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consecuencias de la pandemia

Estudio de la UBA revela las secuelas psicológicas del coronavirus

Los resultados indicaron altos niveles de sintomatología ansiosa, depresiva y riesgo suicida en argentinos que sufrieron Covid19

La Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a través del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), presentó el informe de una encuesta denominada “Secuelas psicológicas en personas que tuvieron COVID-19”. Los resultados de la investigación indicaron altos niveles de sintomatología ansiosa, depresiva y riesgo suicida en personas que sufrieron COVID-19. Además, presentaron también mayor número de cambios negativos en la memoria y la atención.

“Hay cada vez más evidencia de que el COVID-19 puede tener efectos neurológicos al menos durante los meses siguientes a la infección. Dado que no contamos con estudios publicados sobre secuelas psicológicas del COVID-19 a la fecha, realizados en población argentina, este estudio se propone evaluar algunas de las posibles secuelas psicológicas en nuestra población”, reza el informe.

Las secuelas son alteraciones funcionales u orgánicas, con tendencia a persistir, que aparecen a raíz y como consecuencia de una enfermedad, un traumatismo o una intervención quirúrgica. En el campo psicológico, en términos generales las secuelas psicológicas o emocionales incluyen la sintomatología psicológica o mental que se presenta a partir de determinado evento estresante y/o traumático.

Las pandemias son estresores multidimensionales que afectan diversas áreas de la vida de las personas, obligándolas a un esfuerzo de adaptación mayor. Resultar infectado en este contexto constituye un desafío mayor para las personas en general. La sintomatología ansiosa, depresiva y el estrés postraumático han sido descriptos en pandemias anteriores y los trastornos de ansiedad así como la sintomatología ansiosa que no llega a conformar cuadros psicopatológicos también son de los aspectos importantes a considerar en la psicología de las pandemias.

“Si bien la ansiedad es una emoción normal frente a situaciones de peligro y en ese sentido la sintomatología observada es la reacción esperable de personas afectadas directamente por la pandemia al encontrarse infectadas, elevados niveles de ansiedad, prolongados en el tiempo, pueden precipitar el inicio de trastornos mentales. Entre los más frecuentes, pueden contarse los trastornos de ansiedad por la salud, los trastornos relacionados con traumas (particularmente los trastornos por estrés agudo y postraumático), y diferentes tipos de trastornos adaptativos”, aseguran los investigadores.

En el estudio, el 57,3% de la muestra presentó síntomas compatibles con depresión clínica, asociada a un mayor riesgo de deterioro cognitivo. “Los resultados de nuestro estudio muestran que quienes cursan la enfermedad de manera más grave, tienen después mayores problemas en el área de la memoria y la atención, lo que se ha difundido como neblina mental. En particular, los más afectados son quienes deben ser internados en las unidades de cuidados intensivos (UTI)”, explicaron.

“Además -continuaron-, según nuestros hallazgos, quienes son internados en sala con asistencia respiratoria tienen luego más problemas neurocognitivos que quienes no requieren dicha asistencia, de modo que se sugiere la posibilidad de una relación entre la gravedad de la enfermedad y la gravedad de las fallas cognitivas que persisten”.

El 93,54% de los participantes reportó experimentar malestar psicológico o problemas emocionales y diferentes maneras de afrontarlo. La mitad de los participantes informó realizar actividad deportiva para afrontar su malestar emocional o psicológico y entre estas personas se observaron menores niveles de sintomatología ansiosa. En este sentido, los hallazgos confirman la necesidad de estrategias de salud que promuevan la actividad física que no conlleve riesgos infectológicos.

La capacidad de atención empeoró según lo percibieron 46 de cada 100 participantes de este estudio y la memoria también lo hizo según 43 de cada 100 participantes. En relación al deterioro neurocognitivo, futuras investigaciones deberán explorar el rendimiento cognitivo de las personas recuperadas de COVID-19 con instrumentos de evaluación objetiva, ya que, por razones metodológicas, en el presente estudio se incluyeron solamente instrumentos subjetivos, es decir, donde la persona evalúa su propia capacidad de memoria o atención.

Fuente: Infobae


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