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INFORME ESPECIAL

La impostergable necesidad de recuperar la economía pese a la pandemia

Cómo impacta el contexto mundial en las expectativas de crecimiento de Bahía Blanca. Desempleo, inflación, cotización del dólar e inversiones, como termómetro de un 2021 que renueva esperanzas. Y la opinión de tres especialistas de la ciudad.

Por Leandro Grecco, redacción La Brújula 24
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En los últimos meses del año que acaba de concluir, la economía evidenció una evolución que está por encima de lo que venían esperando la mayoría de los analistas. Este impulso deja además un importante “arrastre estadístico” para el 2021 que está en ciernes, con un piso de mejora del 4 por ciento. Pero el rebote sería bastante mayor si la actividad continúa con su apertura gradual tras la cuarentena y cierto impulso que podría brindar el año electoral.

No obstante, el impacto de la pandemia en la actividad económica será de tal magnitud que en muchos sectores productivos no alcanzará la recuperación pronosticada y, así, recuperar el terreno perdido a partir de marzo de 2020. La amenaza que significa la tan temida llegada de la segunda ola de COVID-19 golpea a cuenta en rubros que aún no logran sacar la cabeza del agua.

A partir de esa premisa, LA BRÚJULA 24 se apoyó en la base empírica de los especialistas que trazaron sus estimaciones no solo a nivel mundial y nacional, sino también poniendo la lupa en la ciudad, engranaje del motor de un país que pide a gritos volver a ocupar el sitial que décadas atrás supo ostentar, a sabiendas de que las potencialidades son el principal aliado de una Bahía Blanca dispuesta a despegar.

Fueron tres los profesionales consultados, cada uno de ellos con opiniones matizadas por la corriente ideológica que los atraviesa transversalmente. El profesor de la Universidad Nacional del Sur y panelista de este medio, Mauro Trellini; el economista jefe de Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca y docente en la UPSO donde tiempo atrás fuera decano, Gonzalo Semilla; y el doctor en Investigación en Ciencias Sociales y licenciado en Economía que se desempeña en la primera de las casas de altos estudios mencionadas, Francisco Cantamutto, analizaron respondiendo a cuatro preguntas, el presente y plantearon lo que podría llegar a ocurrir.

El ministro de Economía Martín Guzmán y el presidente de la Nación Alberto Fernández

¿Cuáles son las primeras previsiones económicas que se pronostican para 2021?

Trellini: Lamentablemente para nada buenas. Se espera un tibio rebote en la actividad económica, pero muy lejos de consolidarse como crecimiento. En particular, no va a alcanzar para recuperar ni la mitad de la caída del PBI estimada 2020 cercana al 12%. En el mismo sentido, un rebrote de la inflación superior al 2020 y una presión sobre el tipo de cambio. El empleo y la pobreza seguramente sigan ascendiendo. Fuerte intervención y control del estado sobre la economía seguirán “ahogando” posibilidades de recuperación de la inversión. Igualmente, es el país más difícil de todos para hacer previsiones o pronósticos económicos, al ser tan intervenido constantemente en sus reglas e instituciones.

Semilla: Las proyecciones son malas a nivel internacional porque los meses de pandemia han impactado en más de 200 países, por eso se la llamaba cisne negro porque era inesperado e imprevisible. Claramente, este fue un año en el cual casi todas las economías del mundo van a caer y Argentina no es la excepción, siendo su declive aún más pronunciado respecto al de otras naciones por sus antecedentes de debilidad económica y fiscal. Se espera un rebote porque los indicadores cayeron abruptamente a nivel internacional y, sobre todo, durante lo que fue el apagón económico de marzo y abril. Luego, a medida que fueron transcurriendo las fases y se habilitaron los distintos segmentos se empezó a vivir un clima de recuperación. Por eso se espera que en 2021 casi todo el mundo tenga tasas de crecimiento positivo. En el país, se prevé un salto de entre un 4,5 y un 5%. Es una buena noticia. No obstante, el Gobierno deberá tener control sobre el tipo de cambio. Posiblemente, este escenario traiga una recuperación del empleo, con mayor índice de actividad en rubros como construcción, industria, el sector automotriz y será indispensable que Brasil crezca en este 2021, lo que daría un impulso a los argentinos. Lo propio podría ocurrir si China se eleva y, de este modo, redundar en que nuestros productos exportables aumenten. Eso explica la idea de creer en una balanza positiva.

Cantamutto: Las expectativas están centradas en un doble juego. Por un lado, el presupuesto que presente el Gobierno, recordando que el año pasado se funcionó sin esta variable. Se prevé una lenta devaluación del peso en línea con la inflación de modo de sostener el tipo de cambio real, tratando de impulsar el aumento de las exportaciones mediante la vía de acuerdos e incentivos fiscales como los que pusieron en práctica para algunos sectores específicos. En relación con el crecimiento de la economía, se aguarda por un rebote que no alcanzaría para recuperar la caída de 2020, pero permitiría reiniciar la acumulación. De acuerdo a las expectativas que mantiene el Gobierno, el repunte estaría centrado no solo en la exportación, sino también a través de la obra pública y la construcción. Hay un interés concreto de recuperar los ahorros, sea que estén en moneda extranjera o en el sistema financiero y reorientarlos en la inversión hacia ese sector que generaría un aumento de la mano de obra actualmente desocupada. Todo lo que acabo de señalar tiene como principal elemento condicionante la negociación por la reestructuración de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Esta debería llegar a algún tipo de resultado antes de abril para despejar el horizonte de pagos. En caso de que esto no ocurra, la Argentina podría enfrentarse a un cambio súbito de las perspectivas económicas, cuya definición no está visible aún hoy.

Mauro Trellini.

En términos reales, ¿cómo impacta la pandemia en los indicadores vinculados con PBI, inflación, Riesgo País y cotización del dólar?

T: La cuarentena, o mejor expresado el aislamiento, pego durísimo en una economía que venía de años de estancamiento y deterioro. El virus impactó en todas las economías del mundo, pero nos agarró a nosotros más debilitados. Ninguna de las variables mencionadas se salvó, pero gran parte de ese impacto se debe a problemas propios. El problema económico es de oferta y no de demanda, ya que la caída de la producción es anterior a la pandemia, recordando que la inversión privada en términos de Producto Bruto Interno es, desde hace dos décadas, de las menores de Latinoamérica. Sin inversión, y con mayores impuestos y controles, la actividad económica y el empleo no tienen futuro.

S: Algunos indicadores de cómo concluyó el año ubican a Argentina en una caída del PBI de entre el 10 y el 11%, acumulando así su tercer año consecutivo de retroceso. Pero no somos el único país que experimentó esta situación en 2020. La pandemia no necesariamente impacta en la inflación, la cual en el año que acaba de finalizar se ubicó entre 20 y 22 puntos porcentuales por debajo de 2019, lo cual no es poca cosa. La economía está sujeta a precios básicos, esenciales, tarifas congeladas, un dólar oficial que se devaluó muy gradualmente durante todo el año. Sin embargo, el consenso del mercado espera una tasa de inflación del 48%, mientras que el presupuesto de la Nación que fue aprobado prevé un 30%. La diferencia radica en la enorme inyección que hizo el gobierno este año para compensar los efectos adversos de la pandemia. La desaparición de los precios máximos, la actualización de los servicios públicos, del combustible, las prepagas, las telecomunicaciones y la TV por cable tendrán un irremediable impacto, aunque el Gobierno tratará de establecerlo lo más gradual posible. Será indispensable que se establezcan políticas monetarias muy claras y finas para neutralizar el posible traslado a precios. La cuarentena trajo un obvio aumento de desempleo y la no circulación hace que haya menos gente demandando productos. Eso explica la depresión muy grande en el sector comercial, con una caída estrepitosa de las ventas que impide una actualización de valores. Cuando los comercios pudieron reabrir, se encontraron con el dilema de establecer con qué precios volvían al mercado. El Riesgo País bajó sustancialmente al punto de que Argentina modificó su calificación luego del acuerdo con los acreedores internacionales. Eso resultó exitoso en medio de la pandemia porque lo más fácil era declarar el default. Actualmente se ubica en los 1300 puntos básicos. Queda por cerrar y, parece que así va a ser, con el FMI lo que podría hacer bajar aún más el Riesgo País. Sobre la cotización del dólar oficial ha sido gradual durante todo el año, por eso pasó desapercibido. De todas formas tenemos un 40% de variación del tipo de cambio y está por encima de la inflación, cuando en realidad lo que siempre se dice es que ambas van de la mano por el mismo camino. El porcentaje es muy alto, pero fue consecuente durante todo el año. Cabe recordar que en agosto de 2019, después de las PASO hubo una variación del tipo de cambio del 25% en tres horas.

C: La pandemia, por definición, opera a escala mundial y del mismo modo lo hace la crisis que se atravesó en 2020. Es la más grave de la que se tenga registro en los últimos 70 años y la más amplia coordinada en todos los países del mundo en los últimos 150 años. No se trata de un fenómeno estrictamente argentino, sino que es un problema de índole mundial que encontró a la economía del país particularmente afectada por el descalabro producido por el gobierno anterior que dejó un escenario vulnerable, en crisis y con una elevadísima inflación. En ese sentido, el impacto de la pandemia es innegable porque produjo una crisis tanto por oferta como por demanda. El PBI cayó por encima de lo que se esperaba, la inflación se redujo casi 20 puntos por debajo respecto de 2019 y esto tiene que ver centralmente con la incapacidad de circulación de la moneda en ciertos ámbitos, pero sí incrementó el Riesgo País fruto de la inestabilidad y la fragilidad que venía operando. En lo que se refiere a la cotización del dólar, estará asociada con las especulaciones por parte de grupos reducidos de operadores que aprovecharon el contexto de fragilidad para presionar y obtener concesiones por parte del Gobierno.

Gonzalo Semilla.

¿Bahía Blanca puede tener moderadas expectativas de crecimiento independientemente de lo que ocurra a nivel nacional o mundial?

T: Bahía Blanca no va a poder escapar de la generalidad macroeconómica que viene. Muy bajo, o nulo, clima de negocios. Pero el Puerto y algunas obras relacionadas con Vaca Muerta podrían darle algo de aire. Igualmente al ser principalmente comercial, es probable que sienta los efectos de un 2021 muy difícil.

S: Lo que pasa en el mundo y en el país arrastra a todo el territorio nacional. Si se reactiva el comercio internacional ocurrirá lo mismo. Hoy hay una alta cantidad de flujo de dinero que busca rentabilidades. Y en los países de primer mundo no las estaría encontrando porque las tasas de interés son cercanas a cero. Entonces, los grandes grupos de inversión observan con buenos ojos a Brasil, México, Chile y en menor medida Argentina como captadores de inversión extranjera directa. Cerrando con el FMI, podríamos ser un país receptor de flujos de capitales internacionales. Eso decantaría en nuestra localidad porque tenemos un Puerto que motoriza enormemente, al absorber lo que no se completa en Rosario. Ese crecimiento también estaría asociado con Vaca Muerta. Resta saber si acompañan el sector industrial, el petroquímico y esperar que la franja inmobiliaria tenga mayor actividad mediante créditos hipotecarios. Otro aspecto a contemplar es si el Gobierno decide invertir en obra pública, en un año de elecciones.

C: Nunca son independientes de lo que ocurra a nivel nacional o mundial. En Bahía Blanca hay determinadas fortalezas que le permiten expandirse, lejos estuvo de ser la ciudad que mostró los peores indicadores durante 2020, pero aun así, exhibe elevados valores de pobreza e inactividad. Vale decir, mucha gente que no pudo salir a buscar trabajo y, por lo tanto, se quedó en sus casas. Respecto a las perspectivas, en la medida que el gobierno nacional centre expectativas en el crecimiento de las exportaciones agropecuarias y la reactivación del comercio internacional y también de comodities, hace que el complejo del Polo Petroquímico y el Puerto tengan buenas perspectivas, condicionadas por la recuperación de la economía mundial, algo que todavía no es un hecho claro. Y además por la clase de acuerdos que logre generar el Gobierno con los distintos países del mundo para aprovechar el potencial resurgimiento del comercio, lo cual no es un hecho establecido. Bahía Blanca podría tener otra serie de proyectos centrados en alternativas que por el momento no estaría retomándose. Pero sus perspectivas no se desprenden de lo nacional.

Francisco Cantamutto.

Para aquellos que hayan logrado ahorrar en pesos, ¿qué sugerencia pueden recibir para no “perder” rentabilidad?

T: Cubrirse del aceleramiento de la inflación que va a ser más alta que 2020 con instrumentos indexados. También cobertura de tipo de cambio con dólares alternativos, instrumentos atados al dólar (dollar linked) y CEDEARs que son interesante opción. Quedarse en pesos en plazo fijo a estas tasas actuales parece una opción perdedora. Privilegiar la liquidez en épocas de tanta volatilidad es otra sugerencia válida.

S: Hay muchas alternativas. Lo que uno siempre trata de transmitir es la diversificación, no tener los ahorros en una sola inversión. El plazo fijo apenas empardó a la inflación y guardarlos abajo del colchón implicó perder hasta un 35%. Si alguien adquirió dólares oficiales se topó con la limitante del tope de los 200 USD por mes. También está el refugio del mercado informal, donde uno nunca sabe si está haciendo o no un buen negocio. Otra alternativa es la adquisición de bienes durables o un rodado y hasta la reparación de algún artefacto hogareño, siempre utilizando lo que son los medios de pago de Ahora 12 porque, al no tener intereses. La última opción es para perfiles de inversores de negocios y está emparentada con trabajar en la Bolsa con acciones y bonos; allí entra en juego la valentía de asumir riesgos o plantarse en una postura más conservadora. Lo que está claro es que esa es una apuesta a largo plazo.

C: A nivel general, en línea con las perspectivas de recuperación y por el desfasaje de precios, la construcción se encuentra relativamente barata en dólares con relación a años anteriores. Si bien los precios están incrementándose, para aquellos que tienen capacidad de ahorro y quieren invertir, hacerlo en ladrillos no es una mala alternativa porque es relativamente barata y se está incrementando el precio que puede servir para obtener un rendimiento a futuro. Por otro lado, en opciones financieras, la emisión del Estado de bonos vinculados al valor del dólar, también ofrece cierta seguridad de cobertura ante la posibilidad de una devaluación.


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