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DE AYER A HOY

Los días de Cabirón, una leyenda viviente de la política bahiense

En esta sección, La Brújula 24 refleja el presente de personalidades bahienses trascendentes del pasado. Hoy, el exintendente que se reparte entre la familia y la pasión que lo llevó a ocupar altos cargos en gestión pública.

Por Leandro Grecco, redacción La Brújula 24
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Mencionar a Juan Carlos Cabirón para los bahienses que tienen más de 40 años de edad remite inexorablemente a los albores del regreso de la democracia, cuando en 1983 asumió la intendencia de la ciudad, cargo que ostentó hasta 1991, momento en el que le entregó el sillón de Bordeu a su correligionario Jaime Linares.

Cultor de un perfil bajo, su impronta se asocia con la sobriedad de su gestión municipal, siempre en busca de consensos. Un dirigente de otra época que hizo de la política un culto para inspirar a futuras generaciones que continúan con su legado, pese al deterioro que sufrió con el paso del tiempo la Unión Cívica Radical y del cual busca recuperarse.

Cabirón, estrechando la mano del bahiense ganador del Premio Nobel, César Milstein.

Hoy, La Brújula 24 te acerca una nueva sección en la que distintas personalidades que dejaron una huella en la ciudad en distintos momentos de su historia revelan su presente exhibiendo cómo transcurren sus días, alejados de las grandes luces que tiempo atrás los ubicaban en el centro de la escena, pretendiendo alcanzar la fibra más íntima, incluso del lector.

La tarde del viernes 7 de mayo, Cabirón le abrió las puertas de su casa del barrio Pedro Pico a la redacción de este diario digital, mientras tomaba un café y observaba antiguas fotografías de un pasado que lo tenía en el centro de la escena, incluso a nivel nacional, como el primer intendente desde el regreso de la democracia. Nostálgico, repasaba cada imagen y se detenía al reconocer a cada uno de los que posaban junto a él.

El exintendente, a la derecha del maestro de ballet argentino, Julio Bocca.

Con la relativa tranquilidad que le brinda el hecho de haber recibido las dos dosis de la vacuna contra el coronavirus, el otrora jefe comunal bahiense no deja de cuidarse y pasa mucho tiempo en su domicilio, donde cuenta con un amplio patio y un palomar, al que ya no le presta tanta atención como tiempo atrás, un pasatiempo que surgió en la década del 70, cuando vivía en la primera cuadra de calle Fitz Roy.

“Me levanto temprano. Es un hábito que me quedó de mis épocas más activas, aunque hoy mis actividades no lo requieran”, menciona, en un sector del living donde abundan imágenes vinculadas con su vida política, mientras observa el tapabocas que tiene estampada la sigla U.C.R. y ante la atenta y cariñosa mirada de su única hija mujer, Silvina, actual concejal y flamante presidenta local del legendario partido.

Junto al mejor piloto argentino de automovilismo de todos los tiempos, Juan Manuel Fangio.

Tiene cinco nietos, a los cuales frecuenta de manera periódica y que lo visitan con todos los recaudos del caso a partir de la pandemia. No obstante, la charla deriva hacia tema recurrente de la actualidad de la ciudad: “Una de mis principales metas en la gestión pública fue garantizar el servicio de agua, algo indispensable y en aquel entonces se logró, pese a encontrar mucha resistencia para no alcanzar aquel objetivo”.

Sus últimas apariciones públicas se remiten al homenaje a Raúl Alfonsín que se realizó en el marco del Día de la Democracia (sobre la avenida Cabrera), además de actividades al aire libre del Comité y los actos de campaña electoral de 2019, donde incluso recibió en su propio domicilio la visita de Héctor Gay, quien lo considera un espejo en el cual reflejarse.

Gay y Cabirón: el actual y el primero desde la vuelta de la democracia.

Pese a no ser un experto en nuevas tecnologías, Cabirón se las ingenia para mantenerse vinculado con el mundo, con sus afectos. “Hablo mucho con mi amigo Eduardo Puente, quien está un poco asustado por esto que está viviendo el mundo. Me suele comentar que le genera tristeza no poder viajar para visitar a sus seres queridos”.

Conducir los destinos de Bahía durante ocho años, dejando atrás una etapa negra de la historia argentina, lo convierte a Cabirón en un testimonio vivo de un pasado en el que llevar adelante políticas desde su despacho de la primera cuadra de calle Alsina no era nada sencillo, quizás tan complejo como en la actualidad. Sin embargo, su legado es reconocido por todo el arco político. Y eso en los tiempos que corren, no es poca cosa.


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