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DE AYER A HOY

“Cuesta asumir que un político cambie de partido sin ponerse colorado”

“Billy” Sagasti tuvo un rol preponderante en los gobiernos de Cabirón y Linares. Su infancia en Suárez. El problema cardíaco que sufrió por la crisis de 2001. Y cómo rehizo su vida tras quedar viudo.

Por Leandro Grecco
Facebook: Leandro Carlos Grecco/Instagram: @leandro.grecco/Twitter: @leandrogrecco

Ya son 125 ediciones de esta sección y en esta oportunidad pondremos el foco en la vida de un hombre que desde temprana edad demostró una marcada inclinación hacia el trabajo y la dedicación. Suarense de nacimiento y bahiense por adopción, inicialmente emprendió una carrera que lo sumergió en el dinámico mundo de los negocios, cultivando habilidades que marcarían su trayectoria futura.

Su incursión en política marcó un punto de inflexión en su vida. Comenzó a desempeñarse dentro de la comuna, consolidando su compromiso con el servicio público y su habilidad para trabajar en entornos exigentes. Durante un período intermedio, asumió el rol de concejal, donde tuvo la oportunidad de abogar por las necesidades de los vecinos, aunque lo suyo era la gestión ejecutiva.

Su versatilidad se tradujo en una rica experiencia, marcada por su dedicación y contribución al desarrollo de Bahía Blanca. Se trata de Guillermo “Billy” Sagasti, cuya evolución desde los primeros años como viajante hasta su papel destacado en la política local lo reflejan como un ciudadano con una vida activa y un perfil alto, aunque hoy disfrute de las mieles de cierto ostracismo que él mismo buscó.

“Soy oriundo de Coronel Suárez, capital del polo, un deporte que en un tiempo tuvo mucho auge incluso a nivel nacional, en el que brilló Juan Carlos Harriot, recientemente fallecido y a quien tuve la dicha de conocer”, destacó Sagasti, en el comienzo de su parlamento.

Y recordó que “había estado con él hace relativamente poco tiempo porque fue compañero de escuela de mi hermano mayor que tampoco se encuentra entre nosotros. Recuerdo que lo llevé porque ya no podía manejar, a una cena de un aniversario de recibidos y en la mesa me tocó estar sentado frente a Harriot”.

“De mi niñez recuerdo que en el pueblo mi papá tenía un almacén de ramos generales muy lindo, bien puesto y en el cual jugaba en el depósito donde acopiaba las latas de masitas. Fui el menor de cuatro hermanos varones, de los cuales dos fallecieron”, explicó, entrando en confianza con este cronista.

En tal sentido, puntualizó que “el más grande se llamaba Juan Carlos, luego estaba ‘Beto’ que se hizo conocido por su desempeño en la mesa de control de las canchas de básquet, en especial en las categorías formativas y por último Vicente que fue el tercero en orden cronológico. Mi sobrino, Hernán, es quien le dio el nombre al estadio de Liniers, luego de que muriera siendo jugador de la institución”.

“En Suárez hice hasta tercer grado, después nos mudamos a Bahía Blanca porque mi papá vendió su comercio, el cual visité como viajante hasta hace nueve años. Ya en esta ciudad terminé la primaria en la Escuela Nº 6 de calle Caronti y el secundario en el Colegio Industrial de Chiclana al 900, donde hoy hay un lavadero de autos”, añadió “Billy”.

Soplaban vientos de cambio en su familia: “Inmediatamente, mi padre se convirtió en el socio de su cuñado que era el dueño de un conocido mayorista llamado Alco A. Laemmle y Cía. Allí empecé a trabajar cuando tenía tan solo 17 años, abandonando los estudios en cuarto año”.

“Al momento de cumplir los 18 obtuve la licencia de conducir y ya empecé a trabajar como viajante, asociando la ruta con una inolvidable porción de mi historia personal si se tiene en cuenta que recorrí toda la región aledaña a Bahía Blanca”, esgrimió, mientras buscaba un punto fijo para posar su mirada.

Y prosiguió con la crónica: “Cuando cerró la empresa para la que trabajaba, me incorporé a Koreck, cuyo titular era uno de mis tíos, para desempeñar una función similar a la que venía realizando hasta entonces, luego me alejé por espacio de un mes hasta que me volvieron a llamar”.

“Me pidió que ponga las condiciones y logramos hacer un acuerdo, me suministraron un Renault 12 que para aquel entonces era un vehículo de primera gama. Transcurrió el tiempo hasta que mi hermano ‘Beto’ decide abrirse y por mi parte decido acompañarlo, dejando varias representaciones que tenía”, reflexionó Sagasti.

Sobrevolando su historia personal, trajo a colación que “a fines de la década del 70, ambos habíamos logrado establecernos en lo que fue Sagasti Hermanos, en Zelarrayán al 500 le alquilamos el terreno lindero a mi mamá que nos malcriaba bastante (risas). El negocio funcionaba, luego llegó la vuelta a la democracia y eran tiempos en los que venía mucha gente”.

“Debo haber afiliado al partido radical a unas 300 personas, habiendo sido desde mis comienzos en la vida cívica un integrante activo de la Juventud Radical. Ya con la asunción de Raúl Alfonsín en la presidencia tuve una participación muy activa en el Comité local”, reflejó, promediando la charla.

Una determinación le iba a cambiar su nivel de exposición: “En 1985 me ofrecieron ser candidato a concejal y no acepté. Un año más tarde vino (Juan Carlos) Cabirón al negocio y me dijo que me necesitaba de Secretario Privado, intentó convencerme asegurando que era un trabajo sencillo, con el que iba a tener las tardes libres para seguir con el negocio”.

“Acepté el desafío y al poco tiempo noté que me demanda más tiempo del que se suponía, abandoné lentamente mi trabajo dentro del ámbito privado. La empresa se nos empezó a ir por completo de las manos y terminamos fundidos económicamente”, evocó, con cierta nostalgia.

Sin embargo admitió que “no me arrepiento de aquella elección de vida, la disfruté, tenía a mi cargo el manejo de la agenda del Intendente, oficiaba de filtro que resolvía los problemas antes de que lleguen a sus manos. Con Cabirón estuve hasta el último día de su mandato como jefe comunal”.

“Luego asumí como concejal, un cargo que no me gustó para nada. Tal es así que estuve a punto de renunciar y si eso no ocurrió fue porque Raúl Woscoff me retenía para no terminar dimitiendo antes de tiempo, aunque casi que padecí ese rol, porque lo mío era lo ejecutivo”, confesó en referencia a una experiencia que no disfrutó como suponía al comienzo.

Tras cartón, dijo que “a mi me complacía más la gestión, por lo que después de los cuatro años en la banca, Jaime (Linares) me ofrece la secretaría privada y es ahí donde, en 1995, volví al municipio y permanecí hasta 2003 cuando cambió el color político en Alsina 65”.

“Tengo que decir sin temor a equivocarme que, tanto Cabirón como Linares, fueron seres magníficos, dos personas comunes que tenían a su cargo la intendencia. No hacían locuras ni andaban en cosas raras. Atributos muy destacables para un político, en especial en los tiempos que corren”, evocó “Billy”.

Su labor coincidió con episodios de alto impacto negativo: “Me tocó vivir la hiperinflación de 1989 y la crisis de 2001, ambos episodios muy bravos, donde hubo que pelearla y asistir a mucha gente. Era clave adelantarse a la demanda, en mi caso hablaba con la Cooperativa Obrera y mayoristas para que te adelanten la entrega de mercadería”.

“También era primordial llamar insistentemente por teléfono a Nación y Provincia para conseguir partidas de dinero. Ir a la Gobernación en La Plata a pelear por la ciudad era tremendo por el nivel de burocracia y la mala atención”, lanzó Sagasti a modo de crítica.

Y siguió enumerando: “Lo mismo me pasaba con las Cámaras de Diputados y Senadores bonaerenses. Te hacían sentir que eras un número y que estabas a casi 700 kilómetros del poder real, en especial en los momentos de mayor crisis”.

“La caída de De la Rúa la sentí como más complicada respecto de lo que pasó al cierre del gobierno de Alfonsín, me involucré mucho a punto tal que en ese trayecto tuve un problema cardíaco por el cual estuve internado y que puedo atribuir a la tensión que se vivía por entonces”, contó, sobre el epílogo de la conversación.

Para ejemplificar el clima de tensión, trajo a la luz una anécdota: “Venía permanentemente la Uocra y te tomaba la Municipalidad haciendo escuchar su voz, con el reclamo con bombos y banderas, hasta que un día hablé por teléfono para que por favor depongan la postura y accedan a abrir un canal de diálogo más civilizado”.

“Al día siguiente de esa comunicación se volvieron a presentar sin intenciones de conversar y cuando salí de mi despacho casi termino a los golpes con su titular por entonces, Filiberto Vallejos, el cual luego, cuando se calmaron las aguas, tuvo un buen recuerdo mío porque se encontró con uno de mis hermanos y solían hablar de aquellos episodios”, describió el protagonista de esta sección.

Después tomó un rumbo sustentado en el sosiego: “En 2003 me retiré de la función pública, más allá de que seguí en política pero ya sin las expectativas de ocupar cargos. Fue allí que me jubilé y al poco tiempo, más precisamente en 2006, me quedé viudo y centré toda mi atención en mi trabajo como viajante”.

“Esa actividad la había reanudado después de mi paso por el municipio, tomando algunas representaciones que me dieron dos de mis hermanos. Debo admitir que me fue muy bien en ese lapso hasta 2014 cuando cerré mi etapa laboral de forma definitiva”, recalcó.

Consultado sobre cómo ve la ciudad, consideró que “la gestión de (Héctor) Gay le prestó poca atención a lo que Jaime (Linares) tenía como prioridad, que era hacer de la ciudad un lugar vivible. Un ejemplo es la placita de calle Moreno cuando se cayó una pérgola y decidieron derribar todas las que estaban en pie en vez de hacerlas nuevas. Eso fue algo que me volvió loco”.

“Hoy estoy abocado a disfrutar, salgo con mi compañera de vida desde hace hace unos 10 años residiendo cada cual en su casa y logré tener una hermosa afinidad con sus dos hijos, a punto tal que la acompañamos en la UNS a lo que fue su reconocimiento por sus 50 años como odontóloga”, sostuvo con orgullo.

Y sumó: “En paralelo, disfruto de ser padre y abuelo. Mis hijos viven ambos en Bahía Blanca, uno de ellos, Juan, que vivió muchos años afuera, y se afincó en la ciudad en la que nació. El otro es Agustín, periodista al que la gente conoce del noticiero de El Nueve Bahía”.

“De un tiempo a esta parte voy poco al Comité Radical; considero que todo ha cambiado, se ha perdido la previsibilidad y me cuesta aceptarlo porque hoy los políticos se cambian de partido sin ponerse colorados. Eso es algo que no me identifica para nada”, reflejó

“Sigo siendo un dirigente de los de antes, amigo de Federico Storani, con el cual hablo periódicamente y a quien en esta última elección no acompañé porque pedía que se vote a Massa. Sin embargo, eso no resintió para nada nuestra relación. Lo que sí tengo claro es que mi etapa en la política está absolutamente terminada”, reflejó Sagasti.

“Billy” es una persona querible, disfruta de las pequeñas cosas de la vida. Con su lucidez se convierte en una fuente de consulta casi permanente para los jóvenes que se inician en el mundo de la política. Conoce los dos lados del mostrador, porque si bien aportó su tiempo a la función pública, también le entregó esmero y dedicación a la actividad privada. Por eso su opinión es más que válida.

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