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A 42 AÑOS DE MALVINAS

Habló el piloto que hundió una fragata: “Todo argentino hubiera querido estar en mi lugar”

El 21 de mayo de 1982, Alberto Jorge Philippi descargó las cuatro bombas de su A-4 sobre el navío invasor. A los 85 años, el repaso de una supervivencia que lo marcó a fuego.

A 42 años de uno de los hitos en los combates por la soberanía de Malvinas, uno de los protagonistas de ese hecho tuvo un mano a mano con La Brújula 24. Fotos gentileza Alberto Philippi
Por Augusto Meyer / de la Redacción de La Brújula 24

Exactamente 42 años atrás y con el reloj marcando la hora 15, el capitán de navío Alberto Jorge Philippi descargaba las 4 bombas de su avión de combate Skyhawk A-4Q sobre la fragata inglesa Ardent, en pleno combate por la soberanía de las Islas Malvinas. Philippi fue, con 43 años, el piloto más veterano del conflicto bélico y responsable de una escuadrilla de seis aviones.

Hoy, con 85 años, al exmarino, familiares y excamaradas le festejan el “segundo cumpleaños”, luego de haber sobrevivido a semejante experiencia. Es padre de 4 hijos; uno sigue una carrera de aviador naval con un Súperetendard. El menor, Ingeniero Industrial, es piloto civil. “Siempre están los consejos a los hijos para que no hagan lo que uno hizo sabiendo que estaba mal”, definió en la charla con este medio.

Alberto Philippi, de actuales 85 años, habló en extenso con La Brújula 24 sobre el ataque a la flota inglesa del 21 de mayo de 1982.

El ataque y hundimiento de la fragata inglesa

El 21 de mayo de 1982, Philippi despegó del aeropuerto de Río Grande con su escuadrilla para atacar la flota británica en el estrecho San Carlos. “Mingo”, apodo con el que lo conocen camaradas y amigos, descargó las cuatro bombas sobre la fragata Ardent pero, en la arriesgada misión, su avión fue alcanzado por misiles de un Sea Harriet. Se eyectó a 900 km/h, más de dos veces por encima de la velocidad sugerida para la maniobra. Antes, avisó por radio: “Me dieron, me eyecto, estoy bien”.

Philippi tenía a su cargo una escuadrilla de seis aviones argentinos. Primero tuvieron base en el portaviones 25 de Mayo y, luego, en Río Grande.

El paracaídas funcionó y el piloto cayó pesadamente al agua, donde se hundió. Casi desvanecido lo sacó a flote el mismo paracaídas al inflarse por el fuerte viento. Philippi nadó 400 metros hasta la costa, llegando exhausto. Con un cuchillo hizo un “pozo de zorro” para protegerse del viento, a fin de no perder temperatura corporal. “Cuando me despertaba, hacía más profundo el pozo y emitía señales de radio. Las captó un buque inglés que bombardeó al Río Carcarañá (un navío argentino), creyendo que el pedido de auxilio venía de allí. Me moví para no caer prisionero, maté un corderito, lo evisceré y lo cociné ‘vuelta y vuelta’ con dos bengalas”, dijo el excombatiente.

Una imagen de los tiempos en que la escuadrilla de Philippi hacía base en el portaviones.

Tres días después, el piloto halló a personas que llegaron en un Land Rover. “Los creí argentinos y ellos pensaron que era soldado inglés por la ropa, de fabricación británica. Entre ellos estaba Tony Blake, quien terminaría siendo su amigo. Me dijeron ‘usted es una persona de suerte. Para hacer rotación de ganado venimos a esta zona un día cada 6 semanas, y hoy nos tocaba’”, recordó Philippi sobre aquel diálogo.

Philippi (a la derecha) junto al suboficial Velasquez, encargado de Armas.

Entrenamiento “humano”

El piloto recordó al teniente de navío Marcelo Gustavo Márquez, el camarada caído en la operación del 21 de Mayo del ’82. “Salimos seis aviones y volvimos tres (además de él, otro avión fue derribado, siendo el piloto rescatado con vida). Los ataques fueron de a tres, con cinco minutos de diferencia. Entramos sin ser detectados por los radares y, al ver explotar la fragata, los ingleses respondieron”, explicó.

El piloto que habló con La Brújula 24 en ocasión de recibir a los demás aviadores que llegaron para formar la escuadrilla.

Philippi aclaró que durante la instrucción, jamás reciben mensajes destinados a matar al enemigo, aún para el caso que estén en guerra. “El aviador tira pensando en neutralizar el navío. Aquella tarde impactamos a la fragata con 2 o 3 bombas y estábamos saliendo cuando los Harriet respondieron. Uno se acercaba para liquidarme con cañones cuando me eyecté”, señaló.

Philippi en el destacado. De pie y primero de la izquierda, el teniente de navío Marcelo Gustavo Márquez, fallecido en la misión. La foto fue captada el día previo al ataque a la flota inglesa.

“Algunos marinos de confianza me decían que cambié. Un suboficial, de apellido Gutiérrez, me dijo: ‘Señor, usted era muy áspero…un rompebolas inaguantable; ahora está más humano…’ y en mi casa, mis chicos me dijeron lo mismo jaja”, expresó.

Se emociona al recordar el contexto bélico y las posteriores demostraciones de cariño. “Recibo afecto de todo el mundo, siempre. No sólo al regreso sino en Malvinas (de los isleños que lo hallaron) y después cuando estuve en Washington, en la Universidad de Defensa. Los americanos me saludaban diciéndome ‘¿vos sos el Alberto de Malvinas?; ¡qué gusto!’. Y acá, mientras espero en la cola de la Cooperativa, me dicen ‘¿usted es Philippi…?’”.

Una postal de los fuertes combates por la soberanía de las islas.

“Me viene a la memoria la carta que escribió el piloto inglés que derribó el avión del teniente Márquez. Dijo que le tiró un misil y le erró, y lo remató con una ráfaga con cañones de 30 milímetros, una masa de plomo. Cree haberlo impactado en la turbina, porque el avión de mi compañero se desintegró”, recordó.

El dolor por el “Belgrano” y el “ARA San Juan”

Philippi lleva impregnado el dolor por dos tragedias que impactaron tanto dentro como fuera de la Armada: el hundimiento del crucero ARA “General Belgrano”, en Malvinas, y -mucho más acá en el tiempo- la tragedia del submarino ARA “San Juan”. “Estábamos preparando un ataque contra la flota inglesa. El plan se canceló por falta de viento para catapultar los aviones y, en eso, nos enteramos en el portaviones del hundimiento del Belgrano; fue un baldazo de agua fría”, recordó.

El sentido recuerdo de un camarada muerto

Alberto Philippi nos muestra con orgullo imágenes de la guerra; algunas son fotografías y, otras, dibujos de fina elaboración que retratan aquellos tiempos. Entre las fotos, resalta una del 20 de mayo de 1982, el día previo al ataque a la flota inglesa.

“Cuando muere Márquez, sus compañeros fueron a retirar sus pertenencias y en la mesa de luz hallaron un texto de J.Marchena que resume la vida y el sentido de ser piloto naval. ‘Quiero vivir la vida aventurera de los errantes pájaros marinos, sin tener para ir a otra ribera la prosaica visión de los caminos. Quiero volar cuando la tarde muera entre indecisos campos ambarinos y oponer a los raudos torbellinos el ala firme y la mirada fiera. Quiero llenarme de luz, ser soberano de dos inmensidades, mar y cielo y cuando tenga el corazón cansado, morir sobre un peñón abandonado con las alas abiertas para el vuelo’”.

La amistad con un isleño y la receta de los scons

En medio de la guerra, surgió entre el piloto argentino y un isleño, una amistad entrañable. Tony Blake no sólo ayudó a Philippi, le dio casa y comida sino que le proveyó la comunicación para poder reportarse y pedir rescate. Antes de marcharse, Blake le entregó a Philippi obsequios para sus hijos y una receta de scons para su esposa, por entonces docente en Río Grande.

Philippi siendo anfitrión de Tony Blake durante la visita a la escuadrilla de Superetendard.

“El 25 de mayo a las 10, Blake avisó a Puerto Argentino que había encontrado a un piloto argentino algo lastimado, pero que estaba bien. Un helicóptero me llevó a Darwin. El comandante Roberto Castro Fox, en Río Grande, fue a ver a mi señora y le dijo que yo estaba con vida. Ella había visto por la ventana de la escuela salir a seis aviones y regresar a tres. Ese día el comandante le contó sobre mi derribo, pero que uno de los pilotos de la escuadrilla había visto un paracaídas. ‘Si es de Alberto, va a aparecer’, le dijo. Y así fue: a los 10 días, me reencontré con mi familia”, señaló dejando caer algunas lágrimas.

Blake visitó dos veces Bahía Blanca y, junto a Philippi, participó de encuentros de camaradería. “Parece mentira haber dado con una persona con la cual, siendo ‘enemigos’, compartíamos hobbies como pesca con mosca, radioaficionados, la fotografía, caza mayor, armas y golf”, dijo.

Tony Blake, rindiendo homenaje a nuestros héroes en el cenotafio de Puerto Belgrano. Lo acompaña Alberto Philippi, el piloto argentino al que el isleño ayudó.

El isleño invitó a Philippi a volver a Malvinas. “Tony me dijo ‘tenés las puertas abiertas para sacar las truchas más grandes de tu vida’. Siempre digo que volvería, pero en un avión naval; de ninguna manera con una visa inglesa ni en un avión chileno”, aclaró.

La emoción embargó a Philippi al recordar a uno de sus pilotos, el teniente de navío Marcelo Márquez.

El orgullo intacto

“Siento el inmenso orgullo de haber participado de esa patriada. No necesito bandera ni medalla. Todo argentino hubiera querido estar en mi lugar. Con 22 años de servicio, puse mi conocimiento y capacidad para defender al país…”, reflexionó Philippi.

El expiloto consideró que, si no hubiesen intervenido los americanos, los ingleses no se quedaban en las islas. “Lo dijo el secretario de Marina de los Estados Unidos, John Lehman, cuando en un libro se refirió a las relaciones americanas/inglesas”, recordó.

“El reconocimiento es suficiente. Sólo cumplí con mi deber; ¿qué más puedo pedir que el afecto que recibo?”, expresó y dio cuenta de su “fórmula” para recuperar Malvinas. “Las tendremos con negociaciones, pero cuando seamos un país serio. Somos una hoja en la tormenta, no tenemos peso específico. A principios del siglo XIX nuestro comercio era el 2% mundial y ahora no llega al 0,02%”, opinó Philippi, graduado con una maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad de Belgrano.

“Un amigo Doctor en Historia que conocí en los Estados Unidos, me mostró bibliografía que no deja dudas que las islas son argentinas; Inglaterra hizo un acto de fuerza de una potencia imperialista”, subrayó.

El testimonio Alberto Philippi a 42 años del ataque

El rescate y el reencuentro con su familia

Receptor permanente de afecto

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