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Un fin de año diferente

Cómo abordar los miedos, la tristeza y la desazón luego de la catástrofe en Bahía

La reconstrucción anímica de los bahienses sobre el fin de un año difícil y el agravante de una tragedia. El psicólogo Hugo Kern nos dice cómo sobrellevarlo.

Cecilia Corradetti / [email protected] / La Brújula24

La catástrofe que azotó a Bahía Blanca el pasado sábado 16 de diciembre marcó, sin dudas, un antes y un después en la vida de muchísima gente.

Superados los primeros días del impacto más grande y doloroso, resta, a partir de ahora, una reconstrucción material y anímica.

Hugo Kern, Psicólogo, magíster en Salud Colectiva y jefe del departamento de Salud Mental y Adicciones de la Secretaría de Salud de la Municipalidad de Bahía Blanca, brindó algunas recomendaciones a tener en cuenta.

El profesional, de extensa trayectoria, integra el equipo de emergencia psicológica del municipio, que tuvo una intensa actividad especialmente luego del episodio climático más traumático en la historia bahiense.

“Antes situaciones críticas como las vividas, las emociones que aparecen suelen dejar en estado de vulnerabilidad y perplejidad en las personas, que en muchos casos quedan sin saber qué hacer o decir”, dijo a La Brújula 24.

Como padres y cuidadores de otros, más allá de la importancia de dejarse ayudar, instó a poner la mirada en niños y adolescentes que pudieron haber quedado marcados por los efectos de lo vivido.

En ese sentido, Kern propuso procesar el encuentro para elaborar, junto con otros, el efecto de lo acontecido.

“La manera de tramitarlo es a través del lazo, posibilitando este despliegue de las emociones y la construcción de lo común como soporte frente al malestar”, sostuvo.

Dijo que es común que, con el transcurrir de los días, se puedan manifestar respuestas esperables.

Entre las reacciones de los adolescentes, pueden presentar sentimientos de miedo, irritabilidad, agresividad, violencia, y ansiedad, además de cambios bruscos de ánimo, alteraciones del sueño, y un alerta a sonidos fuertes.

También aislamiento social y familiar, retraimiento, cierto alerta a los cambios climáticos, desinterés, dificultad de atención y de concentración.

“Recomendamos observar el comportamiento sin invadirlos con comentarios o preguntas. Mostrar disponibilidad y receptividad sin enjuiciar aquello que tengan para decir, brindar espacios de escucha, hablar desde la verdad, brindar una explicación real y simple sin ahondar en detalles, validar lo que piensan y sienten y, otra cuestión importante, insisto, permitirnos como adultos y cuidadores dejarnos ayudar por otros”, sugirió.

Entre las posibles reacciones de los niños mencionó cambios en el sueño y la alimentación; cambios en el comportamiento, falta de control de esfínteres, cambios anímicos, mayor irritabilidad, enojos, malestares corporales, negarse a hablar de lo ocurrido y disminución de la concentración.

También pérdida de interés por las actividades habituales, miedo a separarse de los adultos y estados de alerta a sonidos fuertes.

Y en el medio, las fiestas

Lo sucedido en la ciudad echó por la borda todo espíritu festivo. Las celebraciones de Navidad y Año Nuevo representan un cierre de un ciclo, un momento que se plaga de recuerdos y las emociones están más presentes en la vida cotidiana.

“Es un momento emocional importante más allá de las situaciones que nos tocan vivir. Aparece la nostalgia y tiene que ver con tendencia a hacer balances donde, en general, aparecen las cosas pendientes, lo que no se hizo”, dijo.

Además, se suele focalizar sobre las ausencias, no solo de los seres queridos que ya no están, sino de hijos que celebran en otro lado o desencuentros amorosos, entre otros ejemplos.

“Es bueno reconocerlo y pensar que no debemos quedarnos solo con lo que está mal, sino en nuevos objetivos y estrategias. El autoreproche no es bueno, sino que hay que aceptar esta sensibilidad. La vida misma no es una alegría permanente ni tenemos que forzarla. La felicidad son momentos”, continuó.

“La cuestión está en cómo se piensa y cómo se expresan los sentimientos y pensamientos y siempre tratar de ponerlos en palabras”, señaló.

También sugirió, cuando existen crisis, tomar los cuidados propios de la salud mental, no quedar “pegados” a obligaciones autoimpuestas, no tener miedo a “quedar mal” ni obligarnos o hacer esfuerzos por agradar. “Hacer lo que se siente y prestar atención a lo que nos provoca bienestar. Cada uno debe ir adecuándose a aquello que le hace bien”, advirtió.

En ese sentido, parafraseó un verso de una canción del Indio Solari: “No puedo cumplir hazañas que prometí”.

“A veces no se puede cumplir con todo y menos que menos hacer en una semana lo que no hicimos en todo el año. La alegría no es obligatoria. También tenemos que tener cuidado con la infodemia, es decir, creemos demasiado en los anuncios y mandatos que a veces no son tan verdaderos ni satisfactorios. Debemos encontrar el camino propio”, remarcó.

Dijo, además, que la crisis económica y social afecta la salud mental. En estas fechas aumentan también las situaciones graves, como los suicidios, para lo que puntualizó la importancia de buscar ayuda profesional y no “soluciones mágicas”.

“Aprovecho para saludar y agradecer a todo el equipo de salud bahiense que ha trabajado de manera denodada todo el año y especialmente en esta catástrofe”, concluyó.

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