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obras

Firman convenio para construir un paso peatonal entre Fuerte Argentino y Palihue

El intendente Héctor Gay firmó un acta acuerdo con el rector de la Universidad Nacional del Sur, Daniel Vega.

El intendente Héctor Gay firmó un acta acuerdo con el rector de la Universidad Nacional del Sur, Daniel Vega, para la ejecución del paso peatonal que unirá calle Fuerte Argentino y Cerrito.

Este proyecto da respuesta a un reclamo histórico de la comunidad universitaria. Según exclamó el jefe comunal, "hace tiempo que venimos trabajando con las autoridades de la universidad y coincidíamos en la necesidad de dar curso a este pedido".

En cuanto a la financiación de los trabajos, que demandarán una inversión aproximada de un millón 100 mil pesos, Gay adelantó que será solventada en conjunto, "un 60% por el Municipio y un 40% por la UNS".

"Contará con iluminación y tendrá una senda peatonal que estará a nivel para que los alumnos puedan hacer el recorrido sin ningún tipo de complicaciones", agregó.

El diseño incluye laberintos para circulación de peatones en el sector de vías, construcción de alcantarilla, alambrado y señalización.

Tucumán

Una sobrina del senador José Alperovich lo denunció por abuso sexual

"Al monstruo hay que ponerle nombre y apellido", dijo la mujer de 29 años que se desempeñaba como secretaria durante la campaña para gobernador.

Una sobrina de José Alperovich denunció a su tío por abuso sexual. La mujer, de 29 años, trabajó junto al actual senador en la campaña para gobernador, candidatura que finalmente perdió contra Juan Manzur​.

La denuncia por abuso sexual fue hecha este viernes tanto en los Tribunales penales de Tucumán como en Buenos Aires, en la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM), ya que los abusos habrían ocurrido en las dos provincias.

La titular de la UFEM, Mariela Labozzetta, confirmó la denuncia y dijo que espera que un juez ordene las medidas de protección solicitadas por la joven: prohibición de acercamiento y custodia policial en su domicilio de Tucumán.

Labozzetta mandó la denuncia a la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional de la Nación para que allí vaya a sorteo y recaiga en un juez para que se haga cargo de la causa. 

Desde el entorno de la joven contaron que el primer abuso de Alperovich contra su sobrina fue a los seis días de trabajar juntos. Ella comenzó a acompañarlo en la campaña el 14 de diciembre de 2017 y el primer abuso ocurrió el 20.  

Dijeron también que la esposa de Alperovich, Beatriz Rojkés -una fonoaudióloga de 63 años que fue diputada y senadora-, nunca quiso que su marido tuviera secretaria, pero que permitió que la sobrina trabajara con él porque "era de la familia".

Esta es una carta que escribió la sobrina:

#NoNosCallamo​sMás: “Durante un año y medio, mi tío José Alperovich violentó mi integridad física, psicológica y sexual

Estoy segura que ninguna persona que haya sufrido violencia sexual quisiera estar en este lugar, desnudando la intimidad más dolorosa de su vida. Pero nos obligan a encontrar en esta manera la posibilidad de ser escuchadas. Ya no nos callamos más, pero tampoco queremos hablar por lo bajo de lo que nos pasa, de lo que sentimos, de lo que nos hicieron y de cómo hacemos para volver a la vida después de que hechos tan traumáticos nos la cambiaron para siempre.

No escribo para convencer a nadie de nada. Estoy aquí contra la opresión del silencio y por la necesidad de recuperar mi vida, de sanar llamando a las cosas como son, sin suavizarlas ni teñirlas, poniéndole al monstruo nombre y apellido. Cuando no le ponés nombre, no existe.

El mío se llama Jose Jorge Alperovich, mi tío segundo y jefe, por quién fui violentada sexual, física y psicológicamente desde diciembre del 2017 hasta mayo de 2019. Durante un año y medio sufrí violaciones a mi integridad física y sexual. El avasallamiento fue demoledor. Tanto que ni siquiera pude ponerlo en palabras. Él oscilaba libre y cómodamente en los tres escenarios ante los que me posicionaba: el familiar, el laboral y el del horror de la intimidad que me forzaba a vivir con él.

No quería que me besara. Lo hacía igual. No quería que me manoseara. Lo hacía igual. No quería que me penetrara. Lo hacía igual. Inmovilizada y paralizada, mirando las habitaciones, esperando que todo termine, que el tiempo corra. Ya saldría de ahí y estaría en mi casa, ya habría más gente alrededor, ya el disimulo y el trabajo lo iban a alejar de mi.

Ya se cansaría de mi, de que no quiera, de que sea “asexuada” como me llamaba. Pero su fijación no cesaba, durante mucho tiempo quiso más y más seguido, con más ganas, con más fuerza, con más violencia por mi resistencia.

La sensación de que nunca nadie iba a salvarme, de que no iba a haber una interrupción o algo que me sacara de esos lugares. Era expresamente su voluntad. Yo no podía salir sola del encierro porque sabía que tras la primera puerta había caseros, y policías y custodios armados. Todos sabiendo lo que estaba pasando adentro y cuidando las fronteras de él.

Estaba completamente atrapada.

Yo nunca elegí estar ahí de esa manera. Se lo decía en cada no. Pero mis no para él nunca fueron suficientes. No se trataba del ímpetu ni de la cantidad de veces que se lo decía ni de como se lo explicaba ni de como mezquinaba mi cuerpo ni de como intentaba defenderme ni si lloraba o no. Nunca en mi vida lloré tanto.

Durante todo ese tiempo no tuve ni un respiro. Trabajé sin parar, sin vacaciones, sin feriados. Solo me liberaba cuando él viajaba. Pero cuando regresaba, volvía también la pesadilla. Hasta que se detuvo, hasta que las situaciones en las que el disponía quedarse solo conmigo para tocarme y penetrarme se volvieron situaciones ya de violencia y maltrato público, delante de personas. Pero ya no más por dentro, ya no más al hueso, ya no más solos.

Pensar en quién era yo antes, sin miedo, con deseo de desarrollarme, de aprender, de vivir.

Si me conocías pensarías que era una mujer a la que jamás le podría pasar algo así. El peligro cayó sobre mí todo junto, encubierto en el afecto familiar y en la seriedad de lo laboral. Quedé atrapada y atravesada para siempre.

A mí esto me cuesta desde el día que empezó a pasar y en todos los sentidos. Solo quiero justicia. Recuperar mi vida. Tengo 29 años, soy libre, soy joven. Quiero volver a empezar poniendo cada cosa en su lugar. Responsabilidad de acciones, consecuencias para quien corresponde. Hasta ahora, sólo las cargo yo. Sacarme esta mochila que ya no puedo sostener más y entregársela a su dueño.

No miento, no busco fama. Nadie quiere hacerse famosa por contar el horror que vivió. No quiero dinero ni hay un trasfondo político detrás de mi denuncia. Soy mucho más que todo eso que se pueda especular. Esto es por mí. El motivo más importante de mi vida es mi renacimiento, mi sanación y la búsqueda de justicia. ¿Qué motivo más importante que el valor de mi propia vida puedo tener?

Estoy acá contando lo que viví por mi seguridad pero también para que otras mujeres se animen a hablar. Esto no me mató, me puedo proclamar y me puedo defender. Me puedo recuperar, me puedo cuidar, me puedo elegir. Hoy elijo no callarme nunca más. A pesar de que me decía, en pleno horror: 'cállate, ¿no ves como estoy?', para tapar todos mis no. No me callo nunca más. Este es mi nunca más. Ojalá también sea el nunca más de todas aquellas que queremos dejar de callar.

Elijo cerrar con estas palabras de Zuleika Esnal: “A las que denunciaron. A las que no. A las que pudieron salir. A las que no. A las que me escriben pidiendo que escriba. A las que me escriben pidiendo que no, que solo quieren probar qué se siente que alguien más sepa su infierno. A las todavía no. A las ahora sí. A las no puedo. A las sin nombre ni apellido. A las no pongas mi ciudad, por si me encuentra. A las mi vieja sabía y no hizo nada. A las de huesos rotos. A las que ya no están para contar su historia. A las que están acá pero no pueden contarla. A las que escriben paredes. A las que no. A las que salen a la calle. A las que no. A las que me va a sacar el nene si denuncio. A la memoria de todas. A sus mamás.

A todas las mamás. (…) A las callate y aguantá. A las no aguanto más. A las me quiero morir. A las de sexo anal para no quedar embarazada de mi viejo en sexto grado. A las viajeras que no vuelven. A las que vuelven y es un lujo. A las te escribo ahora que duerme.

A las te dejo que volvió. A las me mata si se entera. A las no sé a quién recurrir. A las te escribo porque yo no tengo a nadie”.

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la región

La Cooperativa Obrera suma una nueva sucursal en Necochea

El local permanecerá cerrado hasta mediados de enero del año próximo, mientras se realizan tareas de remodelación.

La Cooperativa Obrera sumará su tercera sucursal en la ciudad de Necochea, tras haber adquirido el supermercado CLC situado en avenida 59 y calle 44, asegurando la continuidad laboral de los 19 empleados que venían desempeñándose en el local, a quienes se le respetará la antigüedad y las condiciones de trabajo.

Por ahora, el local permanecerá cerrado hasta mediados de enero del año próximo, mientras La Coope realiza las tareas de remodelación con la finalidad de mejorar las instalaciones a los estándares de calidad y servicio requeridos por la entidad para operar sus supermercados cooperativos.

Hasta entonces, la totalidad de los colaboradores llevará a cabo tareas de capacitación y entrenamiento en las otras dos sucursales que la Cooperativa Obrera posee en Necochea, ubicadas en avenida 59 N°1.202 y en avenida 58 N°3.059.

Con la incorporación de esta nueva Sucursal, La Coope se compromete a continuar trabajando en un accionar ético, transparente y sostenible, basado en valores y principios que hacen de la solidaridad y la democracia sus pilares esenciales.

Manteniendo una genuina y profunda preocupación por satisfacer las necesidades de asociados y consumidores de Necochea y la región, y con la firme convicción de continuar acercando el servicio cooperativo a cada vez más hogares de nuestro país.

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espectáculos

Abel Pintos "la rompió" en su primer show con un repertorio sinfónico

El artista bahiense interpretó de una manera muy original sus canciones en el marco de la serie de conciertos denominada "Universo paralelo".

Abel Pintos hizo emocionar a sus fanáticos en el Movistar Arena.

Con "apenas" 35 años de vida, pero con 25 de una trayectoria que entre otros hitos incluye 11 álbumes de estudio, un par de estadios Único de La Plata y un Monumental repleto y tres premios Gardel de Oro, Abel Pintos es a esta altura una marca sobradamente acreditada en el universo de la música popular argentina. A tal punto que, si se lo propusiera, posiblemente mantendría la adhesión de buena parte de sus fans con sólo recostarse en los laureles que supo conseguir.

Sin embargo, con su flamante Universo paralelo, que tuvo su primer capítulo en la noche del jueves 21 de noviembre en el Movistar Arena, el cantante eligió esquivar una vez más ese lugar común al que llaman zona de confort, y apostó a reinventar su propio repertorio dentro de un concepto "sinfónico".

Para eso, convocó a Guillo Espel, compañero de varias aventuras previas, quien al mismo tiempo que se encargó de escribir los arreglos para los 22 temas de la lista pactada, armó una orquesta de 56 integrantes que, bajo su batuta, se encargaron de musicalizar lo que Abel definió, algo en broma algo en serio, como un tributo de sí mismo, por él mismo.

Y si bien la idea de llevar un repertorio popular al plano orquestal no es nueva, es cierto que no es tan frecuente lograr un resultado como el que alcanzó el tándem Pintos/Espel + Orquesta, absolutamente alejado de gestos efectistas, con el acento puesto en los matices y las sutilezas, y con una solidez conceptual que colmó de sentido el proyecto.

La cosa fue de mayor a menor; no por casualidad, el inicio de No me olvides, ya con Pintos en escena y tras una breve intro instrumental sobre la base de Tanto amor, fue con la guitarra eléctrica palanqueada al frente, abriendo pista para que de a poco se sumara el cuerpo orquestal.

El show de Abel Pintos en el Movistar Arena. (Ignacio Sánchez)

Inquieto, de traje violeta con una breve capa, Abel no necesitó más que de parte de ese comienzo para sintonizar a la perfección con esa maquinaria sonora conducida por Espel, y de la bella Flores en el río para afianzarla, para entones sí, despertar el primer estallido con Pájaro cantor.

Debajo, en el campo, y también en las plateas, la fiesta empezó a tomar color, en sincro con las visuales, que a lo largo de la noche le dieron la razón al anfitrión por haber confiado la puesta en escena a la canadiense Marcella Grimaux, quien se las arregló para trabajar ideas de extraordinaria simpleza en tamaño contexto.

En línea, Espel apeló a despojar su aporte de cualquier gesto de grandilocuencia o pomposidad, y a aplicar una atinada dosis de desparpajo. Por eso, la transición del aire souleado en un plan de sonido 'Motown blanco' -si es que eso puede existir- al folclórico del bloque El sabor del mar/Milagro en cruz no presenta conflicto.

El nexo, en todo caso, lo estableció Abel, quien sigue demostrando que el foclore le sienta bárbaro, sobre todo si la orquesta llega, como lo hizo en el Movistar, a la profundidad necesaria para que los violines no se empastaran en una suerte de pantano meloso. En vez de densidad, intensidad.

La misma intensidad que enmarcó la excelente versión de Cuando ya me empiece a quedar solo, que Abel hizo propia con enorme autoridad, la que también exhibió a la hora de poner en juego su destreza vocal. En ese plano, su desempeño osciló entre lo impecable y lo deslumbrante.

Tanto en el abordaje casi reflexivo de La llave como en la celebración que impuso Motivos; tanto en la épica versión de Cien años como en la intimidad de Más que mi destino, Pintos jugó el rol de maestro de ceremonia y manejó los tiempos de un pacto tácito que desde hace tiempo lleva establecido con sus seguidores.

Entonces, ya no sólo lo que bajaba desde el escenario parecía obsesivamente ensayado; sino también lo que el público entregaba desde cada rincón del estadio. Y en esa amalgama, el coro multitudinario se acopló sin problemas al cuarteto de cuerdas de Once mil, del mismo modo que con el confesionario tono de Lo que soy.

Hubo más: Libertad, Yo estuve aquí, A-Dios, con Abel una vez más ahí, en la punta de la ancha pasarela, cara a cara con su gente, a la que una vez más honró con una entrega sin reparos, metido en una construcción virtual, caminando sobre un piso intervenido por una vegetación rastrera que sólo existe en la ilusión propuesta por Grimaux.

Abel también habló, y en ese ida y vuelta con su gente invitó a "pudrir todo" con Revolución, después de una memorable versión de El adivino. En tanto, ahí arriba, Pintos fue más flaco que nunca, sus brazos y piernas parecieron desprenderse de su cuerpo y por otro rato hubo mucho más rock en él que en unos cuantos que andan por ahí y que se mancan en la intención. Por su parte, la orquesta completó el cuadro con un final de antología.

Faltó algo más. "Cuando en la música clásica el público pide un bis, la orquesta repite alguna de las piezas que ya tocó", explicó Abel, ya de remera y zapatillas, y eligió volver sobre Pájaro cantor y Como te extraño, con su coro final alla Coldplay, y el hombre con sus brazos en cruz, de frente a su público y una mezcla de emoción, agradecimiento y felicidad por saber que su Universo paralelo, desde ahora, es tan real como el otro. Y que está buenísimo.

Fuente: Clarín.

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