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Por Florencia Hermosa

El “Día contra la Trata” es todos los días

Por Florencia Hermosa, licenciada e integrante de la Asociación Bahía Contra la Trata

Desde 1999, todos los 23 de Septiembre se conmemora el Día Internacional Contra la Explotación Sexual y la Trata de Personas, ya que ese mismo día, pero del año 1913, se promulgó en nuestro país la primera norma legal contra la prostitución forzada y el proxenetismo. Con la ley nº 9.143, conocida como “Ley Palacios”, Argentina fue pionera en dejar de lado la visión higienista que se solía promover al combatir la prostitución, para comenzar a utilizar como argumento la erradicación de la explotación de mujeres y niñxs, dejando plasmada una posición abolicionista sobre el asunto.

Hoy, luego de 108 años, la prostitución sigue siendo ubicada dentro de esa categoría de fenómenos sociales, que aunque nos los topemos a la vuelta de la esquina, resultan tan complejos que los cubrimos con un manto de indiferencia hasta llegar al punto de naturalizarlos sin cuestionamientos. Y es que sí, la prostitución es compleja porque tiene que ver con la ética, con la moral, con la sexualidad, con la construcción social del deseo y del amor; con las migraciones globales (particularmente las femeninas), con la pobreza, con el patriarcado y su distribución de roles sociales y sexuales, con la desigualdad en las relaciones de poder y de trabajo y con los nuevos vicios de la sociedad de consumo con respecto al ocio y la necesidad de satisfacción inmediata. 

Es bien sabido que existen posturas dicotómicas en relación a la concepción de la prostitución y lo que quizás genera mayor controversia es que dentro del movimiento feminista, el abolicionismo y el regulacionismo se han convertido en dos extremos de una polarización cada vez mayor, donde a veces parece no existir puntos en común que permitan el dialogo y la búsqueda de consenso.

Quienes mantenemos una postura abolicionista nos esforzamos por visibilizar que el oponernos a la prostitución como institución no significa tener una mirada tradicionalista ni “moralista” con respecto al ejercicio de la sexualidad. Sin embargo, al ser conscientes de que nos encontramos inmersos en una sociedad donde la ideología sexual patriarcal es uno de los pilares de la desigualdad de género, consideramos que el hecho de que los hombres compren sexo a las mujeres, es una de las acciones que más refuerza, sostiene, legitima y realimenta el orden hegemónico y la jerarquización. Es importante que cada lector/rx tenga en claro que abolicionismo no es prohibicionismo. Ya que mientras este último modelo teórico y jurídico considera a la prostitución como algo moralmente inaceptable, y juzga fuertemente a las mujeres que la ejercen, el abolicionismo no busca bajo ningún punto de vista la estigmatización de éstas mujeres y mucho menos su persecución o penalización; por el contrario, tiene el firme objetivo de mejorar su calidad de vida.

Sin dudas lo que debemos tener en claro es que ninguna mirada simplificadora del asunto puede hacernos arribar a soluciones eficaces ni superadoras. En un mundo tan polarizado y enfrentado deberíamos recordar que más allá de las banderas que enarbolamos, el fin último siempre debería ser alcanzar el bienestar de la mayor cantidad de personas posibles, principalmente de aquellas en situaciones de mayor vulnerabilidad. Ojalá logremos como sociedad asumir el compromiso de buscar a través de una mirada empática, tan necesaria en estos tiempos que corren, un consenso constructivo.

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