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ENTRE BRUJAS Y DEMONIOS

Llegó a Netflix "Ofrenda a la Tormenta": el imperdible thriller que ya es tendencia mundial

La conclusión de la trilogía más ambiciosa del cine español, llega a la mayor plataforma de streaming, con un desenlace insuperable

Por Fernando Quiroga, especial para La Brújula 24

Cuando hace un tiempo, precisamente el jueves 14 de mayo, dialogamos en el aire de La Brújula 24 con Marta Etura, la protagonista de la eminente ´Trilogía del Baztán´, aún no estaba definida la fecha del estreno de la última de las películas, ´Ofrenda a la Tormenta´, porque en el marco de la pandemia era muy difícil saber cómo y de qué manera iba a llevarse a los cines. De hecho, el pasado 27 de marzo, iba a ser la fecha del estreno europeo, mientras que días después desembarcase en la Argentina. Frente a la imposibilidad de abrir las salas, aconteció un esperable milagro propio de la era de las plataformas virtuales: Antes de ayer, viernes 24 de julio, se estrenó directamente en Netflix.

El filme (que ya es tendencia en nuestro país) sucede a ´El Guardián Invisible´ y a la taquillera ´Legado en los huesos´. En esta última entrega, volveremos a ver a la Inspectora Amaia Salazar (interpretada magistralmente por Etura), llevando sobre sus hombros la investigación que intentará cerrar, definitivamente, los siniestros sucesos que parecen asolar al valle del Baztan. Un puente entre la polifacética mitología vasca y asesinatos de niños con el posterior robo de cuerpos; un equipo de policías incondicional, y un magistrado misterioso y omnipresente, el Juez Javier Markina (encarnado por nuestro coterráneo Leo Sbaraglia), son engranajes fundamentales de una pieza cinematográfica única y exquisita que, por momentos desafía al espectador en sus cánones morales, movilizando y conmoviendo.

Te aclaramos que en éste artículo no vas a encontrar spoilers, pero sí puede haber consideraciones puntuales de las dos películas anteriores. Si no las viste, no sigas adelante con la lectura. Sin embargo, si ya arribaste al mundo de silencios, postergaciones y pesadillas de Amaia Salazar, este texto puede llegar a ser la llave que abra los portales que esperás.

La sacralidad cotidiana se expresa libremente en cada tramo de la tira. Abstracciones como la abnegación y el honor, definen a Amaia y a su equipo de policías e investigadores; sembrando esperanza donde jamás la habría: en el entubado interminable de conspiración y locura.

La valoración de thriller sería algo incompleta, es mucho más; consecuente a sus dos precuelas, ´Ofrenda a la Tormenta´, nos lleva, como diría Poe, a una aurora de destino tormentoso. El mal, se vislumbra grande, pero a la vez cercano, en una urdimbre íntima. Toda muerte, al ser espeluznante, se cristaliza en un camino iniciático; en el que transitamos irremediablemente cada uno de los espectadores, hacia un inesperado desenlace.

La protagonista, vive una especie de ciclo prometeico, donde cada día se renuevan sus padecimientos. La realidad conspira entre lo inexplicable y lo explícitamente oculto, y en el medio Amaia; medida y virginal, escudera y cautiva, por momentos rehén con placa de un sistema que parece haberse salido completamente de control. Cada paso, cada jornada de dolor sorpresivo, ofrece una revelación; y a mayor pérdida, mayor es la pista hacia la redención final.

Con un alto contenido literario (tal vez rayando lo épico), hay muertes que borgeanamente solo ocurren para propender a un bien mayor. Tal vez, para ser pronunciada una frase, haga falta un sacrificio; una abominación del anatema para lograr más luz en la tiniebla. Saber la verdad, si bien es necesario y sanador, solo cobra verdadero sentido cuando su conciencia final apela a un cambio favorable. Terrible será, siente Amaia, un triunfo sin calidez, una salvación sin destino.

Ella, sensible en su esencia, es una roca inmutable que se enfrenta fuertemente a sí misma, para no claudicar; una lucha en espejo que, no arbitrariamente, evoca la cercanía con su gemela muerta.

Para acceder a un estado de extrema revelación, a un nirvana de certidumbres, debe enfrentar lo más oscuro y lo más profundo de su dolor por sobre la monstruosidad ajena.

Ya de por sí las relaciones humanas son complicadas, como para que además de eso estén transversalizadas por males mayores. La vida cotidiana (ese otro gran flagelo para quien posee la carga de atesorar un destino sagrado) también atenta contra la inspectora.

En cada situación de conflicto, como en cada punto de giro del guion, la tensión llega a operar en un grado muy alto, pero a la vez sin ser asfixiante; como si de alguna manera los realizadores dosificaran esplendorosamente el martirio; una clara evocación a las figuras siniestras que, a modo de teatro de sombras, acarician la trama detrás de las telas de la conciencia.

Es propicia la apelación al mito de Inguma. En el panteón vasco, es una deidad femenina y aniñada que ahoga a las personas mientras duermen. La película deja claro que en pleno siglo XXI, hay devotos de tal atrocidad, por eso tal vez, nunca los miedos primarios estuvieron tan explícitos como en ésta parte final. Y no es menor considerar esta terrible barbarie como denuncia: simbólicamente, matar en el contexto del sueño, va mucho más allá de la siniestra trama de propender el mal a alguien en extremo estado de indefensión. Este giro en el texto original de Dolores Redondo, ya urticante de por sí, va de la mano con la oscuridad de la imagen materna, eje de la situación personal de Amaia, y uno de los vectores más fuertes en la línea argumental de la trilogía.

Los antiguos demiurgos sostenían que para ejercer la sagrada maternidad hacía falta dejar de ser hija. Amaia, en algún punto de su desesperada carrera por la emancipación del pasado, aún no logra ésta realidad. Envalentonada, y tras una firme construcción superyoica, no puede dejar de sufrir por el dolor ante la ausencia del amor materno: una ilegitimidad que la pone a prueba a ella, a su vez, como madre. Sabiéndose no responsable de las aberraciones asesinas de la terrible Amá, igual eslabona en su alma cada culpa monstruosa.

´Ofrenda a la Tormenta´, fue rodada en los paisajes mitológicos del norte español, espacios tan antiguos como el tiempo; bosques interminables en leyendas oscuras, que imponen la constante presunción de que el enemigo se instala en la otredad más cercana.

De la misma forma que en las dos películas anteriores, la dirección (minuciosa, impecable y aguerrida con el espectador), está a cargo de Fernando González Molina. Aplausos para él.

La fotografía, la construcción estética, la velocidad de los travels, la composición de ciertas imágenes (para nada libradas al azar) de la estética narrativa del guion de Luiso Berdejo, colocan a la película en una escala audiovisual superior, emparentándola al cine arte de antaño.

El gran Michael Kamen había dicho una vez que, al componer una banda de sonido original, su música está al servicio absoluto de la imagen; jamás condicionando a ésta, embelleciéndola, abrazándola, arrullándola. Fernando Velásquez, con una sutileza que abruma, logra esta pericia con creces.

Marta Etura y Leonardo Sbaraglia, se muestran con la sinceridad de quienes han capitulado ante una emoción sin vuelta. Sus actuaciones son formidables. Son dueños de silencios inigualables; de comunicaciones medidas y definitorias que logran, incluso, repensar el amor en sendas faces inadmisibles, aún frente a la más recóndita intimidad de nosotros mismos.

Completan el staff Imanol Arias, Francesc Orella (el querido Merlí), Paco Tous (Moscú en La casa de Papel), Carlos Librado “Nene”, Susi Sánchez, Álvaro Cervantes, Elvira Mínguez, Itziar Aizpuru, Benn Northover, Patricia López, Pedro Casablanc, Eduardo Rosa, Ana Wagener y Marta Larralde.

Es imposible no sumergirse en la película con un profundo grado de empatía hacia la contención, y lo legitimo de la búsqueda de la libertad. Sobre todo, porque al verla, la conciencia llama a enfrentarnos con verdades en extremo incómodas pero definitorias.

Hacer el amor con el mal es, a veces, inevitable pero necesario. A las brujas y al demonio, no se los pueden matar con balas.

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