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informe especial

Son bahienses y la crisis los empujó a instalarse en un paraíso italiano

Natalia Fucini y Guillermo Avila vendieron su terreno, un auto, ropa, vajilla y hasta zapatos; armaron sus valijas y partieron a Montelupo Fiorentino, Italia. “Buscamos el futuro que un siglo antes encontró mi tatarabuelo en la Argentina”, dijo ella.

Por Cecilia Corradetti – Especial para La Brújula 24 – [email protected]

La historia de los bahienses Natalia Elizabeth Fucini (36) y Guillermo Ávila (37), que están juntos hace 20 años, representa la radiografía típica de lo que sucede hoy con miles de jóvenes argentinos que, empujados por la crisis económica y la incertidumbre que se acentuó con la pandemia, deciden emigrar hacia otro lugar del mundo.

El desencanto frente a un futuro impreciso en su Bahía Blanca natal y en un país al que no le ven futuro, llevó a esta profesora de inglés egresada del Instituto Juan XXIII y a su esposo, empleado del Hospital de la Asociación Médica (HAM) a pensar en la posibilidad de radicarse en el pueblo de los ancestros de Natalia, Montelupo Fiorentino, de apenas 14 mil habitantes, situado a pocos kilómetros de Florencia, Italia, casi al borde del río Arno.

Recién llegada a Italia (se mudó hace menos de 10 días y por ahora está instalada en un hotel) reflexionó, en diálogo con La Brújula 24, sobre el panorama que la impulsó a partir hacia la “Tierra Prometida” casi de la misma manera en que un siglo atrás lo hizo su tatarabuelo hacia la Argentina, país donde iba a sentar las bases de su familia y de su trabajo.

“No puedo hablar de desempleo porque no lo he padecido, aunque en la época más estricta de la pandemia mi trabajo con las clases particulares se vio fuertemente afectado. Si bien muchos profesores de inglés trasladamos la práctica al mundo online, no todos los chicos se adaptaron”, recordó.

— ¿Cómo empieza a gestarse la idea de emigrar?

— La idea en un principio surgió por el desencanto frente a la situación de los últimos años de nuestro país. Lamentablemente se nos hacía muy difícil sobrellevar el día a día en medio de una sensación constante de ir corriendo “detrás de la zanahoria”, cada progreso cuesta más de lo que se disfruta. Además de todo eso, nuestra personalidad particularmente nos hizo terminar de definir la idea de irnos y encontrar un lugar donde nos encontremos más a gusto.

— ¿Cómo se deciden por este paraíso cercano a Florencia?

— Soy descendiente de un inmigrante italiano, mi tatarabuelo era de esa zona, así que decidimos irnos cerca de mis raíces, para conocer más a fondo la historia de mi familia. Además, investigando un poco sobre el lugar, vimos que el clima es agradable y la geografía en general es bastante pintoresca, lo que nos ayudó a terminar de decidirnos por ese sitio. Hay muchos pueblitos hermosos alrededor, y una ciudad como Florencia llena de historia, donde se gestó gran parte de los hechos que hoy conocemos y los descubrimientos que aún hoy estudiamos.

— ¿Cómo piensan sobrevivir hasta encontrar un trabajo?

— No tenemos ninguna idea concreta, tal vez pienso trabajar como profesora de inglés, pero no es seguro. No tengo problema en dedicarme a lo que haga falta para pagar las cuentas y salir a flote. Por este lado del globo hay mucho trabajo disponible que a veces los jóvenes no quieren hacer y, como sucede en muchos lugares, los inmigrantes estamos dispuestos a hacer lo que sea para poder subsistir.

— ¿Hoy estás sola allá?

— Mi marido y nuestras tres mascotas, un perrito pequeño Oddie y dos gatas, Penny y Syrah, viajarán en estos días, cuando tengamos un lugar donde poder hospedarlos. Decidir este cronograma y esta logística no resultó fácil. La familia que queda fue un tema y estar en este lugar iniciando una nueva vida es agridulce porque las novedades se comparten a la distancia. De todos modos, fue la única manera que encontramos. Otro aspecto saliente de esta población, que no estamos muy acostumbrados en la Argentina, es la tenencia responsable de mascotas. Acá no hay un solo perro suelto, y menos callejeros.

— Tomaron una decisión que muchos quisieran ¿Qué podés señalar?

— A lo largo de todo este proceso muchos amigos y familiares usaron la palabra “coraje” y “valentía” para describir nuestra decisión. Nosotros vendimos todo: un terreno donde iba a estar nuestro hogar, nuestro auto que compramos con mucho sacrificio, todos nuestros muebles y electrodomésticos, ropa y zapatos. Todas nuestras pertenencias caben en una valija mediana junto con una mochila cada uno.

— ¿Fue coraje, entonces?

— No lo sé, creo que hizo falta reconvertirnos y aprender a despegarnos de lo material. Creo que los argentinos en general somos muy apegados a nuestras pertenencias y también de nuestras familias y amigos y esto hace que no podamos salir de lugares de incomodidad y nos impide salir al mundo. En definitiva, salir a encontrarnos con el lugar que uno sueña.

— Como descendiente de inmigrantes italianos cómo ves la ironía de que hoy la crisis empuje a los jóvenes al lugar de origen de los antepasados”

— Creo que el mismo motor que me lleva a salir de mi situación actual debe haber llevado a mi tatarabuelo a buscar un futuro mejor para él y los suyos. No indagué mucho sobre el motivo de su partida a Sudamérica, pero sin duda buscaba un futuro mejor. Personalmente no lo vivo como una ironía, es simplemente ser coherente con el hecho de no sentirme a gusto con mi vida en Argentina, sentir que la idiosincrasia no combina con nuestra forma de vivir, y como broche, la sensación de inseguridad e inestabilidad económica y social que nos ayudaron a dar el último empujón hacia la aventura.

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