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Mar del Plata

El insólito blooper en el bautismo de un buque

En coincidencia con la última celebración del día del Marino Mercante, el pasado 25 de noviembre, el buque de investigación pesquera “Mar Argentino” arribó al puerto de Mar del Plata para incorporarse a la flota de embarcaciones con las que cuenta el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP). La moderna motonave fue construida en el astillero gallego Armon Vigo S.A. La firma española entregó en 2017 el “Víctor Angelescu” también destinado a tareas científicas a cargo del INIDEP.

Luego de cumplidas las formalidades reglamentarias, durante la mañana del pasado viernes en la Escollera Norte del puerto marplatense se dieron cita autoridades nacionales y provinciales entre las que se destacaban el ministro de Agricultura Ganadería y Pesca de la Nación, Luis Basterra, su par provincial Carlos Liberman, el director del INIDEP, Oscar Padín, funcionarios de la Prefectura Naval Argentina y -como es de rigor en estos casos- la madrina de la nave que en la ocasión fue la doctora María Berta Cousseau quien aquilata muchos años de servicio como investigadora del organismo.

Luego de los discursos de rigor y de la bendición que recibió el “Mar Argentino” todo estaba dispuesto para que la madrina procediera a lanzar la consabida botella de champagne sobre la proa del buque con el propósito de afianzar su nombre y augurar prosperidad y buenos vientos. Probablemente producto de lo precario del sistema escogido para el lanzamiento, como así también por el poco ortodoxo lugar de la nave sobre el que se arrojó la botella (el lateral de la embarcación), ésta no se rompió. Sabido es que - siempre en el contexto de las tradiciones navales- la no rotura de la “botella bautismal” es de mal augurio. Más allá de cualquier superstición o leyenda, los buques Titanic, Andrea Doria y el hoy famoso Costa Concordia comparten un origen y un final común, sus botellas no se rompieron y todos naufragaron.

Seguramente por ser todos los participantes de la ceremonia de bautismo conocedores de estas historias y tradiciones marineras, la exclamación que se escucha en el video que inmortalizó el frustrado primer intento de concretar el bautismo brotó de forma espontanea. Rápido de reflejos, el locutor que ofició de maestro de ceremonia, instó a la doctora Cousseau a repetir la escena aunque la misma arrojó idéntico resultado, el frágil vidrio de la botella volvió a vencer a la dura chapa naval de la nave. Luego de un tercer intento y de un cuarto adicional la cubierta del “Mar Argentino” seguía sin ser regada por líquido espumante que le daría la energía suficiente para hacerse a la mar.

Visiblemente molesto por la situación, el director del INIDEP tomó la botella en sus manos y arremetió contra la nave una, dos y hasta cinco veces sin poder lograr el cometido. Vencido y agitado accedió, a instancias del locutor oficial, a abrir la botella y derramar finalmente el contenido sobre la embarcación, algo que tampoco fue fácil de lograr.

La tradición Vikinga

Reconocida como una de las culturas pioneras en el arte de navegar, la civilización vikinga es sostenida hasta el presente como una de las más innovadoras en materia de diseño de embarcaciones, en el estilo de conducirlas y en las mejoras constantes en las formas de propulsar sus naves. También se les reconoce la paternidad sobre la tradición del “bautismo naval”. Convencidos de que las naves tenían alma y de que había que dotarlas de sangre para que cobraran vida, cada buque que construían en sus primitivos astilleros recibía a modo de bautismo la sangre del trabajador más joven utilizado en su construcción al que arrojaban literalmente con una suerte de péndulo sobre la proa del buque una vez que estaba terminado para que la sangre del malogrado trabajador transmitiera a la “nao” fuerza, valor, resistencia para vencer los embates del mar.

Con el correr del tiempo, el natural y en este caso afortunado desarrollo de la civilización hizo que la costumbre fuera mutando hacia el uso de animales, luego mascarones de proa para brindar protección contra los males del mar, agua bendita, vino (hacia el 1800) y posteriormente y hasta nuestros días el consabido champagne.

Como se ha dicho, esta moderna nave dotada de la última tecnología en materia de navegación e investigación, permitirá al INIDEP dar un paso cuantitativo y cualitativo en materia de investigación y prospección pesquera. Ambas tareas son fundamentales para poder entre otras cosas determinar la biomasa y los stocks de las distintas especies ictícolas que habitan en el mar argentino y de esta forma fijar las cuotas máximas de captura para cada especie asegurando la denominada pesca sustentable y no depredadora. El “Mar Argentino” es una embarcación de 36 metros de eslora (largo) y 8,5 metros de manga (ancho), que cuenta con propulsión diésel eléctrica, quilla retráctil y un sistema de baja propagación de ruido al agua para evitar interferir con la evolución de los cardúmenes. Lo tripulan 19 personas de las cuales 11 son parte de la dotación náutica y los 8 restantes científicos.

La renovación de la vetusta flota de investigación del INIDEP fue planteada en 2015, siendo luego la gestión del ex presidente Mauricio Macri quien la llevó adelante mediante un convenio con el astillero español Armón lo que generó severas protestas de los referentes locales de la industria naval quienes argumentaron que el país estaba en condiciones de construir embarcaciones de este tipo. No obstante, en lo que fue una política constante entre 2015 y 2019, todas las construcciones navales civiles o militares fueron encargadas a astilleros extranjeros. Asimismo, las actuales autoridades han dado claras muestras de seguir por el mismo camino dado que se han confirmado todas las construcciones navales programadas para el periodo 2020 2023.

(Fuente: Infobae)

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