sus hijos y su nieta aparece ahora como una prioridad, mientras conserva el orgullo de haber representado a Bahía Blanca y a la provincia en distintas etapas de una vida marcada por el compromiso, la constancia y el sentido de pertenencia. 

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