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INFORME ESPECIAL

Alerta amarilla: la venta de ropa en Bahía no repunta y crece la preocupación

La crisis en la industria textil no da respiro. Cómo afrontan los empresarios la brusca caída en la facturación. El impacto en el mercado de los showrooms y la oferta por Internet. Y el drama de tener un negocio en el centro.

Por Leandro Grecco, redacción La Brújula 24
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La Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria realizó una encuesta entre sus empresas asociadas durante enero para conocer el estado de situación del sector y las perspectivas para el 2021, como así también el impacto que había generado la pandemia.

Entre las principales conclusiones a las que arribaron al momento de analizar los resultados, se explicita que el 68% de las firmas registró una facturación negativa en 2020 respecto de 2019 (la mitad de ese grupo con caídas mayores al -25%).

Además, que el aumento de precios de las prendas de vestir para diciembre del alo que acaba de terminar con relación al anterior fue en promedio del 45%. La mitad de las empresas está operando por encima del 50% de su capacidad, mientras que un cuarto lo hace por arriba del 75%. El cuarto restante está usando menos de la mitad de su capacidad.

También se estableció que el comercio electrónico, si bien creció en 2020, su incidencia en el total de las ventas no supera en promedio el 15%. En casi dos tercios no llegó al 10%. Por último, entre los principales problemas financieros se observa la reducción del plazo de financiación de los proveedores y, si bien la cadena de pagos no se cortó totalmente, se resintió.

Simplemente son números, que a nivel nacional indican una realidad, tan fría como las estadísticas. Es por eso que desde LA BRÚJULA 24 se planteó la necesidad de elaborar un informe especial que permita bajar esos guarismos a lo que ocurre en Bahía Blanca, históricamente una plaza fuerte para la venta de indumentaria, sea cual fuera la época del año. Una recorrida por los diferentes aspectos que hacen a lo cotidiano de una actividad que por su devenir “deja mucha tela para cortar”.

En pleno intento de resurrección

Javier Prado es un conocido referente bahiense del rubro de la sastrería que abraza con pasión y, junto con su esposa modista y diseñadora Lorena Mochen, son los dueños de Vicentino, lo que les valió ganarse un lugar preferencial entre los clientes que asisten de manera periódica a su compañía de indumentaria que tiene su casa central en el barrio Villa Mitre y la sucursal de Monte Hermoso.

“Durante estos casi once meses de pandemia, a quienes confeccionan telas para tapicería y cortinados les fue excelentemente bien. Incluso han vendido más en comparación a cualquier otro año. En contrapartida, aquellos que pertenecen al rubro textil de la indumentaria la han pasado muy mal”, comenzó Prado a describir el balance de un 2020 tan crítico como sorpresivo.

Y agregó en ese mismo sentido que “quienes venden telas sueltas han logrado subsistir porque la gente en sus casas se puso a confeccionar indumentaria para arreglar el tiempo, siendo la vedette del 2020 la elaboración artesanal de barbijos”.

Competencia desleal y estrategias de venta

Antes de adentrarse en uno de los temas más polémicos que envuelven al rubro, Prado recapituló respecto a lo ocurrido este último tiempo: “Un taller de costura o confección de ambos de marca que tiene su negocio blanqueado debe cumplir con ciertas normas y requisitos. La aparición de casos de COVID-19, sean confirmados o sospechosos, obligó a aislar a los trabajadores y detener la producción. En paralelo, existen talleres clandestinos en los que no se frenó la labor, ni siquiera en los meses más estrictos de la cuarentena, sin que exista un control”.

“Las pruebas están a la vista, en fechas como el Día del Padre o Navidad, al observar imágenes de La Salada, donde la aglomeración de gente era impresionante, sin ningún tipo de cuidados, cuando para ciertos sectores existen medidas mucho más drásticas. Hubo mucha gente que se quedó sin trabajo en estos meses, personas que se dedican a la venta de indumentaria, adquiriendo prendas de vestir en ferias en Buenos Aires para revender en Bahía Blanca, ya sea por Internet, en un showroom o hasta en un garaje”, argumentó uno de los pocos sastres que tiene la ciudad.

Luego resaltó que alrededor de su local se alquilan espacios acotados para llevar adelante un emprendimiento comercial del rubro: “Uno factura todo y debe tener en regla cada uno de los requisitos que se le exigen, es allí donde surge cierta competencia desleal. Pero también uno comprende la necesidad de la gente que encuentra en esta alternativa la posibilidad de subsistir. Es lo que hay, lamentablemente”.

“Los aumentos de precios en las prendas acompañaron a la inflación. Sin embargo, terminamos vendiendo una indumentaria a un valor más económico al del mercado por una razón vinculada pura y exclusivamente a la demanda”

“Todo empresario que tiene su negocio en el centro o en el Shopping, blanqueado y con todos los requisitos, al que le instalás un showroom al lado, lo matás. Pero es la nueva modalidad porque la venta por Internet subió un 700%. A mi, particularmente esta modalidad me salvó porque publicábamos y logramos distintas bocas de expendio y redes, más allá de que la mercadería salía del mismo negocio. Esto es algo que vino para quedarse y nos tendremos que adaptar a las reglas de juego”, cerró en relación a la obligación de aggiornarse.

“Fue el fin de año más duro”

La temporada alta para quienes se dedican a la venta de indumentaria formal son las últimas semanas del año. A medida que transcurría el año pasado se iba perfilando un panorama desolador para la industria, incapaz de sostener la inversión frente a la prohibición sanitaria para realizar reuniones de más de 10 personas en diciembre, cuando muchos aspiraban a recuperar el terreno perdido.

“Al no estar permitidas las fiestas, la gente no adquiere ropa de vestir. Por eso, muchos de los negocios cambiaron el rumbo. Hubo eventos en el verano, reuniones con hasta 30 personas que entregaron la posibilidad de vender telas no tan formales como lino, jeans y gabardina”, reflexionó Prado

No obstante, sostuvo que “eso hizo que lentamente se mueva un poco la maquinaria. Estamos esperando que se retomen todas las actividades sociales, como ocurrió antes del coronavirus.

Talles especiales, en el radar de los clientes

El proyecto conocido como Ley de Talles crea un registro único y estandarizado, accesible para el consumidor y actualizado cada 10 años. Además, establece medidas contra la discriminación en los comercios y apunta a atacar enfermedades como la bulimia y la anorexia.

“Hoy hay marcas que fabrican indumentaria moderna para todo tipo de cuerpos. No es lo que más se vende ni te va a salvar porque no hay un gran mercado para ese perfil, pero debés tenerla”, resaltó el sastre consultado por este medio.

Al mismo tiempo, admitió un inconveniente que complica el cumplimiento pleno de la norma: “Actualmente, cuando el problema es la falta de stock en cuanto a la mercadería, el comerciante compra lo que más se vende y donde menos se invierte es en los talles especiales. Ocurre con las camisas que no es tan sencillo encontrar talles grandes”.

“El fabricante ofrece lo que más salida tiene en el mercado y cuesta más conseguir variedades como en años anteriores”, concluyó.

Algunos precios de referencia

Vestirse no es un mero trámite. En especial cuando se prioriza la búsqueda de ofertas o liquidaciones por sobre la calidad de una prenda. LA BRÚJULA 24 salió a la calle y relevó los precios de la ropa en el mostrador de los comercios, intentando establecer un promedio entre la indumentaria más elegida.

En el caso del hombre, los valores oscilan según el lugar elegido para realizar una adquisición. Una chomba se ubica en el orden de los $2 mil promedio, mientras que los boxers oscilan los 800 pesos. Un pantalón deportivo de marca trepa hasta los casi 3 mil pesos si tomamos un valor medio. Y una camisa no baja de los $2500, tomando como referencia la más económica.

Para la mujer, el abanico es más amplio y son, sin lugar a dudas, las más selectivas al momento de renovar su placard. Los conjuntos de ropa interior más elegidos pueden llegar hasta los 3 mil pesos. Los vestidos se ubican en un guarismo similar, variando en relación a la calidad de su costura. Si bien hay calzas de $1500, también las hay de 4 mil. Y en el caso de las carteras, si son importadas, no bajan de los $5 mil.

Cuando estar en el centro ya no es negocio

Guillermo Herlein (Código Store Clothing) y Luis Amore (Zapatilandia) tienen sus locales de indumentaria en el corazón de la ciudad, a metros de la Plaza Rivadavia y son los titulares de firmas que se han ganado el respeto de los bahienses, por años de trayectoria en los que brindan excelencia y calidad asegurada. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se han visto en inferioridad de condiciones. Y lo expusieron en el tramo final del artículo periodístico.

Herlein

“Desde el punto de vista comercial, el 2020 fue el peor año en muchísimo tiempo. No estábamos preparados para tener las puertas de los locales cerradas y, al mismo tiempo, asumiendo las responsabilidades económicas que implica un emprendimiento de esta naturaleza. Tuvimos que modernizarnos y lanzamos una página Web para tener mayor presencia en las redes sociales”.

“El microcentro está quedando cada vez más desolado, con persianas bajas por todos lados. Entre lo engorroso que es estacionar y la crisis económica, cada vez se ven más carteles de alquiler. Particularmente logramos mantenernos a base de promociones y reducir los gastos. Las fábricas están entregando, pero no tienen amplio stock y en cuanto a la mercadería importada, los precios varían constantemente”.

Amore

“La situación aventura un panorama muy negativo en cuanto al comercio presencial. Son muchos los factores que convergen, desde la venta por Internet hasta la callejera que es tan visible como ilegal. Los costos fijos para quienes tenemos todo en regla y al personal registrado son elevadísimos y eso hace que se transforme en una odisea la posibilidad de prosperar”.

“El microcentro, donde se modificaron las condiciones para el estacionamiento de los vehículos, está más castigado que el macrocentro porque la gente puede parar relativamente cerca. Estamos en plena discusión con el municipio para lograr habilitar más boxes porque no existe ningún centro comercial que funcione si no cuenta con espacio de cercanía para aparcar”.

Luis Amore. (Foto Pablo Noir - La Brújula 24)

“Con relación a calzados, hay una paradoja muy interesante. No solo la venta es muy baja, sino que también la mercadería es escasa. Lo que ocurre es raro, se le puede llamar especulación o el nombre que cada uno quiera, no sé a qué obedece. Un predominio del repunte de la importación en mi rubro porque el calzado que viene del exterior no puede ser reemplazado en calidad por el nacional, más allá de lo que refleja su valor en el mercado”.

“Uno siempre mantiene las ilusiones de que en algún momento la producción autóctona del país pueda competir firmemente con lo que llega de afuera. Creo que puede hacerlo más en zapatos que en zapatillas, donde da ventajas en las tecnologías de fabricación. En ese sentido y salvo Brasil que ha evolucionado en ese aspecto estamos a años luz de China que produce en el mundo entero”.


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