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DE AYER A HOY

María Palma, Raúl y la pasión que los convirtió en las voces de la ciudad

Lejos de los medios, Nazzaro y Degásperi se animaron a sobrevolar por sus comienzos. El largo camino recorrido. Y anécdotas imperdibles de una de las parejas más queridas por los fieles oyentes de Bahía.

Por Leandro Grecco, redacción La Brújula 24
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El sentido del oído permite captar sonidos que se producen en el ambiente, capacidad fundamental para ubicarnos y para poder actuar en consecuencia. Además, se trata de un elemento necesario en la comunicación humana y en la producción del lenguaje. Ejercitarlo depende de cada uno de los seres humanos y los estímulos que provienen del exterior se transforman en su razón de existir.

Los medios de comunicación, en particular la radio, aportan un esquema propicio para quienes disfrutan de vivir sensaciones únicas. En Bahía Blanca, son pocas las voces que se instalaron en el imaginario colectivo de los oyentes. Y más curioso resulta aún cuando dos de ellas conforman un matrimonio y proyecto de familia que trasciende al paso del tiempo, como el legado que dejaron después que el retiro los llamó a silencio.

En esta oportunidad, La Brújula 24 compartió un ameno momento con María Palma Nazzaro y Raúl Degásperi, quienes realizaron un viaje imaginario por sus inicios, el extenso recorrido plagado de éxitos que los convirtió con el inexorable paso del tiempo en una marca registrada por presencia y calidez vocal. Desde su casa del barrio La Falda y con más energía que nunca, se animaron a desentrañar el camino que los llevó a un presente de disfrute y satisfacción, lejos de los micrófonos y auriculares. Paradoja del destino, justo el día del locutor.

Los comienzos, en uno de los estudios de LU2.

“Durante seis años coincidimos como empleados de LU2 pero ni siquiera nos cruzábamos porque estábamos en diferentes turnos. Un entredicho entre ambos ocurrido un sábado haciendo aire para un mismo programa desencadenó en que hoy estemos juntos”, rompió el hielo María Palma, con una sonrisa cómplice, mientras su mirada buscaba a la de su compañero de buena parte de su vida, que la escuchaba atentamente en la misma mesa en la que se gestó esta entrevista con dos próceres que, entre tantos, éxitos, marcaron una época en los veranos con la emisión del mítico “La Sombrilla”.

“Después de ese episodio, me fui muy enojada, más allá de que hasta ahí no había nada entre nosotros. Luego viene la fecha de su cumpleaños y, como compartíamos taquilla, otro compañero de ambos me pidió si le podía dejar un saludo escrito. Y como yo nunca me había peleado con nadie, le puse ‘que tengas un muy feliz cumpleaños, todo bien’. Cuando llegué al sábado siguiente, lo saludé con un beso y luego le dí otro. A partir de allí, no me lo saqué más de encima”, rememoró ella, transformando aquella primera mueca en una carcajada, mientras Raúl explicaba que en aquel entonces se habían formado varias parejas tanto en la emisora como en la radio.

La génesis de una carrera de dos locutores de raza.

En ese contexto y rebobinando unos años en el tiempo, Mari desentrañó su infancia: “En 1952 llegué con mi mamá a Córdoba desde Italia, donde nací, y la primera radio que tuvo mi familia fue comprada dos años más tarde. Me acuerdo que cruzaba a la vereda de enfrente a la casa de la vecina a escuchar. Cuando ella quedó embarazada de mí, al muy poquito tiempo mi papá vino a Argentina por un cúmulo de situaciones. Pasaron tres años y medio para que nosotras podamos dejar Europa y, por ende, que yo conozca a mi padre”.

“Él veía que mi mamá estaba cómoda allá y llegó un momento en el que dijo que no volvía a Italia. Y mi abuela le expresó con todo el dolor del alma que tenía que seguirlo, que como se había casado, debía estar con él. Entonces nos subimos a un barco y vinimos al país. La escuela primaria la hice en Córdoba, salvo el último año que lo cursé en Bahía Blanca, donde vivía uno de mis tíos”, sostuvo, al tiempo que añadió: “Nos instalamos en la ciudad en 1960. Compramos una radio y escuchaba publicidades. Con apenas diez años planchaba los guardapolvos y cocinaba. En ese entonces empezaba a memorizar las propagandas. Lavaba los pisos calcáreos recitando los avisos comerciales de memoria. Con mi hermano tomábamos dos latitas de salsa de tomates y leíamos la revista Radiolandia como si estuviéramos en una emisora”.

Nazzaro, Degásperi y, entre otros, el actual intendente Gay.

No obstante, nada fue sencillo para ella: “Yo tenía muy clara mi vocación, pero sabía que nadie me podía presentar en la radio. Después del tercer año de la Escuela del Ciclo Básico, me recibí de maestra, no ejercí nunca y empecé a estudiar para contadora pública en la UNS, a la espera de un llamado para un concurso en la radio de locutores que, finalmente, llegó. Me anoté para rendir. Solo me había sentado una o dos veces en la fonoplatea y en una ocasión había ido a ver la radionovela de Javier Rizzo. Éramos más de 200 y quedamos solo tres”.

Luego fue el turno de Degásperi, quien hizo un somero resumen de su niñez, cuando de a poco fue forjando su porvenir: “Nací en Bahía Blanca y permanecí hasta los siete años acá, hasta que me mudé a Punta Alta porque mi viejo había comprado una heladería allá. Cursé la primaria en la Escuela Nº1, que estaba a la vuelta de casa y luego el secundario en el Colegio Nacional, donde me recibí de perito mercantil en 1967”.

“Empecé la carrera de Contador Público en la UNS, me di cuenta de que no era mi perfil y luego me inscribí en Agronomía, que tampoco me sedujo. Mis padres hacían un esfuerzo para que yo pudiera estudiar. Salí sorteado para realizar el servicio militar y a los 18 opté por pedir una prórroga. A los 20, me fui a Colonia Sarmiento, provincia de Chubut. Hice la conscripción, nos obligaron a hacer el tramo de oficial de reserva porque era universitario. Me vine en la primera baja”, siguió con su relato, admitiendo que nada hacía pensar que su vida iba a estar ligada a la locución.

Raúl entrevistando al recordado suarense Sergio Denis.

Y prosiguió: “Cuando regresé, sin intenciones de retomar mis estudios en la UNS, mi idea era trabajar y tenía dos posibilidades: en un banco o en la radio. Primero me llaman de LU2. Osvaldo Duggan era mi tío, era el hermano de mi mamá y jefe de locutores y me comentó que podía surgir una vacante en el turno noche. Me llevó, empecé a practicar y a los tres o cuatro meses me dijo que me prepare porque iba a haber una prueba”.

“Éramos tres, uno de ellos el actual médico Carlos Koller. Una de las autoridades subió junto a mi tío y ambos, con el jefe de operadores escucharon a los candidatos. Cuando termina la evaluación, le preguntan a Duggan quién era el más apto. Él se excusó de participar de la elección y luego, apenas fui seleccionado, le explicó que habían optado por su sobrino”, ponderando la figura de quien se mantuvo al margen para evitar suspicacias, aclarando que días más tarde le salió lo del Banco Regional Sureño, que tenía una muy buena remuneración.

No obstante, Raúl recalcó: “Llegué a trabajar en ambos lugares durante dos años. De lunes a viernes en el banco y los sábados medio turno en la radio. Cuando Néstor Schapiro se fue para abrir la agencia de publicidad, me ofrecieron más horas. Me empecé a afianzar en la emisora, pese a que en la entidad financiera me desempeñaba en el sector de las cajas de seguridad, donde te imaginarás que veía de todo. Un día Carlos Bodanza (papá de quien hoy es veterinario y conductor de Mañanas de Campo en La Brújula 24) me llamó para preguntarme cómo pude haber dejado aquel empleo por uno en el que iba a trabajar todos los feriados. Le contesté que la pasión pudo más”.

Desde el balcón de un prestigioso hotel marplatense, con “Beto” Cabrera.

“Después de un tiempo de noviazgo, nos fuimos a vivir juntos a un departamento en Mitre 37, luego nos mudamos a Las Heras 1221, más cerca de donde teníamos pensado levantar nuestra residencia y a una cuadra de la casa de mi mamá”, recordó Nazzaro, al tiempo que Degásperi recordó que “Anabella nació en 1986 y si la hubiese conocido antes a ella, hubiéramos tenido más hijos juntos”.

María Palma se jubiló en 2009: “Dos años antes ya me venía preparando para ese momento, más allá de que después de pasar a retiro seguí trabajando. Lo hice desde un comienzo en la radio, luego pasé por Canal 7 y me convocaron de Canal 9 para que sea la voz de la empresa. Arreglé con Segundo Fernández y pude compatibilizar mis horarios”.

Raúl, en tanto, se acogió a los beneficios previsionales en 2016: “También hice turnos en el 9, paralelamente con mi labor en LU2. Recuerdo que para la televisión también me desempeñé en campeonatos de fútbol. La voz del locutor en TV es apoyo, la radio tiene otro tipo de dinamismo”.

Celebrando las 20 temporadas ininterrumpidas de La Sombrilla.

“Por el hecho de haber compartido profesión, cuando ella me contaba algo, sabía si darle o no la importancia porque conocía el ambiente”, sostuvo él, mientras que ella declamó que “pese a las diferencias o discusiones que podían surgir, nos bajábamos del auto, entrábamos en el estudio y se terminaba ahí. Nuestros compañeros nos hacían sentir que éramos una pareja dentro de una misma empresa, pero hacíamos la nuestra”, afirmación a la que asintió Raúl, explicando que convivieron en “un ambiente muy competitivo”.

“Somos de la generación ‘antes de Internet’, ‘después de Internet’. Las cosas que hubiéramos podido hacer si teníamos la posibilidad de contar con la telefonía celular o el Whatsapp para producir contenidos. Hoy, la noticia tiene más protagonismo que la música. Una vez me dijeron que los periodistas iban a tener más preponderancia que los locutores y me pareció una locura. El tiempo le dio la razón a esa persona”, admitió Degásperi.

Y en un rapto de sincericidio, Nazzaro confesó que “si me dan a elegir, no hubiese optado por ser conductora. Mil veces habría elegido ser locutora. Pero al momento de ver el recibo de sueldo la balanza se terminaba volcando hacia uno de los lados, por más que fueras bueno al momento de defender la publicidad. La premisa muchas veces era mantener arriba al animador, marcándole el ritmo al programa que está al aire”.

Visitando uno de los pintorescos paisajes de Italia.

Luego, llegó el tiempo de las anécdotas. Él rompió el hielo: “En una ocasión Lorenzo (Natali) que estaba en Mar del Plata grabando notas tuvo a su cargo buscar un lugar para que nosotros nos instalemos para llevar adelante una emisión de La Sombrilla. Viajamos y al llegar en horas del mediodía vimos que se trataba de una esquina donde había una estación de servicio en la zona de Constitución”.

“No faltaba tanto tiempo para salir al aire y avisamos a Bahía que iba a ser imposible llevar adelante la emisión desde allí. Contrarreloj, nos consiguieron una línea telefónica en Torreón del Monje. Parábamos dos veces en el camino, anunciábamos un tema musical y seguíamos. Lorenzo había marcado aquel lugar porque a las 20:30, cuando hacía sus notas, vio un movimiento espectacular y a la tarde no había nadie”, sentenció con alivio, trayendo al presente los nervios de aquel episodio.

De inmediato, apareció un recuerdo en la mente de ella: “Hicimos la primer transmisión de radio para Pehuen Có. La emisora ponía en el faro un transmisor para llegar Monte Hermoso. Para hacer La Sombrilla, el operador fue a un sector del hotel Cumelcan para que llegue la señal. Trabajábamos cinco minutos y cortábamos porque el transmisor se calentaba y había que enfriarlo”.

Junto al ex presidente de la Nación, Raúl Alfonsín.

La actualidad de María Palma está muy lejos de la vorágine de otros tiempos, abocada a su cargo dentro de la Asociación de la Región Campania, donde integra el comité dentro de la colectividad: “Hoy descanso y paso mucho tiempo con mi madre que no está del todo bien y vive con nosotros desde que murió mi padre. Pasamos muchísimo tiempo en Pehuen Có, donde le damos una mejor calidad de vida a ella y, por añadidura, a nosotros. Es un lugar que nos acogió de gran forma. Lo descubrí gracias a mi papá que le encantaba pescar. Empezamos a edificar y hoy tenemos nuestra segunda residencia”.

La de Raúl, también: “Mis papás dicen que me largué a caminar en Pehuen Có”, al tiempo que añade: “Durante el transcurso de estos últimos años pasamos los meses de verano allá. Ahora no soy de madrugar, soy el que sale a hacer las compras, me gusta mucho hacer actividad física. Amo el cine y consumo mucho Netflix, hago mis maratones nocturnos”.

Si aparece algo que no los compromete familiarmente, no cierran las puertas a volver a la radio. Pero quieren disfrutar de aquel sueño juntos de pasar más tiempo en uno de los destinos más pintorescos que tiene la Costa Atlántica, donde sin horarios se proponen vibrar juntos durante muchos otros veranos más, cerca del sol, la arena y el mar de la localidad balnearia por excelencia del partido de Coronel Rosales.

Con sus cuerdas vocales intactas y una modulación perfecta, el medio de comunicación con mayor capacidad de supervivencia no debería darse el lujo de prescindir de ellos, profesionales como pocos y que si bien están jubilados, en el fondo saben que algún capítulo más frente a un micrófono pueden escribir.

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