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charla de café

Santiago recordó viejos tiempos de cancha en la previa al Superclásico

En su habitual columna de cada viernes en LA BRÚJULA 24, el prestigioso periodista Rafael Emilio Santiago palpitó con sus pinceladas cargadas de profundidad la inminencia del Superclásico que se jugará el domingo a las 18 en La Bombonera, en un contexto especial marcado por la pandemia.

Un extracto de la mesa de café con Germán Sasso

“Me resultó grato que esta semana se recuerde a Piazzola, se le dio el lugar a alguien que tiene talento y genio. Son días con hechos clásicos porque también llega el Boca-River, una grieta de la que estoy a salvo. Siempre que tuve que hacer un pronóstico de estos partidos, puse empate. A ninguno de los dos le conviene irse con la cola entre las patas. Son igualdades que no sangran a nadie. Además no juegan por nada, en un torneo que nadie entiende. Mirá lo extraño que será que vamos primeros nosotros (Estudiantes de La Plata)”.

“Se juegan el honor y la cargada. Y es muy especial lo que estamos viviendo. Un partido que por años pensábamos detenía al país, por encima de lo deportivo. Se dice que entre los dos suman el 60% de los fanáticos de la pelota. Una vez un mozo en Madrid me dijo que era del Real y de todo lo que le gane al Barcelona. Pocos se muestran indiferentes al resultado, pero la realidad actual opaca todo el resto, cuando faltan vacunas y si sobra una tiene un tinte que ni a los hermanos Grimm se les hubiese ocurrido. No hay límites para tirarse por la cabeza este tema en el que estamos hablando nada menos que de vidas humanas”.

“Los críticos deportivos siempre fuimos acusados de tener una pelota en lugar de una cabeza. No obstante, no era algo nocivo ni llegaba a tóxico porque el margen de error no pasaba de la anécdota. Que un panelista confunda un offside con un offshore no le hace daño a la gente. El primer Mundial que seguí desde casa después de haber cubierto tantos desde el lugar de los hechos escuché cosas desopilantes y absurdas. Periodistas que para colmo son enfáticos. Poco que ver con estos tiempos, donde cuesta dedicar atención a los asuntos gratamente secundarios que te ayudan a pasar la vida de una manera más grata. Porque a nadie le va a cambiar la vida ese resultado”.

“Me tocó estar presente en algunos clásicos que asomaron por sobre otros. En los primeros que vi estaba Paulo Valentim que trajo Boca, un tipo potente y goleador sin tanta técnica. En River vi a Artime (padre) al que no se le dio la preponderancia que se merecía, un jugador que si hubiese coincidido con Messi habría hecho estragos”.

“Antes alcanzaba con tomarse el tren un sábado a la noche para ir y 24 horas después para regresar desde Constitución. No pasó tanto tiempo de esto, antes de la droga y los gigantescos operativos policiales que poco sirven, cuando uno iba con su hermano y no se estilaba llevar la camiseta, cuando se hacía cola y se podía comprar un pancho sin que te bolsiquearan. Entregamos calidad de vida, cultivando la tibieza y cuando nos dimos cuenta del siga a siga, ya era tarde”.

“Hace 20 años ascendió Olimpo a Primera, debutó con Arsenal que era el Frankestein de Grondona en cancha de Lanús y éramos poquitos con la hinchada de Arsenal que si la apretás cabe en una moto. Fuimos temprano y bajamos a comprar algo para comer. Los hinchas bahienses hacían fila en el motorhome y las dos personas que lo atendían con una cuchilla estaban sorprendidos por lo civilizados para hacer la hilera y nos decían que se notaba que éramos nuevos. Al hincha lo hacen sufrir en vez de darle confort”.


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