Seguinos

Noticias B

Sigue la ronda de testigos en el juicio contra el peritrucho

Marcos Herrero está acusado de intentar desviar la investigación por la muerte de Facundo Astudillo Castro arrimando “evidencias” truchas

Tras la jornada del martes, que fue casi enteramente dedicada a cuestiones procesales y a la declaración del imputado, hoy se llevará adelante una nueva audiencia en el juicio contra el falso perito Marcos Herrero en donde desfilarán nuevos testigos, en este caso, pedidos por el fiscal Gabriel González Da Silva.

El debate está a cargo del juez Ernesto Sebastián, y la defensa es ejercida por el abogado particular Leandro Aparicio.

Herrero en su descargo no explicó nada serio sobre sus “hallazgos” en la Causa Facundo. Su defensa giró en torno a que él era el único que detectaba “olores” del joven desaparecido porque “sabía trabajar”, en cambio el resto de los adiestradores tenían el “perro cansado”, o no tenían su técnica o estaban condicionados, como el caso de su propio compañero Lucas Maciel por pertenecer a la Armada Argentina.

Y como si fuera poco, afirmó que sus perros podían romper la barrera temporal sobre la permanencia de olores, poniendo en jaque a la ciencia.

Para explicar en qué consistían sus técnicas en los peritajes, hizo mención a la comunidad aborigen que, según sus palabras, “le enseñaron a trabajar desde lo espiritual en el desarrollo del perro”. Y agregó: “El perro trabaja en estado de conciencia. Los animales piensan y determinan como los humanos, esto está comprobado científicamente”.

Sobre la sangre de Facundo que -en aquel momento- dijo haber hallado en distintos vehículos, trató de volver sobre sus pasos y ahora se despachó con un “símil sangre”.

Sobre los delirios de Herrero en el caso de la sangre no hay otra explicación que la impunidad. Herrero se sentía impune y protegido. Pues nadie, a menos que esté fuera de sus cabales, podría afirmar semejante falsedad a sabiendas de que en menos de una semana un laboratorio desmentiría tal aseveración.

Nada dijo del hallazgo de los “huesos con esencia de Facundo”, a los que llegó por medio de una clarividente -declara judicialmente insana- y que se comprobó que ni siquiera eran humanos: eran de vaca.

El cuadro bizarro, tal como publicó este diario, se dio cuando se quejó del título “El Coleccionista de huesos”, mientras detrás de él había una calavera de adorno sobre una repisa.

Más Leídas