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moraleja

Encontró un caballo suelto en el barrio Patagonia, quiso ayudar y se metió en un lío

Lo llevó a su propiedad para evitar una tragedia y también para esperar a que apareciera el dueño. En el medio “pasaron cosas” y según dijo, le dejó una gran enseñanza.

Cecilia Corradetti / [email protected] / La Brújula 24

Dice el refrán que no hay comedido que salga bien. Y, a juzgar por un hecho con ribetes insólitos sucedido el domingo pasado, alrededor de las 16, en el barrio Patagonia, parece ser cierto.

En la cuadra de Pino Hachado al 3400, paralela a 14 de Julio, apareció un caballo suelto que se dirigía hacia la avenida Pilmaiquén, una vía que suele ser muy transitada a cualquier hora del día.

Damián Salloum, vecino y padre de familia, lo siguió y, como pudo, porque no tiene experiencia en el trato con caballos, se lo llevó al jardín de su casa con el fin de evitar una tragedia. Acto seguido, llamó al 911 y también publicó lo sucedido en el grupo de Whatsapp del barrio: “Hay un caballo suelto, se estaba yendo hacia Pilmaiquén y ahora lo tengo en casa”, escribió.

Damián, que temía que el caballo fuera atropellado o, peor aún, que provocara una desgracia con un vehículo, no se imaginaba en el “berenjenal” que se estaba metiendo.

Lo cierto es que, de inmediato, otro vecino le respondió, solidariamente: “¿Sigue por tu zona el caballo? Decime por dónde anda y me voy hasta el destacamento si el 911 no responde”.

“Está en mi jardín. Caso contrario es un peligro”, respondió Salloum mientras contemplaba al caballo pastando a metros de la pileta, en su patio.

La respuesta de Caballería llegó de inmediato: “No podemos hacer nada porque no tenemos lugar físico donde llevarlo”. La dependencia sugería dejarlo atado afuera del domicilio hasta que apareciera el dueño, por si lo estaban buscando. “Pero no nos pareció una buena salida y lo dejamos en casa”, dijo.

El 911 tampoco llegó. “Si no tienen ni nafta para los vehículos, menos van a tener para hacerse cargo de alimentar un caballo”, fundamentó, en diálogo con La Brújula 24. Además, según los comentarios, no es la primera vez que sucede un hecho de esta naturaleza en ese sector de la ciudad. Y nadie jamás sabe qué hacer.

“Lo peor –indicó Salloum—es que me daba cuenta de que me había metido en un lío porque resulta que los caballos son bienes muebles y, por lo tanto, me había apropiado de algo que no me correspondía”. Los bienes muebles son aquellos que pueden trasladarse fácilmente de un lugar a otro, por cualquier medio, manteniendo su integridad.

“Dicho de otro modo, es algo así como si hubiese encontrado una moto y me la llevaba a casa. Un robo”, ejemplificó.

Las horas pasaban y el caballo continuaba sin ser reclamado por ninguna persona. Le sugirieron llamar a Zoonosis. “Pero justo en en ese momento apareció una vecina que practica equinoterapia, acercó un apero, lo enganchamos y lo llevamos a una institución local llamada Crines del Sur, que se ocupa del bienestar de los caballos. Afortunadamente siempre estuvo tranquilo”, relató.

Fue el propio vecino quien caminó junto al caballo atado desde su domicilio, en Pino Hachado al 3400 y el complejo ubicado en cercanías del mayorista Makro. “Una cosa muy insólita”, sostuvo.

El caballo, según dijo, carecía de chip y DNI, algo que deben tener los equinos para evitar este tipo de inconvenientes. “Nadie se hacía cargo y, por lo visto, cuando suceden estas cosas, la policía los deja atados en la calle hasta que aparezca el responsable”, aclaró.

Más allá de la moraleja nunca mejor expresada, sobre que “No hay comedido que salga bien” y de las idas y vueltas del episodio, Salloum reflexionó: “Esto de querer hacer el bien y evitar un mal mayor me dejó una enseñanza. Nunca me imaginé que el caballo era un bien mueble. También aprendí que las instituciones intermedias y los proteccionistas fueron los que actuaron y lo hicieron bien. Creo que no hubo desidia, sino que la policía no sabe qué actitud tomar frente a estos hechos”.

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